Las restricciones a la movilidad y el cierre de establecimientos comerciales han generado un impacto económico preliminar de $39.590 millones diarios en Santa Marta, mientras el sector turístico enfrenta afectaciones por la disminución de viajeros y la incertidumbre sobre la seguridad.
El paro armado anunciado por las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) no solo ha alterado la movilidad y las actividades cotidianas en Santa Marta, sino que también ha comenzado a dejar consecuencias en sectores fundamentales para la economía de la ciudad, especialmente el comercio, el transporte y el turismo.
De acuerdo con un análisis de la Cámara de Comercio de Santa Marta, la ciudad enfrenta pérdidas económicas preliminares estimadas en $39.590 millones por cada día de afectación. La cifra corresponde a las dificultades para desarrollar con normalidad las actividades comerciales, productivas y de transporte.
El impacto adquiere mayor dimensión al considerar el peso que tiene la capital del Magdalena dentro de la economía departamental. Santa Marta concentra el 42,2 % de la economía del Magdalena y cuenta con 22.435 empresas y establecimientos, según el mismo análisis de la Cámara de Comercio. Al incluir a Ciénaga y Zona Bananera, las pérdidas estimadas ascienden a $40.636 millones diarios.
Uno de los sectores más expuestos es el turismo, una de las principales actividades económicas de la ciudad. El Observatorio de Estudios Económicos de Santa Marta señala que el turismo funciona como motor de la economía local, articulado con actividades como alojamiento, gastronomía, comercio, transporte y recreación.
La situación de orden público ya ha tenido efectos sobre la llegada y salida de viajeros. Varias empresas de transporte intermunicipal redujeron o suspendieron temporalmente sus despachos desde Barranquilla hacia Santa Marta, Riohacha y Maicao ante la disminución de pasajeros y las dificultades para completar los vehículos.
Para una ciudad cuya economía depende en buena medida de los visitantes, la reducción de la movilidad representa un efecto que va más allá de los hoteles. Restaurantes, operadores turísticos, guías, comerciantes, transportadores y establecimientos ubicados en zonas de alta afluencia también dependen del flujo constante de turistas y residentes.
El propio alcalde de Santa Marta, Carlos Pinedo, reconoció que la situación de orden público ha tenido un impacto en el turismo de la ciudad, aunque sostuvo que las autoridades trabajan para recuperar las condiciones de seguridad y pidió a los comerciantes retomar sus actividades.
En el comercio, el temor también ha llevado al cierre temporal de establecimientos. Durante las primeras jornadas de la situación, negocios ubicados en sectores como San Andresito y barrios de la ciudad cerraron sus puertas ante las intimidaciones relacionadas con las restricciones anunciadas por el grupo armado.
La afectación también alcanza a los mercados y pequeños comerciantes. La gobernadora del Magdalena, María Margarita Guerra, se trasladó al Mercado Público de Santa Marta para dialogar directamente con los vendedores y pedirles que retomaran la actividad, mientras la Fuerza Pública reforzaba la seguridad en la zona.
El escenario supone además un desafío para la imagen turística de Santa Marta. La ciudad ha construido buena parte de su actividad económica alrededor de sus playas, naturaleza y patrimonio, por lo que cualquier episodio prolongado de alteración del orden público puede afectar las decisiones de viaje y el funcionamiento de toda la cadena de servicios vinculada al turismo.
Mientras las autoridades mantienen operativos de seguridad en los principales corredores y zonas comerciales, el sector productivo espera que la normalización de la movilidad permita recuperar progresivamente la actividad. La Policía informó que mantiene dispositivos especiales para garantizar la seguridad de comerciantes, transportadores, hoteleros, turistas y residentes.
El impacto económico definitivo dependerá de cuánto tiempo se prolonguen las restricciones y de la velocidad con la que se recupere la confianza de residentes, empresarios y visitantes. Por ahora, las primeras estimaciones muestran que el paro armado no solo representa una crisis de seguridad, sino también un golpe directo a una economía local estrechamente ligada al turismo y al movimiento comercial.


