OPINIÓN

Carnaval en los Tiempos del Tranvía (VII). Baile de Maricones

Por: Moisés Pineda Salazar

1Con las primeras polkas y mazurkas que abrieron el baile del martes de carnaval de 1890 en el Club Barranquilla, sitio en la esquina que hace este callejón del Mercado con la calle Ancha, empezaron a terminar los tres días de permisividad y mascarada. Y con ellos la locura y la anormalidad de todas las personas.

El año pasado, al llegar el último de los tres días de licencia y de jolgorio en los que no hubo ningún acontecimiento desagradable que lamentar, fue de elogiar la conducta del joven alcalde, hoy recién casado y retirado del cargo- Señor Gabriel Martínez Aparicio- que recorría a caballo la ciudad, evitando disgustos y procurando la mayor armonía en el pueblo, para lo cual obsequió a dos danzas rivales una bandera blanca con el hermoso letrero de UNION (1), la que fue recibida con demostraciones de regocijo por la muchedumbre agradecida con un Alcalde que, además de imaginación y una cierta dosis de cinismo, probó tener tolerancia, disposición y amor por los habitantes de esta población, aunque siempre mostró animadversión contra el Empresario del tranvía que ya había empezado a tender los rieles según el contrato que Abello le había cedido.

Este año, no habiendo Conquista, nada hubo que evitar, ni banderas que entregar.

El miércoles, algunos disfraces y danzas fueron a la iglesia de San Nicolás a tomar la ceniza.

El ritual todas las veces es igual. La campana llama a los fieles.

“Los Piratas”, que son la policía carnavalera, se dirigen a buscar a “Los Indios Bravos” que amanecen en sus chozas en el Sur, por los lados de Monigote, o sea a la salida del antiguo camino de debajo de Soledad, y también por los lados de “La Caimanera”.

“Los Indios”, al ser descubiertos, siempre les hacen juego y huyen, pero son alcanzados por sus perseguidores.

Capturados, los amarran con cintas de diferentes colores para llevarlos a tomar la ceniza (2).

Ya, en el interior del templo, la palabra del padre Carlos Valiente, le recuerda a la humanidad que fue formada con el polvo de la tierra, y que a esta debe volver. Y, ¿a quién le importa?

En Barranquilla los bailes de máscaras continúan los jueves, sábados y domingos de las dos primeras semanas de la Cuaresma, y el último de estos es “El de la Piñata”.

Esta consiste en una vasija de barro cocido, forrada de papel y cintas multicolores. Está llena de dulces y con palomas blancas vivas, adentro. Los caballeros elegidos para romperla van vendados, blandiendo un palo. Al que logre despedazarla le toca ofrecer el baile de máscaras del Domingo de Resurrección (3).

Esta suerte buscada favoreció a nuestro pariente, de manera que el baile de este 2 de Abril de 1890, lo ofrece el primo Insignares y su dignísima esposa, en las instalaciones del Club Barranquilla.

No siempre ocurre que estos bailes se den con la rigurosidad del calendario pues suele pasar que las2
pestes influyan en el carnaval y en sus prórrogas como que en aquel año de 1888, cuando el último de tales bailes debió tener lugar desde el día 4 de Marzo, pero acontecimientos desgraciados que conmovieron esta ciudad, lo vinieron transfiriendo hasta el 18, que fue cuando se llevó a cabo.

Aunque la concurrencia no fue tan numerosa como en las otras ocasiones, ese baile de aquel 18 creemos que fue el que más lucido quedó; pues aunque faltó allí la animada algarabía de las máscaras, hubo en cambio esa seriedad de buen tono, característica de los bailes de rigurosa etiqueta en el que las damas que a él concurrieron, compitieron en lujo, en riqueza y elegancia

Y, hablando de damas, este año los bailes de prórrogas fueron intranquilos.

Alguien, vaya uno a saber con certeza quién, tuvo que haberle contado a Doña Magdalena las andanzas de Don Ricardo en La Casa Duica en Mamatoco.

Ella a Doña Isabel; Doña Isabel a Lola y Lola a alguna del resto de las féminas de nuestro círculo de amistades y así todos terminamos untados en el mismo barro de la aventurilla de circunstancia que un tasajo de carne fresca no pudo disipar.

No falta quien diga que fue la mujer de “El Zarco”, cuya hermana es de la familia de debajo de la escalera (4) en casa de Don Próspero Carbonell, la que inició el chisme que se regó con la velocidad de la pólvora encendida y con iguales efectos deletéreos.

Así, en “El Baile de Prórroga” del 1° de Marzo nuestras esposas y las parientes que decidieron hacer causa común con ellas, que fueron todas, se pusieron de acuerdo y decidieron no asistir.

3Puesta a consideración esta nueva circunstancia que amenazaba con dar por terminado el festejo antes de tiempo, balotas blancas y rojas metidas en una bolsa de tela, fueron definiendo el papel que cada quien tendría que asumir en el inusual sarao sin mujeres

Así que tocó a la mitad del grupo de los caballeros, unos barbados, otros bigotudos, otros gordos calvos y cejijuntos, ponernos trajes femeniles.

No quiero recordar la incomodidad que se experimenta al tener que colgarse tanto trapo, tacones, coloretes y polvos; que calarse sombreros aparatosos adornados con plumas, lazos, flores y pájaros disecados para, así disfrazados, sin corsé, ni polisón; sin poder disimular los anchos hombros y espaldas, ni esconder los abultados abdómenes para adquirir la figura de reloj de arena que manda la moda, tener que bailar con nuestros amigos vestidos de frac y calzados con guantes blancos, hechos nosotros unos adefesios, como unas botijas con patas. Todo porque: “a falta de pan… buenas son tortas”. Y que conste, no era un baile de maricones, sino una fiesta de carnaval.

Así acostumbramos terminar la temporada carnestoléndica en Barranquilla.

Pero no.

Decimos mal.

El carnaval no acaba, pues el mundo no es otra cosa que una perpetua carnavalada, donde cada cual se presenta con la máscara que mejor le sienta (5).

                                               

1.- PINEDA SALAZAR. J. Moisés. El carnaval en los tiempos del Tranvía. (VII). En ecos de una pelotera. Diario La Libertad. Prorrogas y Carnaval y Semana Santa. 28 Febrero de 2004. “Jóvenes y niños de la de Primera”

2.- BENITO REVOLLO. Pedro María. Op. Cit.

3.- El Promotor. 10 de Marzo de 1888.

4.- “Familia de debajo de la escalera”. Grupo familiar de esposos, con o sin hijos, que son trabajadores domésticos y que residen en las casas de los principales.

5.- PINEDA SALAZAR. J. Moisés. Opus. Cit.

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