Barranquilla - 11 de abril de 2026
ExtraNoticias
Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Inicio
  • Primer plano
  • Inteligencia Artificial
  • Económicas
  • Cuadro de Honor
  • Política
  • Región caribe
ExtraNoticias
  • Inicio
  • Primer plano
  • Inteligencia Artificial
  • Económicas
  • Cuadro de Honor
  • Política
  • Región caribe
Sin resultados
Ver todos los resultados
ExtraNoticias
Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Inicio
  • Primer plano
  • Inteligencia Artificial
  • Económicas
  • Cuadro de Honor
  • Política
  • Región caribe

Genialidad y maldad

RedacciónPor: Redacción
11 noviembre, 2025
El viejo y sus cosas viejas

Más noticias

La gotera
Columna de opinión

La gotera

11 abril, 2026
Cuando ellos tienen el control
Columna de opinión

Ese ‘no sé qué, no sé dónde

9 abril, 2026
Share on FacebookShare on Twitter

En Colombia están sucediendo cosas que, no obstante el aparente nivel académico que están recibiendo las nuevas generaciones, no dejan de preocupar. También es lamentable encontrar adultos mayores que, de alguna manera, han sido testigos indirectos y otros hasta presenciales de grandes calamidades en la historia de nuestra sociedad, y que tampoco han sido capaces de informar bien a sus hijos sobre la realidad. Hoy, muchos de ellos se atreven a señalar, calificar y hasta descalificar sin la pena de revictimizar a quienes vivieron el holocausto del Palacio de Justicia, perpetrado por una organización terrorista auspiciada por un personaje reconocido en el mundo como el “Patrón del mal”: Pablo Escobar.

Lo que se pretendía entonces era tomarse el poder por la vía armada, para de alguna manera frenar el proceso de extradición de reconocidos narcotraficantes hacia Estados Unidos. Belisario Betancur, un presidente romántico, más poeta y escritor que político o administrador, no fue competente para evitar con una actitud más diligente que, con la retoma del mismo Palacio por parte de los militares, muriera y desapareciera tanta gente inocente.

Eran otros tiempos, cuando las comunicaciones aún no habían alcanzado el nivel tecnológico de hoy, y quizá habrían dejado mejores evidencias. Sin embargo, aún viven sobrevivientes de aquella cámara ardiente e hijos de magistrados sobresalientes que heredaron el oficio de sus padres, y que hoy tienen la autoridad para hacer los comentarios más veraces sobre semejante barbaridad.

Los jóvenes de entonces, algunos confundidos y sorprendidos, y otros envalentonados por ideologías, veían por televisión o escuchaban por radio lo que en el Palacio de Justicia estaba ocurriendo, mientras yo estaba atento en una clínica de Barranquilla al nacimiento de mi hijo Fernando. Los fascinados con lo que sucedía eran, en su mayoría, jóvenes estudiantes de universidades e instituciones públicas, admiradores de las hazañas del grupo subversivo M-19, que antes se había “lucido” con la toma de la embajada de República Dominicana, secuestrando a 17 embajadores. Esas espectaculares intervenciones alimentaban las fantasías revolucionarias que estaban de moda en Colombia, copiando las aventuras políticas de otras naciones.

Las paredes de las universidades eran lienzos para pintar a los líderes revolucionarios que hacían propuestas ideológicas con el fin de alcanzar un mundo progresista. Circulaban comerciales sociales y consignas de diferentes corrientes comunistas que señalaban cuál era el mejor personaje a emular. Los más populares eran Fidel Castro, el Che Guevara, Mao, Lenin y el aparente ser supremo Karl Marx, quienes se convirtieron en íconos vanidosos que hasta en camisetas y calcomanías solían mostrarse con orgullo.

La paz, ahora tan anhelada, entonces solo era un símbolo hippie con un círculo y tres líneas en su interior, creado por Gerald Holtom para protestar contra las armas nucleares. La Biblia comunista era El Capital de Karl Marx, que tal vez la mayoría de los jóvenes no habían leído ni comprendido en su totalidad, y se conformaban con el manual de Economía Política de Nikitin de la editorial Oveja Negra para aparentar conocimiento.

Se visionaba un sistema socialista que ofreciera un nuevo y mejor estilo de vida, capaz de acabar con la corrupción y la enorme brecha social. Aún no existían las redes tecnológicas de hoy que permitieran ver, en tiempo real, los resultados de los países que habían adoptado el socialismo, para corregir defectos a tiempo y evitar que el remedio resultara peor que la enfermedad.

La corrupción, con nuevo estilo, no ha dejado de campear, y al parecer en nuestro país ya se tipifica como un fenómeno cultural. Gustavo Petro tendría alrededor de 25 años en aquella época, y con su nivel de conciencia política y cultural, quién sabe qué tanto habría podido aportar para ayudar a perpetuar semejante barbarie. Hoy, siendo presidente, se atreve a calificarla como una “genialidad”, además de ondear la bandera del M-19 en el Palacio Nacional. Esto no deja de ser una afrenta para todo el país y su constitucionalidad, pero especialmente para las víctimas, a quienes vuelve a revictimizar.

Entonces me he puesto a averiguar sobre el verdadero significado de “genialidad”, con la ayuda de la IA, encontrando que:

“Es la cualidad de extraordinario talento, ingenio e inteligencia para crear cosas originales y admirables, que se manifiesta en una capacidad singular para innovar y generar nuevas ideas.”

Pero, por la severidad del impacto terrorista y las consecuencias nefastas causadas, no me cuesta trabajo considerar que los procedimientos de la toma estaban cargados de mancomunada maldad, aunque, por supuesto, desarrollados con cierta “genialidad” para burlar al Estado.

La maldad se define con factores como el egoísmo, el maquiavelismo, la ausencia de ética, el narcisismo, el derecho psicológico, la psicopatía, el sadismo, el interés social, la malevolencia, el embusterismo y la manipulación. Prácticas que, cuarenta años después de la toma y retoma del Palacio, todavía se observan, guardando las proporciones, en otros escenarios del país.

Realmente, la “genialidad” y la “maldad” no están intrínsecamente ligadas, aunque la inteligencia puede facilitar la comisión de actos malvados de forma más sofisticada. Algunas teorías sugieren que una mayor inteligencia permite a los individuos ser más perversos y engañosos; otras señalan que la maldad está presente en todos los niveles intelectuales y que, a veces, la ignorancia induce a estupideces que causan daño, sin que exista una intención malvada como tal.

En el contexto bíblico, la “estupidez” no se refiere a la falta de inteligencia, sino a la insensatez moral de despreciar la razón y vivir en contra de las normas de Dios. La maldad, en cambio, es una opción y una manifestación de poder para hacer daño, y no un síntoma directo de genialidad.

Se esperaría que las nuevas generaciones y especialmente las que hoy juegan un papel importante en la política y la administración del país tengan un verdadero pensamiento crítico al estudiar, con capacidad de analizar y evaluar la información sobre la historia y los procesos políticos de Colombia. Solo así se podrán sacar conclusiones fundamentadas y evitar que eventos como el holocausto del Palacio de Justicia vuelvan a presentarse.

Entonces, no fue una “genialidad”: fue una barbaridad cargada de mancomunada maldad.

Te puede interesar

La gotera

Ese ‘no sé qué, no sé dónde

Un debate que no conduce a nada

ExtraNoticias

© 2013-2026 Derechos reservados a ExtraNoticias

Todo el contenido de ExtraNoticias

  • Inicio
  • Primer plano
  • Inteligencia Artificial
  • Económicas
  • Cuadro de Honor
  • Política
  • Región caribe

Síguenos en nuestras redes sociales

¡Bienvenido de nuevo!

Inicie sesión en su cuenta a continuación

¿Contraseña olvidada?

Recupera tu contraseña

Ingrese su nombre de usuario o dirección de correo electrónico para restablecer su contraseña.

Iniciar sesión

Agregar nueva lista de reproducción

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Inicio
  • Primer plano
  • Inteligencia Artificial
  • Económicas
  • Cuadro de Honor
  • Política
  • Región caribe

© 2013-2026 Derechos reservados a ExtraNoticias

: 0