Se acerca la navidad 2023, que, no a todos va alegrar, porque justamente, éste año, el paisaje tradicionalmente acostumbrado, en los pesebres imaginados, fuertes combates entre rebaños, se han desatados.
Se especula que, una “oveja negra”, con poca lana, en uno de los bandos, por un antiguo conflicto heredado, hace miles de años, impaciente se ha descarriado, y de forma violenta ha reaccionado. Que el escenario es tan complejo, que hasta los camellos se han espantado, dificultando la entrega de ayudas o regalos desde otros lados.
Algunos dicen que, al parecer comenzó por una tierra prometida, que sin testamento y sin registro público radicado en notaria, para sustentar lo que a cada quien correspondería, mantiene a los hermanos herederos en generaciones sucesivas, confrontados todavía.
Que triste navidad, muchas familias pasarán, porque, vivas aún están las heridas del horror que están pasando, o acaban de pasar; y muchas sin un techo u hogar, donde a sus fieles difuntos siquiera una oración poder elevar.
Ni el firmamento se verá con su esplendor natural, con ese brillo de sus estrellas siempre visibles desde cualquier lugar. Ahora solo será el reflejo de relámpagos y centellas por el fuego de los misiles que en el cielo del medio oriente se ven cruzar.
Los arbolitos también se marchitaran, y sus hojas secas, al suelo caerán, por el fogaje del armamento, que la misma guerra irradiará.
La fantástica ciudad de nieve en occidente, también se podría descongelar y no sería tan espectacular; porque Santa Claus, tendría dificultades para su carruaje por el aire volar, y sobre el hielo, problemas para patinar; que hasta los renos se podrían sublevar y dejarlos de tirar.
Este año, no tengo emoción alegre para celebrar
la navidad, por sentimiento profundo de solidaridad, con tantos hermanos caídos en desgracia, no importa de que rebaños por allá; sino también de por acá.
Especialmente por los niños, para quienes estas fechas, tiene un significado tan especial.
Es que, si por oriente llueve, por occidente no escampa, desde hace muchos años atrás; cuando grupos al margen de la ley, se han atribuido el poder para las cosas, aparentemente mejorar; pero a un precio tan alto, como está sucediendo en Colombia, -que no importa lo que logremos-, con un cambio mal calculado, por lo radical, ya no tendrá el suficiente valor sentimental, para lo perdidido volver a recuperar.
En el año nuevo, los Reyes Magos también se pueden desorientar, al no poder identificar con facilidad, la estrella que hacía el recien nacido los debería guiar. Es que, posiblemente esa estrella tampoco aparecerá, porque, el niño Dios, este año, en muchos pesebres no nacerá; tal vez se encontrará ocupado en su dimensión
celestial, atendiendo a todos los niños inocentes, que por la absurda decisión de adultos imprudentes, e indolentes; en contra de su voluntad, a este mundo anticipadamente han tenido que abandonar.
Si la virgen fuera andina y San José de los llanos, o bogotano, el niño Jesús sería un niño colombiano; pero igualmente el propósito de su venida, aquí habria sido en vano, porque atinaría haber nacido en un ambiente convulsionado y malsano, donde también los niños son maltratados y los adultos sé están matando entre hermanos.
Faltan cinco pa’ las doce, el año va a terminar y hay muchos que ya no tienen madre, ni a nadie a quien ir a felicitar; tampoco hijos, hermanos o amistades con quien algo celebrar.
En el mejor de los casos, si los tuvieran, ni ganas tendrían para celebrar, por el inmenso dolor que la guerra ha dejado, inclusive hasta a los que en nada les haya podido afectar.
Pero lo paradójico es tener que saludar, a
alguien, como cada año, es tradicional, a quien nada ahora le interesa celebrar, diciéndole mecánicamente la expresión trillada, y ahora artificial, de: “Feliz Navidad”.
Mejor sería expresarle con un sincero abrazo, el dolor que se siente, por solidaridad.
Es preferíble dejar para fin de año, un saludo especial, expresando el deseo sincero de un “Felíz y Próspero Año Nuevo”, que como contingencia esperanzadora, pudiera sorprender, con novedades benevolentes, que las penas ayuden a sobreponer.
Pero el futuro es incierto, por lo que algunos estudiosos de la prehistoria se atreven a diagnosticar, asegurando que “las guerras son producto de un instinto bárbaro, debido a una condición genética heredada”, difícil de erradicar. Que las causas básicas, no justamente parten dede Abraham; sino desde el paleolítico, millones de años atrás, cuando el cerebro de una especie, de cultura Magdaleniense, sapiens, se desarrolló más que las del Nehandertal, entre otras más, generando
discrepancias, y posibles complejos, sobre quiénes tuvieran la autoridad intelectual sobre otras, para dominar, y el rumbo de la especie humana determinar.
Al parecer la civilización, trajo consigo muchos prejuicios en la sociedad, al no aceptar con naturalidad, la capacidad intelectual que tenían algunos sobre los demás, para nuevas cosas en el mundo crear, y mejorar el confort y bienestar, que además, le permitieron desde la antigüedad, las condiciones para dirigir o gobernar.
Es posible -se me ocurre pensar-, que así haya nacido también la envidia, fuente del egoísmo y la maldad, como la maldita enfermedad, causa inmediata de tantos conflictos, que entre hermanos, se han multiplicado en nuestro mundo historial.
Hay un aspecto que también la conducta humana ha podido alterar, y es como dice el doctor Mauro Torres en su obra, LA GUERRA: ” nacimos a la historia, congenitamente divididos y potencialmente enemigos”, de tal manera que
es posible encontrar en cada uno de nosotros, genes de sapiens y hasta de bárbaros, por todos los roces y cruces que históricamente han sucedido.
Pero hay un ingrediente especial que el comportamiento y las relaciones en nuestros tiempos más han afectado a la sociedad, y es la presencia del imperio compulsivo del alcohol, sumado a los nuevos tipos de drogadicción, que han alterado el sano juicio de la civilización.
Por eso es que, se hace importante estudiar, para las capacidades intelectuales entre todos equilibrar, y mejor podernos interpretar, entre el bien y el mal. Luego en función de un mismo y sano objetivo, la administración del liderazgo armonioso y democrático alternar, como clave fundamental, para asegurar la continuidad de la humanidad.
Esperemos que algún día, sea posible, en universal armonía, podernos abrazar, alrededor del pesebre donde se cumplió la profecía, de que nacería el mesías, que al mundo vendría a
salvar; quien hasta entre nosotros como adulto ya podría estar, por su don de obicuidad.
Entonces las campanas con ferviente alegría sonarán, y al unísono una sola y melodiosa voz se escuchará:
¡ FELIZ NAVIDAD !
Y como esto es devoción, según lo cantara el inolvidable Héctor Lavoe, en compañía de Willi Colón, que pasen un FELIZ AÑO, también les deseo de corazón.


