OPINIÓN

Gaitán y la restauración moral del país: 70 años

“El país político tiene rutas distintas a la del país nacional, ¡tremendo drama en la historia de un pueblo! “. Jorge Eliecer Gaitán.

Por: Leonardo Reales Chacón
Doctor en Derecho.

Se iniciaba la tarde del 9 de abril de 1948 el escenario no podría ser otro: Bogotá capital de la república, ciudad donde históricamente se decide el futuro del país. Fue precisamente allí donde las balas asesinas orquestadas por actores que aun la historia oficialmente no revela, cegaron la vida de un hombre, de aquel que arengaba que “el pueblo era superior a sus dirigentes”, que reclamaba la “restauración moral” del país, aquel llamado el tribuno del pueblo. Con ese acto acabaron con la esperanza de un pueblo y de contera sentenciaron la suerte del país.

Con el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán la vida política inexorablemente cambio en Colombia. El caudillo liberal encarnaba un modelo de hacer política distinto a la que hoy nos vienen acostumbrando aquellos que asumen un papel protagónico en la vida pública, era la época de una política con contenido, sentenciadora pero a la vez propositiva y racional, se hermanaba con el pueblo. Pero pasado setenta años, la gran visión presagiadora tenida por el “negro” Gaitán como era llamado por sus contradictores sobre el país nacional y el político, cobra actualidad; el país político, el de los partidos y dirigentes, el de su mecánica, el que piensa en su poder se ha impuesto con mayor fuerza sobre el país nacional, el que piensa en su cultura, su educación y su salud, que representa a las masas ciudadanas, ha convertido al país en la “dos Colombia” como lo calificara el inmolado liberal.

Fue en el año de 1945 en un apoteósico discurso, cuando Gaitán reclamaba restauración moral y política en el país, la cual paradójicamente es la misma que cientos de miles de colombianos siguen reclamando a ese “país nacional”, ese que tiene hoy pretensiones de llegar al solio de Bolívar pero que no lo vislumbra en el contenido de sus plataformas ideológicas y programáticas.

Gaitán cultivo igualmente una política no sectaria ni sesgada pasionalmente; jamás personifico el debate político, en cambio ataco lo que considero que era la fuente de la “inmoralidad en el país”, la estructura de los partidos del momento a los cuales calificó como una “oligarquía al servicio de la plutocracia y de sus propios intereses”. En cuanto a su visión política económica, esta jamás constituyo una amenaza para el capitalismo, ni para el “empleo nacional”; por el contrario le garantizaba su papel a partir de expedición de reglas equitativas que también le fuera benéfica a la clase social trabajadora que según él, “ayudan a construir y garantizar el capitalismo “. Cuán distantes están de estas propuestas los actuales aspirantes que proponen un modelo económico donde se protege al capitalismo con exenciones y disminuciones tributarias excluyentes.

En cuanto a la restauración moral que exigía para el Estado, esta implicaba la necesidad de que existiera una oposición con garantías. El líder liberal planteaba que la oposición “no era un derecho sino una necesidad en un país democrático”, y que no constituía una piedra para ningún gobierno; decía que “el gobierno tiene que gobernar; la oposición tiene libertad para oponerse, pero el gobierno tiene que triunfar por la virtud de sus actos. La democracia no se salvara cortándole las alas a la oposición o pidiéndole que no ataque”.

Setenta años después de su muerte, el país sigue reclamando los mismos propósitos que Jorge Eliecer Gaitán reclamó y por el cual su vida fue cegada. Mientras eso no se asuma como política de Estado y sea la razón principal de una propuesta de campaña, Gaitán seguirá viviendo en la mente de los colombianos, ¡por la restauración moral de Colombia, a la carga¡¡

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