No soy médico, abogado ni tampoco poco un ingeniero, como dice una canción; ni mucho menos un historiador; “pero tengo swin”, que me lo permite mi modesta educación y la lectura como afición.
Como dijera el difunto y popular Jairo Paba:
Yo soy un verdadero ñero, barranquillero, rebolero, bordillero, mujeriego, cervecero, mono cuco guayabero, saca presa del caldero, toma leche y embustero; orgulloso de lo nuestro y admirador de todo lo propio y ajeno, que en función del arte, cualquiera y donde quiera que se haga, lo sea con calidad y esmero.
Por eso es que he dicho, que ante la evolución artística del carnaval de Blancos y Negros en Pasto, me quito el sombrero.
En estos días de efervescencia y calor, otro tema relacionado con el carnaval, está tomando interesante color. Es por la admiración que, ya no sólo a mi ha despertado el de Blancos y Negros, al que por los diferentes medios, en los últimos años le he estado siguiendo los pasos, con comentarios a su favor.
Los carnavales de Barranquilla y Pasto, son espectaculos diferentes; por lo que al pan pan y al vino vino; luego, no es sano ni prudente ponernos a comparar con el objeto de evaluar, para después con comentarios negativos denigrar, para alguno descalificar; y peor aún, tener que llegar, como ya es costumbre en todo y cualquier lugar, el arte también a polarizar.
El folclor colombiano comprende la unión de diferentes culturas y tendencias, encontrando que en cada región se manifiestan con sus respectivas étnicas e influencias.
El valor fundamental del carnaval se apoya en la oralidad, que con el desarrollo del arte, se puede mostrar hoy en día de manera gráfica, en danzas, comparsas, disfraces y en monumentales y policromáticas carrozas de
volúmen tridimensional.
Lo más importante es que admiremos de manera integral, la pluralidad de identidades y expresiones culturales, que en las diferentes regiones de nuestro país podemos encontrar.
En Colombia hay muchas festividades, reconocidas algunas como ferias y otras como fiestas patronales; pero solo se distinguen los de Barranquilla y Pasto, como verdaderos carnavales. Ambos reconocidos como patrimonio oral e inmaterial de la humanidad.
El Carnaval de Barranquilla, considerado como el segundo más multitudinario del mundo, se caracteriza por el despliegue de disfraces y máscaras en diferentes desfiles, donde también se pueden observar lujosas carrozas y comparsas, al son de diferentes ritmos de géneros autóctonos músicales, de nuestras culturas ancestrales; como también de otros lugares, que con variadas coreografías, shows y pantomimas, pueden expresar alegóricamente inconformidades mediáticas, políticas y sociales.
El Carnaval de Pasto es una expresión cultural de las regiones Andina, Amazónica y del Pacífico, que se fundamenta en la oralidad transmitida, sobre las experiencias vividas en la interrelación de indígenas, españoles y africanos.
Se destaca por la creatividad artística representada en voluminosos disfraces y extraordinarias carrozas, por medio de las cuales pueden expresar mensajes relacionados con su mundo historial, como también críticas mediáticas sobre la condición sociopolítica actual. El día 5 de enero conmemoran el tiempo libre que entonces los esclavos tenían para descansar, y el 6 el desfile magno, para a los blancos agradar.
Hay en nuestro país otras festividades dignas de admirar, que son también atractivos turísticos para propios y extraños apreciar, casi con la misma connotación de un carnaval, como son la Feria de Cali, la Feria de las flores en Medellín, la Feria de Manizales, el Festival folclórico del bambuco en Neiva, y las fiestas del 11 de noviembre en Cartagena, entre muchas otras parroquiales más.
Pero que a la cabeza están el carnaval de Barranquilla, y el de Blancos y Negros en Pasto, no se puede negar.
El impacto atractivo de Pasto actual, está en la fabricación de sus extraordinarias carrozas, saturadas con interesantes figuras de excelsa creatividad.
Diferentes a las de Barranquilla, que últimamente con elementos sencillos decorativos las suelen adornar, para darle más espacio a un poco de espantajopos y vitrineros, enmaizenados que ocultan la belleza de la reina principal, y que solo acompañada de su edecán deberían llevar.
Es que en la “Batalla de Flores”, las flores son las que menos se pueden observar.
Al parecer, como que se tiene que sobreponer el sello o logo de la empresa que las ha de patrocinar. Desde hace años atrás, algunos disfraces también su marca debían publicitar, como la gigantona de Aguardiente Antioqueño y los cabezones de la cafetería Almendra Tropical.
Hoy son las de Olímpica, Monómeros y muebles Jamar, entre otros negocios más.
Por otro lado hay otra vaina que no deja de fastidiar, y es tener que pagar unos palcos tan caros, para ver una hemorragia de marimondas y monocucos borrachos, sin ninguna gracia diferente conque descretar.
Todavía no he podido superar, la frustración del año pasado, cuando un grupo de amigos mancomunados hicimos un esfuerzo para el primer tranvía de Barranquilla recuperar, y en la guacherna tirado por el “caballo chovengo” mostrar a Estercita Forero y como homejnaje a Pedro Ramaya, representarlo en la imagen viva de Joselito Carnaval.
Porque por la preferencia a unos grupos de borrachos desordenados, sin nada interesante que presentar, fuimos los últimos en desfilar. Ya es hora de ponerle mejor organización al carnaval, porque como vamos es posible que, el reconocimiento de Patrimonio oral e inmaterial de la humanidad, también nos lo puedan retirar.
Ojalá que algunas de las carrozas de Pasto las pudieran traer y mostrarlas por acá, para darle mejor colorido a nuestro querido carnaval. Con orgullo propio y ajeno me permito exclamar desde el barrio abajo: ¡ que ¡viva Pasto carajo !
Y como buen barranquillero, nacido en la arenosa, que viva el ” Carnaval de Barranquilla, donde quien lo vive es quien lo goza”.
Porque, una cosa es una cosa, y …otra cosa es otra cosa.



