OPINIÓN

Urge la Sensatez para la Paz

Por: Leonardo Reales Chacón

No existe ninguna razón de «hecho» que cuestione «la Paz » del expresidente Santos, más allá de los acostumbrados señalamientos que se formulen a los términos del acuerdo político. A la paz no se llega por razones jurídicas mas allá de las qué impone la constitución al Estado mismo las cuales trascienden principios básicos cómo el de la soberanía o del honor patrio; a la paz se llega porque es un derecho político, porque es un deber y no una opción, por razones sociales y de interés general; paradójicamente, estas últimas son las qué producen la guerra como conflicto.

La muerte de los Policías de la patria cómo la de cualquier otro ciudadano nos duele cómo humanos que somos y cómo personas convencidas qué en una sociedad civilizada y organizada, las respuestas a sus conflictos están en el diálogo; sólo la incivilidad y los sistemas totalitarios encuentran respuesta al conflicto en el grito de guerra cómo en la época de las tribus indigenas. Cuando un Estado y su gobierno consideran que la solución de un conflicto está en causar la muerte del adversario, lo único posible será es la muerte de todos.

Los colombianos no merecemos volver al conflicto; regresar al pasado oscuro y sangriento no es el camino, se pierde tiempo, vidas y oportunidades . El tiempo transcurrido aún para lo que jamás han estado de acuerdo con el pacto debió servir para los qué se preparaban para gobernar, en las mejores formas de replantear lo que se consideraban fundamental. De haberse aprovechado el tiempo que se tuvo, seguramente lo acontecido quizás hoy no hubiese sido realidad.

La respuesta a la agresión no necesariamente es y debe ser la retaliación. El país enfrenta en estos momentos de su vida republicana un dilema ético como es continuar con la seudo tranquilidad que dejó el proceso del gobierno anterior, o el de entrar en la penumbra de la incertidumbre del qué pasará. Al igual que la violencia, la guerra es un problema ético. Cuestionando lo pactado, ha venido siendo la forma como hoy se ha querido justificar la necesidad de continuar en el conflicto y obviar que él no es el resultado del acuerdo sino los fundamentos sociales reales que durante 50 años la produjeron. No podemos seguir y es un deber de ciudadania del gobernante no permitir que se consolide la ética de la guerra con la cuál se pretende consolidar nuestra sociedad

La guerra que soñamos acabar en Colombia, difícil de concebir para algunos por razones políticas, tiene un solo camino, el pacto cómo sabiamente lo sentenciara el padre de la Ilustración el filósofo E. Kant. El deber del presidente Duque, a quien los colombianos deben acompañar, le corresponde reencontrarse con ese camino, hacerlo es consolidar un país cuya sociedad está conformada por visionarios de la «universalidad» de la vida, del conocimiento y del progreso. Mirar hacia atrás nos petrifica como a la esposa del Lot 7de la biblia.

A la paz solo se llega con el «pacto» como lo dejó registrado Kant en su tratado de «la paz perpetúa» porque somos un Estado de demonios, jamás con fortalecimiento militar qué en el mejor de los casos sólo significa un costoso triunfo temporal.

Escríbeme: leonardoreales72@hotmail.com

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