Al celebrarse 155 años del natalicio del maestro Julio Flórez, la comunidad del municipio de Usiacurí y del Atlántico, donde vivió sus últimos años, le hizo un sentido tributo que estuvo coordinado por Margarita Macías, directora de la Casa Museo y al que asistieron artistas de todo el departamento.
El homenaje se inició a las 5 de la tarde y se desarrolló con un recital en el que varios poetas recitaron la obra del maestro.
Margarita Macías aclaró que Julio Flórez no fue un poeta atlanticense sino boyacense, quien desde temprana edad empezó a escribir y aunque nunca terminó sus estudios se convirtió en uno de los grandes poetas colombianos. Fundador de la tertulia literaria “La Gruta Simbólica”, Flórez entabló amistad con otros reconocidos poetas, como es el caso de José Asunción Silva.
Flórez siempre permanecía enfermo y por eso llegó a Usiacurí pues le dijeron que allí había aguas termales saludables. Vivió solo 55 años y falleció en el mencionado municipio.
“Estuvimos recordando a este personaje. Cuando decidió quedarse en Usiacurí, este fue un bálsamo. Vino buscando salud, la encontró y también encontró su amor y la paz para su alma cansada”, dijo Margarita.
La casa de Julio Flórez fue recuperada por la Gobernación del Atlántico, por lo que se ha constituido en un destino turístico y un gran referente cultural.
Algo de su vida
En 1905, Flórez sale de Bogotá primero hacia la Costa Atlántica y luego a Caracas, donde luego inició una gira poética por los países centroamericanos que se prolongó por dos años (1906-1907). Estando en México y dispuesto a regresar a Colombia, el general Reyes lo nombró segundo secretario de la Legación de Colombia en España, hacia donde partió en agosto de 1907.
Su libro Cardos y Lirios, así como su ovacionado poema La Araña, obtuvieron publicación en 1905 en Venezuela. Manojo de zarzas y Cesta de lotos fueron editados en 1906 en San Salvador, Fronda lírica, en Madrid en 1908, y Gotas de ajenjo en Barcelona en 1909. En febrero de 1909 Flórez regresó a Colombia, a la que saludó con un recital en Barranquilla; allí sufrió un quebranto de salud que lo llevaría más tarde a su muerte.
Últimos años
A su regreso en 1909 a Colombia, Flórez presentó un recital en Barranquilla, y luego se retiró al municipio de Usiacurí, en el departamento del Atlántico, a tomar una cura de sus aguas medicinales. En ese pueblo se enamoró de una colegiala de 14 años de edad, Petrona, con quien comenzó un idilio, quedándose a vivir en este sitio por el resto de su vida, salvo algunas salidas esporádicas para presentar recitales o por enfermedad.
En la aldea de Usiacurí llevó una vida hogareña con sus cinco hijos: Cielo, León Julio, Divina, Lira y Hugo Flórez Moreno. Para el mantenimiento de la familia, se dedicó a labores agrícolas y ganaderas a pequeña escala. En esa época le inició una enfermedad de la cual no se tiene certeza, pero se cree que se trató de un cáncer que le deformó el rostro afectándole la mandíbula izquierda y dificultándole el habla.
En el evento, se dijo que Julio Flórez fue uno de los últimos poetas del Romanticismo en Colombia e Hispanoamérica. En su época, se divulgaban en el mundo las nuevas tendencias literarias enmarcadas dentro del modernismo, el simbolismo y el parnasianismo; de esos movimientos surgieron los llamados ‘poetas malditos’, pero Flórez brillaba por su lirismo prolijo, por su exagerado escepticismo y su profunda sensibilidad que lo llevaban a veces a estampar lo patético y dramático en sus creaciones, lo cual, para su época y su escuela, eran requerimientos de consagración.


