Detrás de cada risa infantil, de cada abrazo sincero y de cada pequeño que aprende sus primeras palabras, hay una mujer que dedica su vida a cuidar y formar con amor. En los barrios 7 de Abril y Santo Domingo de Barranquilla, Carmen Payares y Yenci Parra son mucho más que madres comunitarias; son pilares fundamentales en la crianza de decenas de niños que encuentran en sus hogares un refugio seguro y amoroso. En el marco del Día Internacional de la Mujer, su historia es un homenaje a todas aquellas mujeres que, con vocación y entrega, transforman vidas desde la primera infancia.
“La gente piensa que nuestro trabajo es solo recibir niños, darles alimentos y ponerlos a jugar y a dormir, pero implica muchas más cosas”, dice Carmen Payares, quien lleva cinco años en esta labor. Para ella, ser madre comunitaria significa ser enfermera, psicóloga, docente y hasta payaso cuando un niño necesita reír. Su misión no se limita a cuidar, sino a formar y dar amor.
Por su parte, Yenci Parra lleva 24 años siendo madre comunitaria y ha visto crecer a generaciones de niños que, incluso en la adultez, la siguen llamando “seño” con gratitud. “Ellos no ven esto como un jardín infantil común y corriente, sino como su propia casa”, expresa con orgullo.

Ambas han sido testigos de historias que las han marcado para siempre. Carmen recuerda a un niño que llegó con una actitud desafiante debido a las dificultades de su entorno familiar. Con paciencia y amor, logró transformar su comportamiento, y cuando tuvo que despedirlo para que ingresara al colegio, sintió el vacío que deja el cariño construido con el tiempo.
El trabajo de estas mujeres no solo impacta a los niños, sino que también las transforma a ellas. “Siento que he crecido como mujer, que mis emociones y sentimientos han madurado. He comprendido la importancia de darles raíces y valores a estos niños desde la primera infancia”, reflexiona Carmen.
En este mes de la mujer, su historia es un recordatorio de que el amor, la paciencia y la dedicación pueden cambiar vidas. Su labor no solo construye el futuro de los niños, sino que también deja una huella imborrable en el corazón de toda una comunidad. Como Carmen y Yenci, hay miles de mujeres que con su entrega hacen del mundo un lugar más cálido y humano, demostrando que la verdadera educación y el cuidado comienzan desde el amor.


