Jerusalén se despertó con un alborozo que nosotros, los hijos del Caribe, conocemos bien. Las calles se alfombraron de mantos y ramas de olivo; el aire vibraba con un grito que llenaba el pecho: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene!”.
Pero Jesús no entró con la arrogancia de los conquistadores. Entró en un pollino, un animalito prestado que estaba amarrado en una aldea. La Biblia cuenta que Jesús mismo mandó a sus discípulos a buscarlo con una razón poderosa: “El Señor lo necesita”. Esa es la verdadera humildad: el Rey del Universo usando lo sencillo, lo que estaba atado, para cumplir su promesa.
Muchos hoy repetimos “Hosanna” por tradición, sin saber que es un grito de auxilio: significa “Sálvanos ahora”. Aquella multitud clamaba por un libertador militar que los librara de Roma. Buscaban una solución política a un problema terrenal.
Lo más impactante es que Jesús conocía el corazón de quienes lo vitoreaban. Él sabía que esa misma gente, en pocas horas, cambiaría el “Hosanna” por el “¡Crucifícale!”. Y debo decirlo: nosotros también hemos crucificado a Jesús con nuestras acciones, con nuestro egoísmo y nuestra falta de coherencia.
Aun así, viendo de frente nuestra traición, Él no se bajó del burrito. Siguió caminando firme hacia el propósito eterno de darnos salvación.
Hoy, seguimos gritando “Hosanna” por deudas, salud o problemas urgentes. Y aunque Él tiene el poder para sanar y proveer, Su propósito más alto no es darnos comodidad, sino salvar nuestra alma. Él quiere ser tu Señor y tu Salvador hoy mismo.
El “Hosanna” más valioso no es el que pide que cambien las circunstancias, sino el que rinde el corazón. Hoy, al agitar tu palma, reconoce que aunque le hemos fallado, Su propósito eterno de amor por nosotros es mucho más fuerte que nuestras ofensas.
Que tu “Hosanna” sea el abrazo de un hijo redimido que acepta que Padre Eterno, por fin, ha tomado el control de su vida.
Te mando un abrazo #DesdeElAlma, uno que celebra tu salvación.
Bendiciones #DesdeElAlma


