Finales del siglo XX. Barranquilla lucia próspera e inmortal, aunque eso no quiere decir, que del todo estaba bien y nada a nadie le pudiera faltar.
Sus calles ya no eran las de aquella hermosa arenosa, la que amortiguara los pasos por sus vías al caminar. Ahora eran de concreto que concentraban el calor de su temperatura canicular.
Entre los sonidos, de los vendedores de frutas, bollos, alegrías, pescado, paletas, raspao, y otros servicios puerta a puerta acostumbrados; depronto sorprende el de una dulce flauta con diferentes melodías, que antes no había escuchado.
Era un hombre aún joven, de mediana estatura y paso corto al andar. Moreno de cabello liso y largo hasta el cuello, con un camino en el centro de la cabeza, la que sacudía cuando los ojos, la suave brisa le hacían tapar.
La curiosidad me exige que me asome, para precisar, quién es el músico que ese interesante instrumento desde lejos se percibe saber bien ejecutar. Andaba descalzo, con ropa arrugada, Jean azul, camisa roja sin mangas y de tonos obscuros por la mugre que con el tiempo ha podido acumular, como la de los mecánicos bordilleros, que aún se observan en la ciudad.
Se detenía para sus notas mejor afinar, cuando notaba que alguien como yo, se interesara en escuchar. No pedía dinero, como era de esperar, pero era injusto al observar su palpable necesidad, no ser capaz de entregarle alguna moneda para su talento compensar.
Una vez, tuve con él la oportunidad de brevemente conversar. Quería saber más de su historia por curiosidad. Pero era parco al hablar y con una apenada sonrisa, poco se interesaba en comentar, diferente de la forma como él mismo sus flautas con pedazos de tubos pvc, lograba fabricar.
Hasta le llegue a insinuar, que por la calidad de su música y los temas de diferentes géneros que podía interpretar, tal vez, mejor vestido, que hasta de smoking lo puede imaginar, podría con natural don de presencia, una mejor condición lograr, en algún emblemático local comercial, donde posiblemente, la gente de bien y con más cultura, su talento pudieran mejor apreciar.
Permaneció un buen tiempo en la ciudad, transitando por diferentes sectores que por calculados tiempos intermitentes acostumbraba a visitar. Bien temprano por la mañana en la gobernación, amenizaba el ambiente impaciente, de los que en largas filas intentaban el pasaporte tramitar.
Después, antes del medio día, frente a la iglesia La Inmaculada Concepción, en una frutería, tal vez lograba un buen desayuno saborear, por parte de algún feligrés confesado y comprometido con ganas de ayudar.
Ahora recuerdo la leyenda del flautista de Hamelín, la que en fábula convirtieron los hermanos Grimm. Una interesante y divertida moraleja, para a los niños enseñar; el don de la palabra, cuando se ha de empeñar.
Hasta un distinguido poeta inglés -Robert Browning-, la mencionada leyenda, también la convirtió en poema, despertando su mayor interés; al hacer entender, cómo con los diferentes sonidos de la flauta, las ratas creían convencidas, ser llevadas a un lugar con abundante comida y placer.
Eso aparentemente sucedió en una localidad alemana grandemente infestada de ratas, que ya no se podían controlar; hasta que apareció un flautista que se ofreció a cambio de una recompensa, inclusive menor que la que le ofrecieron, poderlas totalmente erradicar.
Pero como siempre, los vivos, bribones y embusteros, nunca han de faltar, por lo que después del servicio prestado, al flautista no le quisieron pagar. Entonces el flautista engañado, su engaño decidió sancionar.
Con la misma flauta, notas más melodiosas, por las mismas calles decidió interpretar, con las que enamoró a muchos niños del mismo lugar, quienes lo fueron siguiendo como las ratas, hasta esconderlos en algún lugar, donde todavía no los han podido encontrar. Del flautista de Hamelín como del callejero en Barranquilla, de su procedencia y destino no he sabido más nada.
Ahora que la mayoría de las ciudades de Colombia, además de ratas, se encuentran otras alimañas que la tienen peor infestada; qué bueno que apareciera otro personaje con una “flauta mágica “como el de la opera de W. Mozart, para que las espantara.
Es que, como moraleja esa ópera clásica, destaca el amor por la verdad, la mutua solidaridad, la justicia, la tolerancia y la fraternidad.
Dicen que desde la antigüedad, en la época medieval, la flauta ha sido considerada un instrumento con poderes sobrenaturales, que es capaz de encantar serpientes y hasta de comunicar con seres de otras entidades.
Ahora entiendo también, el porqué la música andina, con un juego de diferentes flautas me logra embelesar. Como la que aún interpretan los grupos indígenas, con esencia ancestral.


