TIRSO SCHEMELL. Entrando al centenario de la estructura procesional de la Batalla de Flores.
Por: MOISES PINEDA SALAZAR.
Con la Epifanía, acaban los tiempos de la Navidad.
Según la edición del Diario del Comercio del 9 de Enero de ese año, fue en un 6 de Enero de1927 cuando los Frailes Capuchinos de la Iglesia del Rosario organizaron un desfile de Carrozas Alegóricas al modo de la tradición española de “La procesión de los Reyes Magos”.
En una carroza, abriendo la procesión, iba “La Estrella del Nacimiento”.
En la siguiente iba el Angel que anunció el Nacimiento de Jesús.
En una tercera iba un grupo de pastores con sus carneros a falta de ovejas.
Le seguía la Carroza decorada como La Gruta de Belem donde José y María, embebidos, cuidaban al Niño Dios.
Detrás de esa carroza, iban los Tres Reyes Magos cabalgando briosos corceles.
Un carromato transportando regalos, cerraba el desfile.
Entre una y otra carroza iban los frailes con grupos de niños y jóvenes cantando villancicos acompañados por acordeones, violines, vihuela y un armonio.
A las 4 de la tarde salió el bullicioso desfile desde la Iglesia del Rosario- Convento de Los Capuchinos- sita en el Callejón al que daba su nombre y tomó rumbo a la del Sagrado Corazón ubicada en lindes del Callejón de La María.
Por esa vía, subió hasta la que fue residencia del Cónsul Alemán- frentera al Teatro Apolo- en donde por entonces vivía toda la familia de Don Tirso conformada por una veintena de miembros entre hermanos, cuñados, hijos y sobrinos. Tal el tamaño de ese palacete que hoy está abandonado luego de haber sido durante más de treinta años una funeraria, lugar de lloros y velatorios para las elites barranquilleras.
Allí, los niños fueron atendidos por Doña Elvira, la matrona, con dulces y refrescos antes de partir hacia el “Oratorio del Tanque”- donde hoy se levanta la Catedral de María Reina- lugar de donde bajaron por el Callejón del Rosario hasta el sitio de partida.
Llegaron cuando había anochecido y allí los tres Reyes Magos entregaron regalos a la bullanguera batahola de párvulos que habían participado en la Procesión.
Aquel desfile con carrozas, música, bailes y cantos fue financiado, a instancias de su madre que era católica, con dineros de Don Tirso Schemell, un empresario Judio, oriundo de Curacao, que con Ernesto Cortissoz lideraba el floreciente proceso fabril y comercial que colocaba a la Ciudad de Barranquilla en la condición de primerísima entre las urbes colombianas.
Semanas después, Don Tirso, aprovechando la experiencia vivida y en su condición de “Dictador del Carnaval”, con el apoyo del Alcalde procedió a unificar en una sola todas las Batallas de Flores que se acostumbraban en la ciudad cuando en tiempos de carnaval, en grupos de coches de sangre, en carros automotores y a pie, los carnavaleros se citaban en diferentes puntos de la ciudad para lanzarse aguas, serpentinas, confetis, harinas y hasta huevos podridos en algazaras tenidas por inciviles.
A fectos, el Alcalde y El Dictador establecieron una fecha, hora de salida y un recorrido comunes para todos los participantes al igual que tres puntos en los que se efectuarían “los combates”.
En esa ocasión, aquellos fueron el Paseo Colón, la Calle de Jesús entre los Callejones del Progreso (Pacho Palacio) y Veinte de Julio (California), para tener el último lance en el del Mercado (Esteban Márquez) frente al Club Barranquilla.
Igualmente, se anunció un Concurso de Carrozas en el que el lujo, el ingenio y el arte serían evaluados por un Jurado que otorgaría premios munerarios a las más destacadas entre los carromatos engalanados.
Esa noticia trajo consigo que apareciera en el Diario del Comercio, una oferta de de empresarios que alquilaban carros, góndolas (buses) y camiones para que artistas, que también anunciaban sus servicios mediante pago, los decoraran para participar en la Batalla de Flores del Carnaval de 1927.
Al modo de Mordechai en las Fiestas Judias del Purim, Don Tirso Schemell, Dictador del Carnaval, acompañó en la Jarana a la Reina de Carnestolendas- Rebeca Donado Ucrós- tradición que, luego de sosas Presidentas, Sultanas y Capitanas, él y Ernesto Cortissoz habían recuperado en 1923.
Desde entonces y por muchos años, las Reinas del Carnaval de Barranquilla serían sacadas de las canteras sefarditas de “La Estrella de la Caridad” a la que pertenecían las hermosas que serían elegidas herederas de la Reina Esther siguiendo las tradiciones Judías de las Fiestas del Purim y la Batalla de Flores fue una sola en continuación del Desfile de Reyes Magos en la costumbre de la España morisco-andaluza.


