Llegaba el año nuevo con los ruidos de tambores, anunciando con pictogramas de colores, que se acercaba el carnaval.
Barranquilla se encontraba confundida por no saber cómo hacer, con un personaje extraño, que estaba haciendo mucho daño, y los había hecho enmascarar, antes de la fiesta empezar.
Realmente no era un disfraz, era el Covid; un peligroso enemigo asiático, que camuflado había entrado y estaba diezmando la sociedad; pero empezando con los viejos, los que sí conocen la historia del carnaval, y han hecho que las tradicionales fiestas se hayan podido preservar.
Como estaba profetizado por unos reyes Vagos, el 20 de enero, nació Joselito, concebido por obra y gracia de un Ángel de la alegría, que se le apareció a la señora Marimón de Daes María, y le dijo que: ” por obra y gracia del espíritu sabrosón, un hijo cabezón, ojón y narizón
tendría; que como marimonda brincaria, arrastraría, viviría y moriría;…y que Joselito Carnaval se llamaría.
Simultáneamente, en Venezuela; de la unión de un Bacalao cara ‘e bobo, natural de Carabobo, y una elegante sirena española, que le paró bolas; de hermosa figura, rostro bello y largo cabello, que apareció en Puerto cabello; nació una hermosa sardina.
Su belleza, factor común entre las venezolanas, era superior a las demás mojarras finas.
Por razones de un cambio social, al que no se pudieron acostumbrar, la sardina más adulta y económicamente en ruina, de su tierra le tocó emigrar; y a La Fama en Barranquilla, en una tienda-cantina, en busca de oportunidades, llegó a templar, donde con su gracia y donaire, se hizo muy popular, bailando y complaciendo a todos los que con ella quisieran gozar; hasta que se tropezó con Joselito carnaval, y desde entonces solo con él, pa’ arriba y pa’ bajo, hasta el barrio
Abajo, los carnavales no dejan de parrandear.
Ambos eran cachones, aunque había una preferente atracción entre sus corazones.
Él se los pegaba con la negrita puloy, la Palenquerita, la barriga ‘e trapo, con María Moñito, las farotas, la enfermera, y entre otras hasta con una tal Merlano; sí esa, la del derrier bacano; con la que olímpicamente se pegó no solo un agarrón de manos,y que después en un “char-co” se enlodaron.
Menos mal que, su sardina fina es compresiva y complaciente; élla permite que los hombres le den muela, y que las mujeres le den dientes, pero de su Joselito carnaval nadie la desprende.
Pero las malas lenguas dicen, que el éxito de su relación no es por andar de gorra; que eso es tomando y dando; porque a la sardina desde la lectura del bando la han visto coqueteando, y en muchas comparsas con diferentes hombres
bebiendo y brinconeando.
A ella la han visto en la danza del torito cachoneando, con otras marimondas arrastrando, y hasta con burros, micos, tigres, osos y gorilas bailando.
Dicen también que, con un viejo Drácula estuvo vacilando, que la dejó anémica, porque la sangre le estuvo chupando. Entonces se metió sin invitación en una comparsa de un club dedo alzado, y como un garabato la han sacado.
Una vez, por muy atrevida, casi que se la come el hombre caimán; huyendo, salió corriendo y se logró salvar; pero se metió en la danza del paloteo; y buen palo le tocó llevar.
Después se topó con un Mono cuco, que borracha, la dejó en su casa, pero sin cucos, tirada en la terraza.
Joselito, una vez llegó a su casa, donde la sardina burlándose y mirándolo de pies a cabeza le decía:, .. “que bien te quedatu disfraz de Batman”, pero con ironía.
Cuando Joselito se percató, porque su cuerpo de arriba abajo se revisó; encontró que el pantaloncillo sobre su pantalón largo lo tenía.
Otra día, Joselito sintió celos por la sardina, sospechando una relación con Diomedez Díaz, que hasta de su falsa muerte sospecharía.
Que le confesara con quién lo engañaba le solicitó; pero ella, como cínica y perfecta embustera, le contestó:
🎵 Un hombre llegó a mi casa, pero yo no lo conozco; usa calzoncillos largos, y tiene pantalones cortos,..no lo conozco, no lo conozco, ..no lo conozco.🎵
Entonces Joselito le reprimió:
🎵 si ese hombre vuelve a mi casa, ..yo quizás lo mataría,…y el hombre volvió a su casa,..y ahora la sardina está paría. 🎵 (bis).
Joselito y la sardina, cada uno anda por su lado, pero al final, siempre se encuentran y disfrutan del buen trago, y también del polvo, que solo para ellos tienen reservados.
El extenso precarnaval, a la sardina y a Joselito han dejado extenuados; pero a punta de sancochos, recobran energías, para estar en todas las fiestas donde los han invitado.
Han participado en todos los eventos donde los han llamado, y recorrido las calles por donde los desfiles han pasado. En la guacherna, en la batalla de flores y fantasías han estado. Hasta en el festival de orquestas han cantado y en todas las casetas han bailado.
Pero el martes de carnaval, sus cuerpos no han dado para más.
La sardina buscaba desesperada a Joselito, que desde el viernes se le había escapado, y en la terraza de Macondo Sabor y Son, un popular restaurante del Prado, tirado en el suelo lo ha encontrado, todo desabrochado y con el moco arrugado.
A su lado resignada se le ha recostado, después de tanto haberlo llorado, preguntándole adolorida que, porqué la había abandonado.
Entonces Joselito medio abrió los ojos y la reconoció, diciéndole balbuceado:
” No me jodas, que no estoy muerto; es por la tronco e’ pea, que me he pegado”; pero la sardina ya no le ha escuchado; el brillo de sus grandes ojos se le habían opacado.
Había muerto a su lado.
En el mismo restaurante, antes que la hermosa mojarra se descompusiera, ésta fué quemada en una hoguera, y con parte de su cuerpo se hizo
un tremendo sancocho para a Joselito despertar de la borrachera, y a toda su gente carnavalera.
El miércoles Joselito se levantó bien temprano, para que con la Cruz de Ceniza, el padre Cirilo lo santiguara y bendijera, rogando también por su compañera, con la esperanza de que los excesos cometidos les fueran perdonados, después de cumplir con la cuaresma, sin probar carne; solo pescado.
Y colorín colorado,..el cuento de Joselito con la sardina, se ha acabado.
Por.
José R. Múnera Navarro


