Por estos días Eva Lazo, matrona de Pital de Megua, no tiene derecho a descansar. La producción de pasteles se triplica y en un solo día logra vender hasta 200 de estos productos.
Eva Lazo es feliz y trabaja con amor para que los pasteles tengan ese sabor especial que deja encantado a cualquier comensal.
“Cuando me preguntan cuál es el secreto para que mis pasteles sean tan apetecidos, yo les digo que es el amor que yo les pongo cuando los estoy preparando. También es importante un buen adobo, un buen arroz y saber marinar la carne con sus verduras”, dice entre risas la mujer que hace 24 años prepara lo que a consideración de muchos son unos pasteles deliciosos.
Pital de Megua es el único lugar que tiene por especialidad los pasteles, “En mi casa, cuando vivía en el municipio de Galapa no lo hacían, se preparaban pasteles normales, pero aquí los aprendí a hacer, eso es lo que más me gusta, prepáralos y comerlos”.
Para aprender su realización es recomendable el acompañamiento de un pitalero, tal como le ocurrió a Eva Lazo, quien de la mano de la abuela de su esposo tuvo su primer acercamiento “la abuela, vivía a aquí al lado cuando me llamaba para que la ayudara. Yo me iba a picar las verduras, pero siempre estaba pendiente de lo que ella hacía, de pronto un 24 de diciembre mi mamá me dijo que hiciéramos pasteles, y fue ahí donde logré poner en práctica lo antes visto”.
Esta es una tradición que va de generación en generación. Es la identidad de la comunidad que con el pasar del tiempo quienes la lideran buscan su preservación “Las abuelas preparan los pasteles para la cena de Navidad y fin de año y las jóvenes colaboran mientras aprenden”, dijo Eva Lazo.
La acogida de los pasteles es tan grande que la Gobernación del Atlántico organiza todos los años un festival en el que participan 60 matronas, el cual se extiende durante todo un fin de semana.


