Por Fausto Pérez Villarreal
Lo primero que leí de Amaury Pérez fue Lisandro, una biografía novelada tan ambiciosa como entrañable, dedicada al prolífico cantante, compositor y virtuoso del acordeón Lisandro Meza, hijo de El Piñal, corregimiento del municipio de Los Palmitos, otrora adscrito al departamento del Viejo Bolívar y hoy inscrito en el mapa territorial de Sucre. En esas páginas, Amaury no solo reconstruye una vida: le pone carne, ritmo y memoria a una figura esencial de la música popular colombiana.
Fue hacia 2016 cuando el libro vio la luz bajo el sello editorial Torcaza. Una obra que atrapa desde la primera página y avanza con el pulso de un acordeón bien templado. Dos años después coincidí con Amaury en un evento con motivo de la celebración de los cuarenta años de la Universidad de Sucre, institución que entonces tenía como rector a Vicente Periñán Petro. En esa ocasión, Lisandro Meza y Alfredo Gutiérrez, eximios exponentes de la música tropical colombiana, recibieron sendos doctorados honoris causa. Me correspondió recibir, en representación de Alfredo, la distinción, pues el maestro se encontraba de viaje. Allí también compartimos espacio y palabras con los escritores Alfonso Ramón Hamburger y Luis Ortiz Luna.
Desde entonces he seguido de cerca sus publicaciones y los contenidos que difunde en Facebook, atento a esa voz que se mueve con soltura entre la crónica, la ficción y la memoria cultural. Lo más reciente que leí de él fue el cuento El extraño, narrado en primera persona, incluido en la antología Los once de Calibán II, prologada por Adalberto Bolaño. En ese volumen dialogan, además, textos de Jorge Campo Figueroa, Jaime Cabrera González, Nadin Marmolejo Sevilla, Sara Martínez Vega, Clinton Ramírez, Guillermo Tedio, Aurora Montes, Ignacio Verbel Vergara, Martiniano Acosta y José Luis Garcés González.
Amaury Pérez Banquet es escritor, editor y periodista, pero antes que todo es un narrador marcado por la comarca. Nació en el corregimiento Las Palmas, a pocos minutos de Sincelejo, un paisaje donde la oralidad, la memoria y el pulso campesino moldearon tempranamente su mirada sobre el mundo.
Vio la luz el lunes 21 de septiembre de 1970, como si el calendario ya insinuara disciplina y persistencia. Desde muy joven entendió que la escritura no sería un pasatiempo sino un destino, una forma de ordenar el caos y darle sentido a la experiencia humana.
A los doce años ocurrió el deslumbramiento: el descubrimiento del poder de las palabras. Desde entonces, Amaury se asumió novelista, no como una etiqueta, sino como una vocación irrenunciable que fue afinando con estudio y rigor.
Realizó estudios intensivos en redacción de novela, guion cinematográfico y narrativa audiovisual, formación que se refleja en una prosa visual, dinámica y atenta a la construcción de escenas, diálogos y atmósferas.
Su debut literario llegó en 2005 con El Líder, una novela anclada en las raíces sabaneras, donde aborda la lucha por la tierra, la persecución de líderes sociales y las tradiciones campesinas. Fue una obra valiente, de fuerte contenido social, que marcó su entrada al panorama narrativo regional.
Seis años después, en 2011, publicó Coincidencias, un libro de cuentos donde ya se percibe un autor más consciente de los pliegues psicológicos de sus personajes y del azar como fuerza narrativa.
En 2012 apareció La maldición del cabaret, novela que profundiza en los claroscuros de la condición humana, seguida por La Bestia (2014), una obra de tono más áspero, donde la violencia y el instinto se convierten en ejes del relato.
El año 2015 trajo Clarena, una novela que confirma su madurez estilística y su interés por los conflictos íntimos, mientras que en 2016 publicó Reloj de arena, un nuevo volumen de cuentos donde el tiempo y la memoria funcionan como motores narrativos.
Ese mismo periodo fue decisivo con la aparición de Lisandro, su biografía novelada sobre el maestro de la música sabanera Lisandro Meza. Publicada bajo el sello Torcaza, esta obra confirmó su capacidad para entrelazar realidad y ficción con solvencia literaria.
Lisandro no es una biografía convencional: es una recreación narrativa nacida de entrevistas, recuerdos y fabulación consciente. Amaury escribió el libro con una clara proyección cinematográfica y televisiva, apostándole a una narrativa visual y rítmica.
El propio autor ha señalado que muchas escenas nacieron de la imaginación, porque —como todo novelista sabe— la verdad literaria no siempre coincide con la verdad factual, pero sí con la verosimilitud emocional.
En 2018 amplió su registro con Universidad de Sucre, 40 años, un trabajo de investigación que demuestra su versatilidad y su compromiso con la memoria institucional y cultural del Caribe.
Un año después, en 2019, publicó Más allá de los confines, novela que ahonda en los límites físicos y simbólicos del ser humano, consolidando una obra coherente y ambiciosa.
En 2020 regresó al cuento con Hay una mancha de sangre en la moneda, un libro de relatos incisivos, donde el dinero, el poder y la violencia se entrecruzan con crudeza.
Su producción más reciente en este género es Nido de alacranes(2025), obra que confirma su vigencia y su capacidad para incomodar y provocar al lector.
Amaury fue ganador del Portafolio de Estímulos de escritores sucreños con el libro Tras los pasos de Raskólnikov, reconocimiento que subraya su diálogo con la tradición literaria universal.
Además, tiene inéditas las novelas Efecto escarabajo y La ruta del caballo de ajedrez, títulos que anticipan nuevas exploraciones narrativas.
Su relación con lo audiovisual se materializa como director y productor de los cortometrajes Coincidencias y ¡Diles que no me maten!, así como director y libretista de la serie Así es el Caribe.
Desde la trinchera editorial, dirige Editorial Torcaza, un proyecto comprometido con la difusión de voces regionales y con la bibliodiversidad.
Amaury Pérez Banquet cree que los dones se reciben al nacer y que el suyo —la escritura— lo eligió desde temprano. Con cada libro invita a sus coterráneos a leer, imaginar y reconocerse, convencido de que la literatura no solo entretiene: también preserva la memoria y ensancha el horizonte de los sueños.
A continuación, la entrevista con Amaury Pérez Banquet, en la que el escritor se adentra en su obra, revela sus obsesiones narrativas y reflexiona sobre el oficio de contar historias desde el Caribe colombiano.
Amaury, nacer un lunes en Las Palmas, Sincelejo, parece ya un dato narrativo. ¿Qué peso tienen la memoria de la infancia y los paisajes afectivos de tus primeros años en la arquitectura íntima de tu escritura?
Desafortunadamente, la atmosfera gris en que deambula la muerte. Aún tengo la imagen viva del ataúd vacío, esperando su momento, en el zarzo del viejo caney de palma donde guindaban el tabaco. Luego llegó la muerte, de deslizó en la madrugada por el quicio de la puerta de madera, como para que nadie se diera cuenta. Yo apenas tenía tres años, pero me acuerdo muy bien del llanto de la gente. Mi abuela Lenor, la madre de mi padre había muerto. Cinco años después, volvió la muerte y se llevó a mi padre, y dos años más tarde a mi abuela Dolores, la madre de mi madre. De manera que antes de cumplir doce años, yo era un experto en velorios. Increíble, en un periodo de siete años, había visto partir a tres de mis seres querido. Después me llevaron para la ciudad y comencé a vivir una nueva vida. Eso quiere decir, que la memoria de mi infancia está ocupada con los tres ataúdes conque vistieron a mis seres queridos, y con el llanto de las mujeres de la casa. Y pues, como soy escritor y los escritores aprovechamos cada momento para escribir, esta parte triste de mi vida, está mi novela Más allá de los confines.
Tu obra transita con naturalidad entre la novela, el cuento y la investigación. ¿Sientes que cada género te exige una ética distinta de la escritura o los abordas desde un mismo impulso creativo?
Haruki Murakami, destacado escritor japonés, dice en el prólogo de su libro de cuentos Sauce ciego, mujer dormida: “Si escribir novelas es como plantar un bosque, entonces escribir cuentos se parece más a plantar un jardín”. Y tiene razón, para plantar un bosque hay que caminar más, trabajar más que para plantar un jardín. En mi caso, desde que decidí emprender este camino, el de ser escritor, me consideré novelista, soy de los que necesita bastante espacio para contar una historia. Sin embargo, luego de escribir mis dos primeras novelas, El Líder y La maldición del cabaret, hice el intento y le encontré el gusto al cuento. Dicho esto, te respondo la pregunta: Disfruto de manera diferente los tres géneros, los tres momentos. La investigación, la veo como trabajo de campo, donde hay más libertad, más oxígeno, menos presión. En la novela, necesito más intimidad para poder disfrutar lo que escribo, aunque sea un tema doloroso para mí. Ya en el cuento, es otro cuento, trato de relajarme más, quizá para descansar un poco del peso de las novelas que llevo encima. De hecho, casi todos mis cuentos más recientes, tienen cierta dosis humor.
En El Líder, tu primera novela publicada, ¿qué escritor eras y qué preocupaciones literarias te habitaban que hoy ya no te acompañan?
Creo que era un escritor que aún le faltaba leer mucho, aprender a novelar más. Era un escritor que también era banquero. Cuando escribí El Líder, yo era gerente del Banco Agrario de Colombia en San Pedro Sucre. Salía de mi casa a las 6:00 am y regresaba en la noche, cansado, agotado, estresado. Cenaba y apenas mis hijas se dormían, me sentaba frente al computador casi hasta la una de la madrugada. Fue un ejercicio difícil y agotador por mi condición de banquero, pero con todo y esodisfruté mucho escribir parte de la historia del pueblo donde nací. La lucha de tierras entre campesinos muy, muy pobres y terratenientes muy, muy ricos. Una de las preocupaciones que tenía cuando estaba a punto de terminar de escribir la novela era que ya se me habían agotado las ideas para escribir, que me quedaría con una sola novela. Hoy pienso todo lo contrario, hay tanto de que escribir que lo que hace falta es tiempo.
Varias de tus novelas —La Bestia, Clarena, Más allá de los confines— exploran zonas oscuras del ser humano. ¿Te interesa más el conflicto moral que la anécdota narrativa?
Yo creo, exploro de todo un poco, aunque tengo que reconocer que leer y estudiar a Dostoyevski, de la manera en que lo he hecho, me ha impulsado a meterme más en la oscuridad del alma, en encontrar el rostro de eso que está por ahí, que no se poder ver ni tocar, pero que atormenta al ser. Las tres novelas que mencionas: La Bestia, Clarena, Más allá de los confines, son historias que necesitaba escribir, que necesitaba parir para descansar, para poder continuar con mi vida. Y esa es la ventaja de nosotros los escritores, nos desahogamos haciendo arte. El mismo Dostoyevski hacía arte luego de una crisis epiléptica.
En Lisandro, ¿qué te interesaba más: contar la vida de un hombre concreto o narrar el espíritu de una época y de una tradición cultural?
Cuando a un escritor se le presenta un personaje como el maestro Lisandro Meza, uno debe aprovechar cada palabra, cada gesto, cada movimiento. De hecho, el silencio de un maestro abarca muchas cosas. Yo me considero afortunado, puesto que cuando decidimos escribir la novela sobre su vida y obra, el maestro tenía casi 80 años, era una leyenda viva de la música en Colombia. Estaba cargado de sabiduría, tanto musical como de vida. De manera que yo me aferré a esos casi ochenta años no solo para hablar de su vida, de su música y de los grandes colegas con los que coincidió, sino de la historia de su pueblo natal, de la historia de su región y de momentos importantes que acontecieron en Colombia; como, por ejemplo, el asesinato del Caudillo Liberal Jorge Eliecer Gaitán y la caída de las corralejas de Sincelejo el 20 enero de 1980. Hablar de Los corraleros de Majagual, de Alfredo Gutiérrez, de Calixto Ochoa y de Nacho Paredes entre otros.
¿En qué momento supiste que Lisandro no debía ser un ensayo ni una biografía convencional, sino una novela que respirara música, memoria y mito?
Lo supe desde el mismo momento en que me reuní con el maestro para llevar a cabo el proyecto. Un par de años atrás, exactamente el día de su cumpleaños, había escuchado una entrevista que Alfonso Hamburger le había hecho en la emisora Unisucre Fm. “Me gustaría escribir sobre ese señor”, me dije cuando lo escuché hablar con esa frescura tan natural. Después me encontré con Chane Meza, el hijo mayor de Lisandro, que ya había leído mi novela La Bestia y me dijo que andaban buscando un biógrafo para que escribiera las memorias de su padre. Me pidió que yo me encargara de esa tarea. “Gracias por la confianza, Chane, pero yo no soy biógrafo, yo soy novelista”, le dije. “Eso no importa, tu escribes sabroso y ya le hablé a mi papá de ti”. De manera que Chane me convenció para que fuera a Los Palmitos a hablar con el maestro. Luego de dos horas de conversación, le dije: “Maestro, yo no soy biógrafo, si usted me permite que escriba una novela sobre su vida y obra, comenzamos mañana mismo”. Lisandro le pidió a su hija que le trajera la botella de wiski que había dejado comenzada el día anterior. Sirvió dos tragos, brindamos y tras un silencio corto me respondió: “Pero si eso es lo que yo quiero, muchacho, una novela”. Desde ese día comenzamos una linda amistad, y, pues ya conocen el resultado.
Has sido premiado con el Portafolio de Estímulos de escritores sucreños por Tras los pasos de Raskólnikov. ¿Qué significado tuvo ese reconocimiento en tu trayectoria y qué validó, si es que validó algo, en tu oficio como escritor?
Significa mucho para mí. Uno porque resulté ganador del premio y eso incentiva a cualquier persona a continuar con lo suyo; en cierta manera es un medidor para saber que las cosas se están haciendo bien. Y dos, porque se trata de RodiónRománovich Raskólnikov, el personaje más significativo de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, el escritor del que más he aprendido.
¿Qué diálogo establece Tras los pasos de Raskólnikov con Dostoievski y con la tradición de la novela psicológica?
En realidad el libro que ganó el Portafolio de Estímulos es un largo ensayo sobre parte de la vida y obra de Dostoyevski. De hecho, el premio consistía en un monto económico y en la publicación del libro. Yo renuncié a la publicación del libro porque sentía que aún le faltaba algo, escribir sobre Dostoyevski no es cualquier cosa. Entonces me puse a revisar, a borrar y a reescribir. Cuando me vine a dar cuenta, estaba metido en una novela. Aún la estoy escribiendo. Se puede decir que Raskólnikov es una metáfora, es una excusa para hablar con más soltura sobre la tormentosa vida de su creador. Juan Rulfo decía: “Quien no haya sufrido no tiene derecho a escribir”. La ruta de Tras los pasos de Raskólnikov, es la ruta del sufrimiento; es decir, los tantos motivos que tuvo Dostoyevski para ser escritor. El hombre que fue condenado a muerte, que luego le perdonan la vida, pero que lo envían 8 años a la Kátorga de Siberia con criminales de verdad. El epiléptico, el jugador, el endeudado, el enamorado sufrido.
Como cuentista, en libros como Coincidencias, Reloj de arenay Nido de alacranes, ¿qué te ofrece el cuento que no te da la novela?
En los tres libros hay cuentos que también tocan lo profundo del ser. De hecho, los cuentos que le dan título a cada uno de esos tres libros, son de carácter psicológico, uno de ellos, Reloj de arena, se puede decir que es psiquiátrico. Pero en muchos cuentos, quisa en la mayoría, trato de buscar atmosferas con más luz, personajes menos borrascosos y un lenguaje más fresco. Creo que leer a Alberto Moravia me ha ayudado mucho. Los personajes de Los cuentos romanos de Moravia, en su mayoría, son cascarrabias, pleitiscos, pero en cualquier momento le sacan una sonrisa al lector. Yo he aprendido de esos personajes y se los he enseñado a los míos, ante todo, a los de los libros de cuentos.
Tu formación en guion cinematográfico y narrativa audiovisual, ¿cómo ha modificado tu manera de construir escenas, diálogos y silencios en la literatura?
Yo creo que fue un gran acierto estudiar guion cinematográfico y lenguaje audiovisual. En cierta medida me ha ayudado sobremanera a construir mejores escenas y mejores diálogos. El significado de los susurros, de los gestos y la importancia del punto suspensivo. Sin lugar a dudas, un escritor que tenga conocimiento sobre guion cinematográfico se le hace más fácil, describir la interacción de sus personajes en determinado escenario. El hecho de estar familiarizado con momentos en interiores y exteriores y de conocer los diferentes planos que maneja el cine, es una ventaja. Hasta el mismo lenguaje, tanto del narrador como de sus personajes se le da mayor seguridad. En fin, mi formación en lenguaje audiovisual no ha cambiado mi manera de construir escenas, diálogos y silencios en la literatura, más bien los ha fortalecido. Muchos lectores de mis libros, me han escrito para decirme: “Cuando lo leo a usted, parece que estuviera viendo una película”. Eso quiere decir que la tarea se está haciendo bien.
Has dirigido cortometrajes y series. ¿Dónde sientes mayor libertad creativa: en la página en blanco o en el lenguaje audiovisual?
Ambas tareas me apasionan. Estar detrás de una cámara dándole forma, voz y movimiento a los personajes de una historia que luego se va a proyectar, no tiene nombre, es estupendo. Pero la literatura es algo especial, es un mundo aparte. Un maravilloso misterio indescriptible. La hoja en blanco que espera su momento sin afanes, esa que luego de ser conquistada por palabras de todas las formas, esa que no es egoísta y que convida a otra y a otra para hacer parte de lo que se convertirá en un mundo nuevo. La literatura es el origen, de ahí viene lo demás.
Como editor y director de Editorial Torcaza, ¿qué criterios guían tus decisiones: la calidad literaria, la urgencia del tema o la voz del autor?
Editorial Torcaza es una entidad independiente que inicialmente la cree para publicar mis propios textos. Algo parecido a los que hizo Anna Snítkina, con los libros de su esposo Dostoyevski para que los editores no lo siguieran robando. Pero la idea de tener una editorial en Sincelejo gustó tanto que muy pronto comenzaron a llegar otros escritores. Hoy día editamos en todo el territorio nacional y en países como Panamá y República Dominicana. En cuanto a los criterios para tomar decisiones, tenemos en cuenta la calidad y las voces de nuevos atores.
¿Qué retos enfrenta hoy un editor independiente en regiones como el Caribe colombiano, lejos de los grandes circuitos editoriales?
Es difícil mantenerse en una industria como esta –editorial– y en una ciudad como Sincelejo, donde un porcentaje considerable de sus habitantes aún se desviven por una fiesta en corraleja. Afortunadamente, las redes sociales, cuando se les da buen uso, se convierten en una buena herramienta para cualquier entidad. Claro está, la editorial se preocupa mucho por la calidad del producto final. Ese ha sido nuestro mejor acierto, libros que se pueden mostrar en cualquier vitrina del mundo.
Desde tu experiencia, ¿qué autor o qué libros recomendarías a los jóvenes que se inician en la lectura y buscan formarse un criterio literario sólido?
Hay muchos autores para recomendar, autores que nos enseñan de manera fácil las técnicas para novelar. Gabriel García Márquez, Fiódor Dostoyevski, León Tolstói Juan Rulfo, Isaac Bashevis Singer, Philip Roth, Haruki Murakami y Alberto Moravia entre otros. Y autores maestros del cuento: Antón Chéjov, Edgar Allan Poe, J. D. Salinger, Raymond Carver, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Franz Kafka.
En contraste, ¿de qué libros o modas editoriales consideras que deberían huir los estudiantes si quieren desarrollar una relación honesta con la literatura?
Yo pienso que ningún libro, por muy malo que sea, le haga daño a nadie, algo se aprende de cada uno de ellos, así sea la manera de cómo no escribir un libro. Yo particularmente huyo de los libros de superación personal.
Tienes novelas inéditas como Efecto escarabajo y La ruta del caballo de ajedrez. ¿Qué te detiene a la hora de publicarlas: el tiempo, la exigencia personal o el contexto editorial?
Aún no les ha llegado su momento. Efecto escarabajo es un libro netamente psiquiátrico, repleto de personajes locos de remate. Es un ejercicio que hacía rato tenía en mente. El lector tendrá dos opciones: Uno, leerlo como un libro de cuentos; y dos, leerlo como una novela. Y La ruta del caballo de ajedrez, es una novela que me debía, es sobre la violencia en los Montes de María. Tomé cuatro momentos tristes de nuestros pueblos: El burro bomba de Chalán, La masacre de El Salado, La masacre de Macayepo y el asesinato de Tito Díaz, alcalde de El Robre. Es una novela grande, con más de cien personajes.
¿Qué tanto de periodista hay todavía en tu manera de observar el mundo y de escritor en tu manera de contar la realidad?
Nunca me he considerado periodista, más bien soy un atrevido que le gusta comunicar, denunciar y gritar cuando veo que algo anda mal. Afortunadamente para mí, existe la ficción, sin la ficción no creo que sería capaz de contar la realidad.
¿Sientes que tu escritura se inscribe en una tradición caribeña reconocible o prefieres pensarla como una literatura que conversa primero con lo universal y, solo después, con lo local?
Me gustaría que fueran los lectores quienes respondan esta pregunta. Pero bien, cuando hemos leído a los genios universales, tratamos que lo nuestro también sea universal, aunque se hable de nuestra aldea. Se supone que uno no escribe más de lo que ve, de los que experimenta, de lo que ha leído, pero la idea es que se entienda cuando la historia traspase fronteras. La atmosfera de El Líder, mi primera novela, es totalmente rural, con personajes en su mayoría campesinos analfabetas. Sin embargo, su narrador si es estudiado, lo decidí así por eso de la verosimilitud, para que el lector no se sintiera defraudado. Igual ocurre con los personajes, campesinos analfabetos, pero que, en cierto modo, tienen el don de la oralidad y por eso se expresan bien, se les entiende lo que dicen. En fin, El Líder es una novela que trascurre en un corregimiento de Sincelejo Sucre, pero que fue pensada para el universo. Por eso insisto en que me gustaría que fueran los lectores –los que han leído la mayoría de mis libros– los que respondan esta pregunta.
Después de tantos libros, géneros y oficios, ¿qué persigue hoy Amaury Pérez Banquet al sentarse a escribir: una historia que aún no ha sido dicha, una verdad esquiva o una manera íntima de no desaparecer en el silencio?
Le tengo tanta fe y la vez tanto miedo a La ruta del caballo de ajedrez, que no sé qué va a pasar conmigo después de su publicación…


