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El viejo y sus cosas viejas

RedacciónPor: Redacción
20 agosto, 2024
El viejo y sus cosas viejas

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Es un lunes cualquiera, y con buena energía me he levantado, no obstante una congestión nasal, que hace varios días me ha tenido mortificado. Tengo bien claro que, “en el orden germina el progreso”, el que además, complementado con la limpieza, fundamenta la seguridad. Sí, esa,  la que por muchos años a nivel industrial, con éxito he trabajado, y hoy como adulto mayor, pensionado, y un tanto agotado, pareciera haber perdido la autoridad, cuando al respecto, alguna observación, se me ocurre insinuar.

Lo paradójico es que, en alguna casa, donde no se tiene el gran espacio ni el número de personas, como en una empresa industrial se pudiera encontrar, sea más difícil las normas de seguridad poder establecer, y el objetivo como tal, poder asegurar. Por supuesto que, sé lo que el lector se puede imaginar y le concedo la verdad.

Es la disciplina, la que desde un principio como reglamento se debe acordar, haciendo entender a los involucrados, que: “hay un lugar para cada cosa, y que cada cosa debe estar en su respectivo lugar”, a menos que, se esté usando para alguna tarea realizar. Interesante el concepto de un amigo, quien sin ser psicólogo se atreve aseverar, y que pudiera ser verdad:

“En el orden de sus cosas y hasta en la presentación personal, en una persona se podría medir su condición mental”. Lo jodido es que, en estos tiempos, el mal vestir, parece ser lo normal, y entonces lo estético, <como algo subjetivo> hay que procurar manejarlo con ecuanimidad. Pero, en el concepto de “viejo”, es donde me quiero detener a revisar, en función del valor que cada cosa, independiente de su precio, pueda llegar alcanzar.

Es que, las hay de valor relativo, que a cada quien estamos obligados a respetar; de pronto por lo artístico y clásico debido a su antigüedad; o hasta el sentimental, que solo el dueño podría valorar; y que tal vez, por ningún precio podría negociar; ni mucho menos, por capricho ajeno, tener que abandonar.

Una anécdota especial, cuenta  Condorito con su buen sentido del humor, sobre el jarrón que, como sirviente tropezó e hizo quebrar. Que, cuando la propietaria se enteró y alterada le reclamó, <señalando la dinastía de origen y siglos de antigüedad>. El ignorante pajarraco, sorprendido la trato de consolar, haciéndole entender que, ”  por ese jarrón tan viejo, no se debería preocupar”. Por aquello de que, ” recordar es vivir”; hay cosas de viejos, que en sus baúles  como gratos recuerdos acostumbran a guardar, y separarlos de ellas, no están muy dispuestos a tolerar.

Tal vez, cartas de algún amor que no se pudo realizar, de fotos amarillentas que expresan vivencias de felicidad, y muchas cosas más; tal vez para en cualquier momento detener el tiempo,  y seguir viviendo de los recuerdos, construyendo fantasías, que en otra dimensión pudieran realizar. Hasta las abuelas acostumbran a guardar con apego, el ombligo de sus hijos, para que el sentimiento de amor conque fueron concebidos, nunca de ellas se pudiera apagar.

Aquellos zapaticos blandos, con los que un hijo diera sus primeros pasos, para que en los caminos de la vida, no se lastimaran al tropezar, y por sus huellas tampoco se fueran a extraviar y pudieran regresar. Pero, como cantara el difunto Omar Geles, ” los caminos de la vida, no son como yo pensaba, no son como yo creía”; y ahora resulta que los gustos y apegos de los viejos, los jóvenes los ven como chocheras o tonterías.

Qué problema el que  tenemos los adultos mayores, para las cosas viejas tener que botar, y dar satisfacción a los más jóvenes que, por conceptos minimalistas, no comprenden el valor de las  que, algunos viejos nos producen felicidad. Por supuesto que todo en la vida es vanidad. Vanidad de vanidades decía aquel predicador y tenía razón; de pronto porque, en su momento no se había percatado, de que, otras cosas que aún no habría saboreado, le pudieran embargar el corazón.

Hay cosas en la vida, que fácilmente no se logran entender. ¿Cómo es posible, que ningún artista, pintar a Jesús en vida, se haya podido atrever?. Si esa pintura alguien la  hubiera realizado, no me imagino, cuánto, en éstos momentos podría valer, ni cuántas personas pagarían cualquier precio, por quererla tener. Todo en la vida es arte. Hasta la vida misma lo es.

Cada obra de arte expresa creatividad y estética que, cualquier ser humano puede ser capaz de valorar, dependiendo del sentimiento que su percepción pueda despertar. Como también del entorno, que ya de viejos son importantes recuerdos de las experiencias vividas, o cosas pérdidas que se pueden añorar.

También hay cosas de  viejos,  <esos que no se sienten envejecer>, y  conservan para un posible proyecto que, creen poder emprender. Es así como herramientas, materiales, libros y discos viejos entre otras cosas más, guardan con esmero, porque creen volverlas a necesitar. Aunque utopías, apoyadas en fantasías pudieran ser; realmente son condiciones que a los viejos proporcionan alegrías, y que les hace más agradable el proceso de envejecer.

Entonces, es conveniente, a los viejos entender y comprender, si realmente felices los quieren ver, y no desprenderlos bruscamente de las cosas viejas, que solo ellos saben, el valor que pueden merecer. Viejos son el sol y la luna, que todavía alumbran. Sin la luna y el sol, la tierra sería una penumbra.

Viejo es mi caparazón, pero aún joven es mi corazón.  Amo las cosas viejas que  me dieron satisfacción, madurando mi razón, como quiero las nuevas que me producen emoción y hasta despiertan mi pasión. Pero sobre todo, quiero y amo todas las cosas buenas y bellas que, en función del arte y la cultura han tenido su inspiración.

Por: José R. Múnera N

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