Amylkar D. Acosta M1
Fui testigo excepcional, junto con mi esposa Nydia, del merecido homenaje y reconocimiento del cual fue objeto la noche anterior el célebre y descollante ícono del Vallenato, el rebelde del acordeón, Alfredo Gutiérrez Vital, como vital es él, genio y figura hasta la sepultura. Hijo epónimo de Los Palmitos (Sucre), en donde vino al mundo para triunfar el 17 de abril de 1943, en medio de la conflagración de la segunda guerra mundial y en momentos en los que el reelegido Presidente de la República Alfonso López Pumarejo avanzaba con sus reformas de la Revolución en marcha.
Este evento fue organizado al alimón por el Gerente de TEECARIBE, nuestro Canal, el guajiro Ismael Fernández Gámez y el destacado y reconocido periodista y comunicador, magdalenense y siempre comprometido con las causas regionales del Caribe Víctor López Aroca. Ellos dos y sus equipos fueron el secreto del éxito de la convocatoria y la realización de este trascendente evento que, como diría el gran escritor caribe David Sánchez Juliao estuvo por lo alto.
En el ambiente se respiraba la nostalgia, el éxtasis profundo y las remembranzas, todo ello al mismo tiempo, en una especie de remolino que lo transportaba a uno a la época de nuestra primera juventud, durante la cual Alfredo fue un gran protagonista. Cuántas parrandas, cuántas verbenas, cuántos carnavales y cuántas casetas “mata´ecaña”, animadas por él y sus fantásticas actuaciones quedaron en nuestros más gratos recuerdos. Y bien se ha dicho que a uno nada ni nadie le quita lo bailado!
Además de la nutrida y selecta concurrencia de delegaciones de los distintos departamentos que integran la región Caribe y no pocos de otras regiones, quienes abarrotaron el recinto reservado en el Country International Hotel Alto Prado en Barranquilla, toda una pléyade de personajes de nuestra música vernácula hicieron presencia y varios de ellos, en una verdadera constelación de artistas, hicieron las delicias del auditorio con sus interpretaciones en tarima en honor al homenajeado. Entre estos últimos se destacaron: Juan Piña, los reyes vallenatos Cocha Molina y Julián Rojas, Roland Ochoa, hijo del memorable Calixto Ochoa, Carlos Malo, Juventino, Alejandra Peñaloza, Chane Mesa, Álvaro Ricardo, Gusi, Camilo Namén, Peter Manjarrez y Noris Gutiérrez.
A sus 83 años, Alfredo Gutiérrez sigue siendo sinónimo de juglaría, virtuosismo y rebeldía creadora. Alfredo de Jesús Gutiérrez, “El Rebelde del Acordeón”, ocupa un lugar privilegiado en la historia y en la hamaca grande del compositor Adolfo Pacheco, del vallenato y del folclor colombiano. Él hizo parte, junto con Eliseo Herrera, Calixto Ochoa, Cesar Castro y Lizandro Mesa, entre otros célebres intérpretes de nuestra música Vallenata, del reconocido y famoso elenco Los corraleros del Majagual.
Rey de Reyes y único tricampeón del Festival de la Leyenda Vallenata, conquistó la corona de Rey Vallenato en tres ocasiones —1974, 1978 y 1986—, una hazaña aún insuperada que lo convirtió en leyenda viva del acordeón colombiano. Compositor, arreglista, cantante y extraordinario ejecutante del acordeón, Alfredo Gutiérrez es un artista completo, como los de enantes, que ejecutaban el acordeón y a la vez interpretaban sus canciones. Su talento desborda géneros, generaciones y escenarios. Su sello inconfundible ha unido vallenato, paseo, merengue, son, puya y música sabanera con una fuerza interpretativa que emociona y convoca.
Entre sus composiciones más emblemáticas se destacan: Majagual, Paloma guarumera, Ana Felicia, El palito de malambo, Sobrerito panameño, Esta noche es mía, Festival en Guararé, Un amor viejo no se olvida, Ojos gachos, Ojos indios, La sanjuanera, Cabellos cortos, Cabellos largos, Papel quemado.
Su acordeón no solo suena: habla, canta, celebra y cuenta historias. En sus manos, el instrumento adquirió personalidad propia; desafiante, alegre, virtuosa. Su estilo innovador, su capacidad escénica y su autenticidad hicieron de él un referente irrepetible del folclor nacional. Es el único acordeonero que se ha dado el lujo de ejecutarlo, digitarlo e interpretar su música con los pies, como parte de sus espectáculos, porque él mismo es un espectáculo, muy acorde con su personalidad disruptiva, fuera de serie.
Más que un músico, Alfredo Gutiérrez es patrimonio vivo de Colombia. Un maestro que abrió caminos a muchos, empezando por sus hijos, que no son pocos, quienes integraron el conjunto musical Los hijos de Alfredo, liderado por Dino y Walfredo, rompió moldes y elevó el acordeón a la categoría de símbolo. Su legado permanece intacto y vigente, resonando en cada parranda, en cada festival y en cada acorde. Celebrarlo, como lo celebramos, es celebrar una vida dedicada a la música, a la cultura popular y al alma del Caribe colombiano.
¡Larga vida al Rebelde del Acordeón! Al Tri-Rey. Al maestro. A Alfredo Gutiérrez Vital!
Barranquilla, mayo 24 de 2026


