En medio de la alegría que representa la temporada navideña, hay una amenaza silenciosa que cada año cobra víctimas: el uso indebido e irresponsable de la pólvora. A pesar de las campañas de sensibilización y las múltiples advertencias emitidas por las autoridades, los resultados siguen siendo desalentadores.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud, tan solo el pasado 8 de diciembre, durante la tradicional Noche de las Velitas, se registraron 172 personas lesionadas por pólvora en Colombia, de las cuales 86 casos se presentaron en Bogotá. Lo más alarmante: 14 de esos casos fueron menores de edad que se encontraban en compañía de adultos en estado de embriaguez.
En el panorama nacional:
– Antioquia reportó 47 quemados.
– Bogotá, en otro corte, registró 18 casos.
– Cauca, 16 casos.
– Cundinamarca, aunque con menor afectación, tuvo 9 lesionados.
Estas cifras no solo son preocupantes; son una alerta que no podemos ignorar. La vida de cientos de personas se ha visto afectada por una práctica peligrosa, evitable y completamente innecesaria.
La responsabilidad es de todos, pero especialmente de los adultos. No hay justificación válida para permitir que los niños tengan acceso a la pólvora. Los adultos debemos ser ejemplo, guía y protección. Consumir licor y permitir que un menor use pólvora es una falla gravísima, que además puede tener consecuencias legales por poner en riesgo la integridad de un menor.
Los hospitales, como el Simón Bolívar en Bogotá, ya alertan sobre la posible saturación de sus servicios en las noches del 24 y 31 de diciembre, y durante los puentes festivos de enero. Evitar más tragedias está en nuestras manos.
Llamado a la propiedad horizontal y a los administradores. Desde este espacio también se hace un llamado firme a todas las administraciones de copropiedades, conjuntos residenciales y condominios en el país, para que tomen medidas preventivas reales que ayuden a evitar el uso de pólvora en sus instalaciones:
1. Prohibir expresamente el uso de pólvora dentro de zonas comunes, salones sociales y espacios residenciales.
2. Emitir circulares y comunicados internos informando los riesgos y las sanciones.
3. Instalar avisos visibles en zonas de alto tránsito (porterías, ascensores, zonas sociales).
4. Usar canales de comunicación digital (redes sociales, WhatsApp, correo) para multiplicar el mensaje.
5. Reportar a las autoridades cualquier conducta riesgosa.
Porque prevenir también es administrar bien.
Conclusión: Una fiesta segura es una fiesta feliz
Colombia no puede seguir naturalizando tragedias. Debemos cambiar la narrativa y fomentar celebraciones libres de pólvora, libres de tragedias, llenas de vida.
Invitamos a todos los ciudadanos a celebrar con luces, sí, pero luces de amor, de esperanza, de unión familiar. Que los niños disfruten, pero sin correr riesgos. Que los adultos celebren, pero con responsabilidad. Y que los conjuntos residenciales se conviertan en espacios de paz, no de emergencias.
La pólvora no es alegría, es peligro.
La tradición no puede estar por encima de la vida.
La fiesta es para todos, pero solo si la vivimos con responsabilidad.
¡Digamos juntos NO a la pólvora!
Escrito por:
Jorge Enrique Hernández Alonso


