No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista.
Todo lo que sube baja y tiene que caer.
No hay rico que, del pobre nada pueda necesitar, ni pobre que al rico no tenga nada que ofertar.
La necesidad crea el medio que la satisface y entre el rico y el pobre siempre habrá algún necesario enlace.
Sobre el gracioso y polémico eslogan del cambio en primera, imaginando a Colombia como un auto, es importante considerar: el tipo de carro, conque se quiera comparar, y si es que, se va a mover estando en reposo, o por inercia la velocidad aumentar.
Entonces, Colombia para mí sería como una tremenda tractomula cargada de problemas, conducida hacía un incierto destino, que si el conductor no conoce los demás cambios y el accidentado relieve del camino; su robusta y compleja transmisión, que para subir y bajar tendría que cambiar, fácilmente se podría afectar, y en un inaccesible abismo, la mula podría terminar.
Luego al conductor elegido, porque el ideal, por embriagado de optimismo posiblemente se haya dormido; se le recuerda que manejar una
mula, no es lo mismo que conducir un topolino.
Que el cambio en primera es solo la fuerza necesaria para del estado de reposo arrancar, pero que, para mejor avanzar, otros cambios tendrá que aplicar.
Colombia se encuentra en una pendiente, y con muchos problemas pendiente, que si el conductor no opera los cambios inteligentemente, la transmisión de fuerza, y mucho menos a la fuerza, no le sería suficiente.
También debe tener en cuenta que en las diferentes rutas enlodadas del campo, otras mulas atravesadas se puede encontrar y en un camino angosto, para poder pasar, hay que echar como el cangrejo, pa’ lante y pa’ atrás.
Realmente lo más hermoso de conducir esa mula está en los bellos paisajes que se pueden disfrutar, cuando el campesino en armonía con
la naturaleza te brinda su saludo y hasta un tinto si te detienes a saludar.
Si te interesa, los frutos de las diferentes cosechas, a buen precio los puedes negociar.
También se corre el riesgo tormentoso de encontrar peajes clandestinos y vergonzosos, que te cobran con precios demasiados costosos.
Lo peor que a la mula le pudiera pasar, es que en la densa cordillera, alguien, de ella se pueda enamorar y quererse apoderar; hasta su carga despreciar, para otros productos ilegales transportar; y que si el conductor se resiste, con toda la carga lo pueden quemar.
Pero si el conductor es carismático y hasta buen negociador, al comandante le dirá: ” vea mi hermano; yo llevo un cargamento de problemas, rumbo a “La Paz”, donde supuestamente los arreglarán, que si los dejo por aquí tirados, a todos nos perjudicará.
Si me permiten llevar la carga a su destino, de regreso la mula les puedo regalar y la mercancía de ustedes hasta podríamos negociar, para un mejor beneficio social.
Siga usted, que aquí lo vamos a esperar, le dirán; pero, si en determinado tiempo no regresa, sepa que lo vamos a encontrar.
Ojalá sea para celebrar.
Por.
José R.Múnera N.


