Anibal DLuys Polo y Jaime Vides son sucreños y los une no solo el conocimiento sobre las corralejas sino el pensamiento diferente sobre qué se debe hacer con ellas, luego de la tragedia que se presentó en El Espinal, Tolima donde fallecieron cuatro personas y 300 resultaron heridas al colapsar una porción del palco de madera durante el espectáculo, colmado de espectadores.
Jaime Vides explicó que a pesar de lo que ocurrió en El Espinal, en Sucre se siguen realizando fiestas con corralejas no solo en municipios sino en corregimientos. De hecho, este fin de semana que pasó, se realizaron varias. “La corraleja es un acto bestial, donde se enfrenta el hombre y la bestia que es el toro y casi siempre es la bestia la que triunfa sobre el hombre. Nunca he visto a un torero, mantero o garrochero meterse en la corraleja a matar un toro, pero si he visto morir personas bajo las astas de las bestias o sea del toro. Eso sí es un acto bestial”, anotó el periodista.
Recordó que en 1980 murieron en una corraleja más de 500 personas y alrededor de 1.500 heridos. “A raíz de esa situación, las fiestas se paralizaron durante 17 años y volvieron a realizarla, pero las suspendieron nuevamente. En enero pasado la volvieron a realizarla, pero eso se convirtió en una empresa de cuatro o cinco propietarios que invierten en la construcción de la corraleja, en el arriendo de los toros, la contratación de las bandas musicales y el permiso que debe otorgar el alcalde”.
Para este periodista, las corralejas han sido malignas para la sociedad sucreña porque nadie asume el costo de las vidas de las personas que las pierden. “De los que murieron en el año 1980, el Municipio todavía debe 3 mil 500 millones de pesos al Ministerio de Hacienda, que asumió la indemnización de algunos familiares que demandaron al Estado, al Municipio y a la Nación”.
“El concepto de corraleja lo veo desde el enfoque conceptual, donde se reconoce más la actuación de un toro que de una persona porque el dueño de un toro gana un millón de pesos por cada persona que mate el animal, en cambio un músico de banda se gana 500 mil pesos durante los seis días de corraleja. Estamos valorando más la actuación de un toro que de un ser humano, por eso no podemos seguir realizando actos barbaros que son violentos bajo la sombra de que es un acto cultural”, señaló.
Anibal DLuys Polo, por su parte, dijo que: “Hay que reconocer con vergüenza propia que hemos sido incapaces de conservar una tradición que debió haberse mantenido en su proyección sana, en la que el hombre habituado al toro entraba a jugarle la suerte. Pero no fue así. La situación se fue degradando”.
“¿En qué momento fue la actividad recibió una puñalada mortal?”, preguntó. En el momento en que la política se metió en ella y en Sincelejo, capital mundial de la corraleja, los espacios se convirtieron en un botín político”.


