Lo que parecía ser un respiro para la familia de Lyan José Hortúa, el niño secuestrado en Jamundí durante más de dos semanas, terminó en una nueva tragedia. Horas después de confirmarse su liberación, la violencia volvió a golpear a sus allegados: Antonio Cuadros, familiar de Lyan, quien habría gestionado el pago exigido por los secuestradores, fue asesinado en Cali. El hecho ha causado consternación en una comunidad que apenas empezaba a recuperar la calma tras la angustia vivida.
El crimen ocurrió en la mañana del 22 de mayo, en el barrio Bretaña de la capital vallecaucana. Según los reportes iniciales, Cuadros fue atacado a tiros por desconocidos mientras se encontraba dentro de un vehículo y compartía una comida con una mujer de 52 años, quien resultó herida en el atentado. El CTI de la Fiscalía asumió la investigación para confirmar plenamente su identidad y establecer las causas del asesinato.
La noticia ha despertado temor e indignación, no solo por la cercanía al caso del menor liberado, sino también por lo que representa para quienes se atreven a intermediar con estructuras criminales. “Con Antonio levanté mi voz por la liberación del niño”, lamentó el personero de Cali, quien además advirtió sobre el estado de vulnerabilidad en el que queda la familia de Lyan, que ahora vive con miedo constante por su seguridad.
Este nuevo acto de violencia pone sobre la mesa las dificultades que enfrentan las víctimas indirectas de delitos como el secuestro y refleja los peligros de vivir en zonas donde el crimen organizado impone sus reglas. La historia de Lyan, que pudo haber terminado con esperanza, se ha visto empañada por la muerte de un hombre que, según su entorno, solo intentaba ayudar.


