Barranquilla es tu ciudad, la que siempre te brinda una sonrisa, y la que a uno mismo, muchas vainas nos producen risa.
“Las esquinas son, son, son”, como canta Ismael Miranda, iguales en todos lados.
Es que en cualquier esquina es común encontrar individuos que tratan con facilidad temas de especial importancia sin ningún cuidado; los que otros, para poderlos manejar con responsabilidad, han tenido que hacerse profesionales, complementando sus estudios con posgrados y hasta doctorados.
Esto me hace recordar a una persona de relativo acercamiento familiar y baja formación académica, que como canta El Gran Combo en una popular canción, “se levantaba bien temprano por la mañana, se daba un baño, se perfumaba, se comía un buen desayuno y no hacía más na’”. Pero tenía un estilo particular, que cuando hablaba lo hacía con tanta seriedad y propiedad, aparentando en la materia ser una autoridad con la que lograba descrestar.
Pero este realmente sí hacía algo: se leía toda la prensa, leyendo hasta las esquelas, para luego salir acelerado, como si fuera atrasado, y en una esquina del barrio dictar una conferencia, donde otros menos ilustrados escuchaban, como en un noticiero, todo lo que el fulano, de lo leído en el periódico, a su manera había interpretado.
Realmente a lo que me quiero referir es a la manera como en nuestro medio, en las esquinas y ahora más por las redes, muchos con aparente autoridad intelectual se refieren para calificar o descalificar los asuntos financieros del Estado.
Yo también, como esquinero, a veces me atrevo a comentar sobre algunos asuntos de la economía de la manera más elemental, porque modestia aparte, soy egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de una universidad, y aunque me he desempeñado en otras disciplinas, hay conceptos que no he podido olvidar.
SOLIDEZ
Es la capacidad económicamente estable de una persona o una empresa para cumplir con sus obligaciones financieras, que le permiten resistir alguna crisis o aprovechar oportunidades de mejoramiento. Esto se logra con una buena administración de los activos y pasivos.
La relación que hay entre los activos (lo que se tiene) y los pasivos (lo que se debe) determina la real solvencia financiera.
LIQUIDEZ
La liquidez de una empresa es la facilidad y rapidez con que un activo (dinero, acciones, bienes) puede convertirse en efectivo sin perder valor significativo, permitiendo cubrir gastos inmediatos o deudas a corto plazo.
El dinero en efectivo es el activo más líquido, mientras que bienes inmuebles o empresas pequeñas son menos líquidos porque requieren algún tiempo para venderse. Esto es importante para la salud financiera, porque indica la capacidad para afrontar obligaciones a corto plazo.
De hecho, el flujo de caja es el estado del dinero real que entra y sale de un negocio o cuenta personal en un período, mostrando la diferencia entre ingresos y gastos, para evaluar la salud financiera y la liquidez, es decir, si hay suficiente efectivo para pagar facturas y otros compromisos.
Entonces, una persona, empresa o el mismo Estado —que es la empresa más grande e importante del país— debe tener estas consideraciones básicas para la administración de sus recursos.
Se puede ser rico teniendo cosas y bienes de valor que de pronto no sean muy difíciles de mantener, pero se puede ser además “pobre” cuando esa riqueza sólida no la puedes disfrutar porque fácilmente no es posible darle liquidez, que es la forma de hacer su precio efectivo para resolver los asuntos inmediatos.
Entre otras vainas, un exceso de efectivo o dinero corriente en el mercado es inflacionario, por lo que el banco central también tiene que asegurar un encaje bancario, porque genera mayor demanda de bienes y servicios que los ofrecidos, lo que induce al productor —un tanto abusivo— a subir el precio de lo requerido.
Ahora, en términos metafísicos, “como es arriba es abajo”, para referirme a las cosas de los Estados.
Colombia y Venezuela, entre otros países, son ricos porque la naturaleza ha sido con ellos tan benevolente que otros hasta pueden envidiar. Son tan sólidos, pero con bienes y recursos que por falta de conocimientos técnicos o científicos no pueden fácilmente administrar.
Pero son tan pobres porque no tienen los medios mencionados que sí tienen otros países desarrollados, con los que pueden hacer alianzas para, en convenios de “gana-gana”, poder explotar sus riquezas, impulsando la economía para bien de toda la sociedad.
Entonces dejémonos de vainas y evitemos tanto bla, bla, bla, pensando que Colombia y Venezuela serán colonias de Estados Unidos, porque con esa actitud filosófica e ideológica de algunos, al final quedaríamos en nada, ya que por eso ni se trabaja ni se deja trabajar.
Los pueblos necesitan que su gente trabaje, venga de donde venga el “sano capital”, para que la economía realmente pueda prosperar y no vivir de migajas raspando la olla de los que sí lo hacen, pero que ya no pueden más.
¿Qué haría yo con tanto dinero si me ganara un Super Baloto y no lo supiera administrar? En alguien profesional tengo que confiar para invertir en algún negocio rentable que dé oportunidades a los demás.
Entonces sí sería “rico”, lo cual no es pecado; porque pecado sería si mi riqueza no la pudiera compartir con los demás, pero no regalando mi dinero en efectivo, es dando a otros la oportunidad de trabajar y ganarse un salario con dignidad.
Por lo anterior, insisto en que la base del progreso está en la educación, pero no solamente sobre humanidades para continuar con revanchas históricas por confrontaciones sociales. Lo ideal es que cada quien, en su especialidad, tenga con el fruto de su trabajo la oportunidad de ahorrar y con sus ahorros algún emprendimiento empezar.
Por ello, algo de economía y finanzas en el pénsum de sus respectivas carreras se les debe enseñar, y entonces sí puedan distinguir entre “capital financiero” y “capital social”, donde el “capital de trabajo” es fundamental. Esto es importante saberlo para administrar bien con conocimientos técnicos.
Esa es la ruta para que la economía pueda prosperar.
Si sientes que, aun teniendo casa, apartamento, carro, entre otros bienes, no tienes con qué pagar oportunamente tus impuestos u obligaciones, sencillamente estás “ilíquido”. Pero si la suma de lo que tienes y que sea tuyo (activo) es menor que todo lo que debes (pasivo), que es ajeno, patrimonialmente no tienes un carajo; es decir, estás quebrado.
Pero hay alarmas que permiten tomar acciones preventivas, como la del nivel de endeudamiento, que es un indicador financiero que mide la proporción de los activos de una persona o empresa que se financia con deuda, revelando qué tan dependiente es de terceros para sus obligaciones.
Se calcula comparando la deuda total con los activos totales o los ingresos. Una condición saludable es que la relación de la deuda sobre los activos sea menor que uno. Esa relación es clave para los administradores e inversionistas.
En el caso de las personas, la relación de los pagos mensuales de una deuda sobre los ingresos mensuales no debe superar el 35%.
En el caso de Colombia, su índice de endeudamiento, que al parecer tiene un techo del 71 % sobre el PIB según lo marca la regla fiscal, para el 2026 se proyecta en un 66 % del PIB según modelos econométricos. Su tendencia en los últimos años, por el incremento significativo, ha superado los niveles de prealarma y alarma, lo que mantiene preocupados a expertos analistas financieros.
Por
J.R. Múnera N


