En el corazón de cada edificio o conjunto residencial en Colombia late una verdad que a veces olvidamos en medio de la rutina y es que nuestra copropiedad es mucho más que cuatro paredes pues representa nuestro patrimonio y el escenario de nuestra vida diaria. Cuando llega el momento de la asamblea anual solemos ver la elección de directivos como un trámite tedioso que queremos terminar pronto, pero esa decisión definirá el rumbo de nuestro hogar por los próximos trescientos sesenta y cinco días. Por eso hoy le invito a que no bote su voto entregándolo a la ligera o por simple compromiso social con un vecino conocido pues su elección tiene el poder de transformar el entorno donde habita.
El consejo de administración no es un cargo honorífico sin peso real, sino que es un órgano administrativo de gran relevancia que actúa como puente entre usted y la administración controlando que los recursos se manejen con total transparencia. Estas personas toman determinaciones que afectan directamente la seguridad y la conservación de los bienes comunes por lo que su responsabilidad es de gran importancia para la persona jurídica. Si elegimos a alguien sin el conocimiento técnico necesario o sin la vocación de proteger el interés colectivo corremos el riesgo de caer en la inacción administrativa lo que termina deteriorando nuestras instalaciones y restando valor a nuestra inversión. La ley advierte que estos líderes deben actuar con diligencia y son responsables incluso civilmente por sus descuidos o negligencias en el manejo de lo ajeno.
Igualmente, vital es la elección del comité de convivencia el cual no debe verse como un grupo para organizar celebraciones sino como el pilar fundamental para la resolución pacífica de conflictos internos. Sus miembros deben ser personas con altos niveles de tolerancia y capacidad de mediación que sean capaces de buscar fórmulas de arreglo que fortalezcan las relaciones de vecindad sin necesidad de acudir a instancias judiciales o policiales. Un buen comité nos ahorra amarguras y garantiza que nuestro derecho a la tranquilidad sea respetado dentro del marco del debido proceso y la dignidad humana inspirando el respeto mutuo entre todos los residentes.
A menudo permitimos que sesgos inconscientes dominen nuestro voto como la tendencia a preferir siempre lo mismo por miedo al cambio o el error de valorar solo lo que se hizo justo antes de la elección. Debemos romper con esa apatía de elegir a cualquiera solo para completar el número de miembros que exige el reglamento y empezar a buscar perfiles que demuestren honestidad y preparación genuina. Un directivo ideal debe estar a paz y salvo con sus obligaciones económicas con la copropiedad pues quien no cuida su propio compromiso financiero difícilmente tendrá la legitimidad necesaria para velar por el cumplimiento de los deberes de los demás miembros de la comunidad.
Recuerde que el silencio de la asamblea o una elección descuidadas pueden abrir la puerta a consejos inactivos o tóxicos que obstruyen la gestión en lugar de impulsarla hacia la excelencia. No permita que intereses personales o ánimos de represalia contra otros vecinos guíen la conformación de estos cuerpos colegiados. Tómese el tiempo de escuchar propuestas y verificar que los candidatos tengan la disponibilidad real y el tiempo para dedicarle horas de trabajo serio a su comunidad con humanidad y responsabilidad. Al final del día su voto es la herramienta más poderosa para garantizar que su copropiedad sea un lugar de bienestar donde la convivencia pacífica y la eficiencia administrativa no sean una excepción sino la regla constante para todos
Jorge Enrique H El caballero de la PH


