Llegó la Semana Santa, y como es tradicional, también es tiempo para reflexionar, sobre las cosas que hemos hecho mal, pidiendo perdón al Ser superior, con el deseo y el compromiso de no volverlas a realizar, sin necesidad de que Cristo nuevamente por nosotros se tenga que hacer crucificar.
Algunos hacen retiros espirituales, alejándose de las tentaciones y del ruido mundanal, que los
acostumbra agobiar; para poder concentrar el pensamiento en lo que desean mejorar.
Otros de manera más divertida, prefieren descansar, recreando sus pensamientos en algún turístico lugar, donde también espacios para rezar pueden encontrar, y hasta admirar curiosamente los monumentos estáticos o dinámicos, que desean observar.
Por supuesto y no se puede negar, que después de los observados en las iglesias, los monumentos que mucha gente más prefieren mirar, están en la orilla del mar, dorados por el sol, y que acariciados por la brisa y la arena se dejan apreciar.
Rubias, trigueñas y morenas de diferentes procedencias, en las playas de Santa Marta y Cartagena se pueden encontrar.
Barranquilla ahora está a otro dar, con cosas que también sanamente se pueden disfrutar, como las playas y ofertas gastronómicas que ofrecen Puerto Colombia, Sabanilla, Puerto
Mocho y Salgar, entre otros sitios más, además del paisaje en el parque ecológico natural y la agradable brisa si por el Malecón del rio se desea caminar.
Pero la Semana Santa en Colombia, es conveniente saberla bien planificar y estar aguzados para realmente poderla disfrutar, por la serie de dificultades que se observan en la actualidad, provocadas por los altos precios de los bienes y servicios necesarios para turismear.
Parecen insuficientes las aerolíneas que permitan otros interesantes destinos visitar.
También se observan dificultades para por las carreteras transitar debido a los deslizamientos de terrenos; pero sobre todo la ola de inseguridad con accisentes y actos violentos que ahora suelen sorprender en cualquier lugar.
En esta Semana Santa, como que más bien es hora buena para reflexionar, y que cada quien medite y camine en la procesión que por dentro pueda llevar, soportando en hombros el martirio
de su propio calvario en la parroquia próxima a su hogar, o donde comodamente sus cuitas pueda disipar.
Los tiempos han cambiado. Hoy recuerdo aquellos viernes santos donde sobresalía el blanco y morado, como un triste y simple día casi nublado, que con el azúcar de los “rasguñaos” intentaban ser endulzados para suavizar los rostros amaragados.
Entonces solo se podía comer pan, pescado y en el mejor de los casos algún “vino consagrado”.
Ningún ruido estruendoso podía ser generado, para que solo los cuarenta latigazos recibidos por Jesús antes de ser sentenciado, y los martillazos que sobre los clavos en sus pies y manos fueron colocados; en la conciencia de los pecadores fueran escuchados y quedaran grabados; para que no se olvidara, que por el hombre, “el hijo del hombre”, fué crucificado.
El concepto del ayuno en Semana Santa ahora para bien es menos rígido y mejor intrepretado.
No es justamente dejar de comer algo que te ha gustado y preferir solo pescado.
Es más bien hacer un sacrificio y desprenderte aunque sea transitoriamente de algo que te ha tenido amarrado y ofrecerlo para bien de otro quien realmente lo haya necesitado. En ese sentido, podría ser un cambio de actitud o hasta un simple bocado.
Realmente, la Semana Santa también es la oportunidad, para despertar la piedad, por aquellos que tal vez inducidos por una falsa verdad, están viviendo su propio calvario, por perniciosa terquedad o vanidad.
Ojalá que en esta Semana Santa no falte la oración incluyendo a los demás, aquellos que sufren sin piedad, y se despierte en muchos, el espíritu de la verdadera compasión y la bondad.
Felíz Semana Santa.
Por
José R. Múnera N.


