En exclusiva con Extranoticias, Radio Tropical y Transmeca Radio, el abogado electoral Orlando Caballero, reconocido por su trayectoria y por liderar la firma Caballero Electoral, entregó varias precisiones sobre el proceso de inscripción a la Presidencia de la República mediante recolección de firmas. El jurista explicó los alcances, mitos y exigencias técnicas que rodean este mecanismo que cada vez toma más fuerza entre distintos aspirantes nacionales.
Caballero fue enfático en que las candidaturas inscritas por firmas no pueden “cantar victoria” por el solo hecho de superar ampliamente los apoyos requeridos. “Las firmas son un requisito procedimental (…) pero no hacen ganadora a la persona que reúna el mayor número”, afirmó. Como ejemplo, recordó que en su momento Germán Vargas Lleras presentó cerca de 5,5 millones de apoyos, pero aun así terminó perdiendo la elección presidencial. Para el abogado, los votos reales “son los de los ciudadanos de carne y hueso” el día de las urnas, no los consignados en las planillas.
El experto también detalló los tiempos que tiene la Registraduría Nacional para depurar las firmas presentadas por los distintos grupos significativos de ciudadanos. Según explicó, la entidad cuenta con un plazo máximo de 60 días para emitir un concepto técnico sobre la validez de los apoyos. Para esto, se activa un complejo operativo logístico que incluye el arriendo de pabellones y la contratación de cientos o incluso miles de funcionarios encargados de revisar uno a uno los formularios.
Dentro del proceso de verificación, los equipos técnicos deben confirmar que cada apoyo cumpla requisitos como veracidad, coincidencia de la huella con la cédula, y la inscripción del firmante en el censo electoral nacional. Caballero destacó que todos los datos deben ser diligenciados “de puño y letra propio” por el ciudadano que brinda su apoyo. Ese punto resulta clave, pues cualquier irregularidad en la caligrafía o repeticiones evidentes puede derivar en la anulación de las planillas.
El abogado explicó que la recolección de firmas inicia con la conformación de un comité inscriptor de tres personas, entre ellas un vocero, que formaliza la candidatura por apoyos ciudadanos. Una vez el proceso avanza, el grupo significativo recibe un nombre, un logo y un eslogan, que acompañan las planillas oficiales expedidas por la Registraduría. Dichos formularios incluyen casillas específicas para nombres, apellidos, número de cédula, huella y firma, elementos obligatorios para validar cada respaldo.
Caballero señaló además que las firmas pueden ser recolectadas en cualquier parte del territorio nacional, dado que el censo para la elección presidencial es nacional. Esto facilita la participación ciudadana, pero al mismo tiempo exige controles más rigurosos para evitar apoyos falsos o repetidos. Cada número de cédula debe estar ligado efectivamente al censo y la huella debe corresponder a esa identificación, lo que garantiza la legitimidad del proceso.
Finalmente, el jurista concluyó que la recolección de firmas es un ejercicio democrático valioso, pero que debe entenderse como un paso previo y estrictamente procedimental, no como un indicador real de fuerza electoral. El proceso, insistió, depende de un estricto filtro técnico que determina qué apoyos son válidos y cuáles deben ser anulados. “Las firmas no definen una elección”, reiteró Caballero, recordando que el verdadero respaldo se mide en las urnas.


