#DesdeElAlma
Marzo 8 de 2026.
Este domingo Colombia vuelve a las urnas en una de las jornadas más decisivas de los últimos años. No solo elegiremos el nuevo Congreso de la República; también participaremos en consultas que anticipan la disputa presidencial. Pero más allá del calendario electoral, lo que está en juego es el equilibrio mismo de nuestra democracia.
Lo digo no solo como ciudadano, sino como abogado y padre: nunca antes había hablado tanto de esto con mis hijos.
El Congreso no es únicamente el órgano que expide leyes. En el diseño constitucional colombiano, es también contrapeso esencial del poder, escenario de deliberación democrática y garante del equilibrio institucional. Su función no se agota en legislar: ejerce control político al Gobierno, examina el uso de los recursos públicos y preserva el balance entre las ramas del poder público.
Por eso esta elección tiene una dimensión histórica. Escoger bien el Senado —cámara alta— y la Cámara de Representantes —cámara baja— no es un asunto menor: es decidir qué tan sólido será el control al Ejecutivo, qué tan serios serán los debates públicos y qué tan firme será la defensa del orden constitucional.
El Congreso que elegimos legislará sobre lo que comemos, lo que pagamos, lo que aprendemos, lo que soñamos. Decidirá sobre el equilibrio entre libertades y responsabilidades, sobre el manejo de los recursos públicos y sobre la dirección institucional del país. No es exagerado decir que en esta jornada también votamos por el país que heredarán nuestros hijos.
Pero además de la responsabilidad jurídica y política, existe una dimensión más profunda: la responsabilidad espiritual de elegir bien.
Elegir bien es elegir con criterio, con conciencia y con valores. Es hacerlo con la serenidad que exige la historia y con la prudencia que demanda el futuro.
Este domingo no salga simplemente a votar.
Salga a ejercer ciudadanía con rigor… y con el alma.
Bendiciones #DesdeElAlma


