En el aniversario de Barranquilla, el historiador Moisés Pineda compartió en entrevista exclusiva con Extra Noticias Radio una profunda reflexión sobre el rumbo de la ciudad. Con tono crítico pero esperanzador, el investigador invitó a mirar el presente y el futuro con optimismo, reconociendo las transformaciones que ha vivido la capital del Atlántico en las últimas décadas.
“Debo ser optimista porque si a la ciudad le va mal, a mí me va mal, y a mi familia y a mis nietos peor”, dijo Pineda, quien destacó la resiliencia que ha caracterizado a Barranquilla. En sus palabras, la ciudad ha pasado de una narrativa pesimista y autocompasiva a una visión más ambiciosa y positiva, que impulsa el desarrollo y la superación de viejos complejos.
El historiador hizo un llamado a superar el “miserabilismo” con el que tradicionalmente se ha retratado a Barranquilla, esa idea de una ciudad corrompida y condenada al fracaso. En cambio, propuso abrazar la utopía como motor de cambio. “Mientras exista la utopía habrá gente que luchará por conseguirla”, afirmó.
Uno de los puntos clave de su análisis fue el redescubrimiento del río Magdalena como eje estructurador de la ciudad. Pineda cuestionó el antiguo discurso de que Barranquilla había sido construida de espaldas al río, señalando que esa narrativa respondía a intereses mezquinos y no a una realidad histórica. A su juicio, fue la administración local de hace algunos años la que comenzó a desmontar ese mito.
La construcción del malecón, con sus hitos simbólicos como la Ventana al Mundo y la Aleta del Tiburón, marcó un punto de inflexión para los barranquilleros. Para Pineda, estos elementos sirvieron como polos que ayudaron a consolidar una nueva relación con el río: “estar frente al río, ir al río, disfrutar el río”, dijo, celebrando que cada vez más ciudadanos lo sientan como parte esencial de su identidad urbana.
No obstante, advirtió sobre los riesgos que podría implicar una visión desmedida del desarrollo inmobiliario en la franja costera. Hizo un llamado a los actuales administradores de la ciudad a frenar su “ánimo depredador en materia urbanística”, con la esperanza de que no se construya una cortina de edificaciones que bloquee el acceso y la vista al río, afectando también las condiciones climáticas del entorno.
En medio de esta fecha simbólica, Moisés Pineda nos recuerda que el futuro de Barranquilla no depende solo de sus gobernantes, sino también de la capacidad colectiva de imaginar, construir y defender una ciudad más humana, conectada con su historia, su entorno y su gente.


