La Asamblea General debatirá los riesgos y oportunidades de esta tecnología mientras Estados Unidos y China compiten por el liderazgo del sector y Europa intenta avanzar en regulación e infraestructura propia.
La inteligencia artificial ocupará un lugar cada vez más relevante en las discusiones de la Organización de las Naciones Unidas durante la 81.ª Asamblea General, en un escenario marcado por la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China y por los esfuerzos de la Unión Europea para establecer reglas que permitan controlar los riesgos asociados a su desarrollo.
Durante la semana de alto nivel de la Asamblea, Francia también prepara una reunión dedicada a la relación entre inteligencia artificial y seguridad. El encuentro se plantea en un momento en el que distintos sectores han advertido sobre la velocidad con la que avanzan los sistemas más sofisticados y la necesidad de establecer mecanismos de protección.
Las preocupaciones aumentaron recientemente después de que Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, planteara la conveniencia de reducir el ritmo de desarrollo de los modelos más avanzados y fortalecer sus mecanismos de seguridad. La propuesta ha encontrado eco entre otros referentes de la industria tecnológica.
El debate coincide además con una nueva etapa de las tensiones entre Washington y Pekín. La inteligencia artificial hace parte de las diferencias que mantienen ambas potencias, tanto por el desarrollo de modelos cada vez más avanzados como por el acceso a chips, centros de datos, capacidad de procesamiento y energía necesaria para sostener estas tecnologías.
Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha sostenido que limitar el desarrollo de la inteligencia artificial podría favorecer a China. Pekín, entretanto, continúa impulsando sus propios modelos y ha cuestionado iniciativas estadounidenses orientadas a establecer restricciones al avance tecnológico.
La competencia tampoco se limita al desarrollo de software. El control de los semiconductores de última generación y de la infraestructura necesaria para entrenar y operar grandes modelos se ha convertido en otro de los principales puntos de disputa entre las dos potencias.
La apuesta de las Naciones Unidas
Ante este escenario, Naciones Unidas busca avanzar hacia un esquema internacional de gobernanza de la inteligencia artificial. El objetivo es que los países participen en la construcción de reglas relacionadas con seguridad, acceso, responsabilidad y supervisión humana.
El secretario general de la ONU, António Guterres, ha advertido sobre los riesgos derivados del desarrollo acelerado de esta tecnología y ha planteado la necesidad de una respuesta internacional que permita establecer condiciones comunes de seguridad.
El primer diálogo mundial sobre gobernanza de la IA tuvo lugar en julio pasado en Ginebra, mientras que un segundo encuentro está previsto para mayo de 2027 en Nueva York. A este proceso se suma un panel científico internacional independiente que estudiará las oportunidades y amenazas asociadas a la tecnología.
Para Naciones Unidas, uno de los principales desafíos será garantizar que los países con menores capacidades tecnológicas también puedan acceder a los beneficios de la inteligencia artificial y participar en las decisiones que determinarán su impacto sobre el empleo, la desigualdad y el desarrollo.


