En el complejo escenario de la propiedad horizontal en Colombia, se ha venido presentando una preocupante desvalorización del rol que ejercen los administradores y capacitadores. Estos profesionales, a pesar de ser piezas clave para el buen funcionamiento, la seguridad jurídica y la formación integral de las comunidades, han sido sometidos a presupuestos irrisorios, a exigencias desproporcionadas y, en muchos casos, a una invisibilización del valor real de su labor. Este artículo es un llamado profundo, respetuoso, pero contundente, a la conciencia profesional y colectiva: no regales tu trabajo.
Cada administrador de propiedad horizontal, cada capacitador que forma líderes comunitarios, ha recorrido un camino largo de formación, actualización y experiencia práctica. La gestión normativa, contable, financiera, jurídica, operativa y humana que implica administrar una copropiedad no es un asunto menor. Lo mismo aplica para quien desarrolla una capacitación técnica o jurídica, donde se requiere dominio temático, pedagogía, y, además, recursos logísticos.
Regalar estos saberes bajo la lógica de la “solidaridad” o del “apoyo a la comunidad” no solo degrada la profesión, sino que genera un precedente peligroso: el de la banalización del conocimiento. Nadie regala su conocimiento en medicina, derecho o ingeniería. ¿Por qué debería hacerlo un administrador o un capacitador? Profesionalizar la propiedad horizontal empieza por respetar el tiempo, el esfuerzo y el contenido de quienes la hacen posible.
Con frecuencia, los miembros de los consejos de administración elaboran presupuestos anuales bajo una lógica de “ahorro” que termina siendo perjudicial para la copropiedad. No se puede hablar de optimización de recursos cuando se recortan los honorarios de quien tiene a su cargo el mantenimiento de la paz, la legalidad y la funcionalidad del conjunto.
Este mal enfoque no solo empobrece el rol del administrador, sino que abre la puerta a gestiones precarias, improvisadas, sin formación ni ética. Un administrador mal pago difícilmente podrá asumir las exigencias de la Ley 675, del SG-SST, de la DIAN, de los entes de control, y al mismo tiempo responder con eficacia ante emergencias, conflictos internos y la operación cotidiana. Lo barato, en propiedad horizontal, casi siempre sale caro.
Organizar una jornada de formación requiere planificación, recursos y profesionalismo. Quienes dictan seminarios, foros o charlas, no solo invierten su conocimiento, sino tiempo en investigación, presentación, desplazamientos, pago de materiales, alquiler de escenarios y en muchos casos, producción audiovisual.
Cobrar tarifas mínimas por esas actividades no representa apoyo a la comunidad: representa abuso. Y cuando los consejos de administración esperan que esas capacitaciones sean “gratuitas” o que se hagan “por amor al arte”, están desconociendo que la formación de calidad se paga. Solo así se construye una comunidad empoderada, conocedora de sus derechos y deberes.
El ahorro real no consiste en reducir honorarios o cancelar capacitaciones. El verdadero ahorro está en la prevención de demandas, en la reducción de conflictos, en la eficiencia en el gasto, en la evitación de sanciones legales. Todo esto solo es posible con administradores y capacitadores altamente calificados y, por supuesto, bien remunerados.
Los conjuntos que presumen de gastar poco en administración suelen enfrentar rotación constante de personal, baja ejecución presupuestal, quejas constantes y pérdida de valor en el mercado inmobiliario. ¿Eso es lo que realmente quiere una comunidad?
Es urgente un cambio de paradigma. Administrar una copropiedad debe ser visto como una actividad estratégica, de alta responsabilidad, que exige formación continua, liderazgo y visión. Lo mismo aplica para quienes forman a estos líderes. Mientras no se valore lo que aportan estos profesionales, la propiedad horizontal seguirá siendo vulnerable a la improvisación, el conflicto interno y la falta de crecimiento.
Dignificar el trabajo profesional no es solo pagar bien. Es generar contratos claros, exigir estándares éticos, y propiciar condiciones de respeto mutuo, transparencia y confianza.
Este no es un simple mensaje. Es una advertencia firme y un llamado urgente a todos los actores de la propiedad horizontal: basta de regalar el trabajo. Porque cuando un administrador acepta un salario paupérrimo, está diciendo que su experiencia no vale. Y cuando un capacitador acepta una tarifa simbólica, está diciendo que el conocimiento no cuesta. Pero ambos mensajes son falsos. Y peligrosos.
No se compró un apartamento en un hotel. Se compró en una copropiedad residencial, donde deben primar la seguridad, la tranquilidad, el orden y el respeto. Eso solo se logra con gestión profesional y educación comunitaria de alto nivel.
El administrador y el capacitador no son un gasto. Son una inversión. Y como toda inversión estratégica, debe planearse con criterio, con justicia y con dignidad.
Porque cuando tú no regalas tu trabajo, le estás enseñando a los demás a valorarlo.
Escrito por:
Jorge Enrique Hernández Alonso


