Estoy confundido y desesperado al ver como pasan mis días cargados de experiencias que he acumulado. Muchas han sido crudas y otras que, con buen calor, salsa y sabor he cocinado.
Pero el desespero es por el tiempo que parece no haberme alcanzado, para todo lo que más hubiera querido dar o hubiere anhelado.
La vida es engañosa y a veces una quimera traicionera, cuando te induce a celebrar sumando cada año la existencia de gozosa manera, y sin darte cuenta que, algebraicamente te lo va restando, observando que al final de los años, todo ha sido una aventura pasajera.
Es que, como el tiempo, la “vida también vuela”.
Depronto me encuentro conduciendo el vehículo del destino, mirando por el retrovisor el camino recorrido, valorando lo conseguido, o tal vez lamentando lo perdido.
A cierta edad, ya un balance podría ser sin oportunidad de ajustes que permita corregir el rumbo para lograr el resultado que tal vez hubiera preferido. Aunque no me arrepiento de lo vivido y estoy satisfecho con los frutos de mi cultivo.
Cuánto diste y cuánto recibiste, es el estado de pérdidas y ganancias en la empresa de la vida, donde el amor sin ánimo de lucro ha sido el principal activo productivo y el afecto con buenos recuerdos, la mejor utilidad del periodo cumplido.
Hago un análisis retrospectivo sobre las cosas que he tenido, de las materiales que he conseguido y/o perdido, y hasta las intangibles que con la imaginación creando fantasías un buen tiempo he invertido.
Entonces me atrevo aseverar que realmente en la vida todo es vanidad; que todo lo que se haga o deje de hacer pareciera no conducir a nada.
Se vive con la supuesta esperanza de alcanzar al final un bienestar en paz, que nos permita una
digna muerte, contando con quien tu ausencia pueda extrañar y al menos una lágrima pueda derrarmar; la que el mismo tiempo se encargará de borrar, como la ola atrevida que con fuerza se acerca a la playa y en su orilla inmediatamente la absorbe la arena y el sol termina de secar.
El envanecimiento, la arrogancia, la jactancia, el vanagloriarse, la soberbia, el engreimiento, la altivez, la altanería, el orgullo, la petulancia, la pedantería y la fatuidad, son los defectos que determinan la vanidad.
El día del amor y la amistad, diferente al de San Valentín, que en otra fecha y lugares se ha de celebrar, es la oportunidad que mercantil o comercialmente se ha escogido para demostrar con algún gesto benevolente que tan amorosos o amigables somos para agradar a alguien más.
El problema es tener que definir con un precio el valor que representa el detalle con el que se quiera agradar, lo cual determina la vanidad.
“Todo es aflicción en esta vida, mentira y vanidad” canta el Bobby Cruz, y creo que es verdad, por lo que nos invita a buscar las cosas de arriba, porque las de acá abajo todas son vanidad.
Sin embargo, vanidad con vanidades se puede compensar para en las cosas del amor y la amistad emparejar en nuestro mundo terrenal, pero considerando que no solo igualando o superando el precio, su valor deba importar.
Pero como también lo cantan El Bobby & Richie Ray; en el tema ” Toma y dame”, si te dan papa con bacalao, ¿porqué no corresponder aunque sea con un poco de ñame?.
Claro que si realmente crees que nada se puede dar, debemos recordar que, en esta vida nadie es tan rico, que nada no pueda necesitar; ni tan pobre que al menos un saludo o una sonrisa no pueda regalar.
Por supuesto que en este mundo historial también hay tacaños, que aún recibiendo y pudiendo dar, lo piensan dos veces para algo regalar y eso si es un defecto natural.
Vanidad de vanidades decía el predicador…y tenía razón.
¡ FELÍZ DÍA DEL AMOR Y LA AMISTAD !
Por
José R Múnera N.


