Por: Ian Farouk Simmonds A.
Especial para ExtraNoticias
Juan Gossaín y Yamid Amat son (y perdón por la verdad de perogrullo) dos grandes referentes del periodismo colombiano. Ambos descendientes de inmigrantes árabes -Gossaín, de padres libaneses; Amat, de padre palestino-, construyeron carreras que pasaron por la prensa, la televisión y, especialmente, la radio.
Más allá del origen árabe hay puntos de unión en estas vidas dedicadas al periodismo. Gossaín comenzó en El Espectador en 1969, pasó por El Heraldo y Cromos y llegó posteriormente a Caracol, donde trabajó junto a Yamid Amat. En 1984 asumió la dirección nacional de noticias de RCN Radio, que ejerció durante 26 años, hasta su retiro en 2010.
Yamid había comenzado en Emisora Monserrate y pasó también por la prensa escrita (como el gran columnista de Juan sin Miedo de El Espacio) antes de convertirse en uno de los grandes renovadores del periodismo radial con el formato 6AM-9AM. Dirigió los informativos de Caracol hasta 1990 y años después regresó a la radio con Radionet. Sus caminos volvieron a encontrarse en 1992, cuando Amat y Gossaín estuvieron entre los socios fundadores de CM&.
Sus voces quedaron asociadas a algunos de los momentos más difíciles de la historia reciente de Colombia. El 6 de noviembre de 1985, Yamid Amat dirigía desde Caracol la cobertura de la toma del Palacio de Justicia. Así quedó para la historia:
Y el 25 de enero de 1999, cuando el terremoto del Eje Cafetero estremeció al país, Juan Gossaín encabezaba desde RCN una de las transmisiones que acompañaron a los colombianos durante la tragedia. Su particular tono de voz, poco radial pero con la cadencia de quien sabe perfectamente del arte de narrar, queda de manifiesto en esta intervención:
Yamid desde Caracol y Juan desde RCN. Ambos con estilos muy marcados que construyeron, quizás sin proponérselo, dos escuelas que marcaron una época de la radio colombiana.
Hoy, retirados de la actividad cotidiana -Gossaín desde 2010 y Amat después del cierre de CM& en 2024-, los dos maestros enfrentan quebrantos de salud y dan, lejos de aquellas cabinas desde las que tantas veces acompañaron al país, una batalla mucho más íntima: la batalla por la vida.


