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El presidente colombiano, Gustavo Petro, calificó de “fracaso” las conferencias sobre el cambio climático celebradas hasta ahora, en un discurso en la Cumbre Climática de la ONU (COP 27) de Egipto en el que planteó su plan de inversiones internacionales para preservar la selva amazónica. “El liderazgo político desde la COP número uno hasta la fecha ha fracasado en detener la causa de la crisis climática” aseguró el mandatario.
Mediante un decálogo de propuestas, Petro planteó el desmantelamiento del sistema de instituciones internacionales, el fin de los combustibles fósiles y la planificación económica para, según dijo, salvar de la humanidad de estos “tiempos de extinción”. “El liderazgo político ha fracasado, básicamente porque superar la crisis climática implica dejar de consumir petróleo y carbón” añadió.
“El mercado no es el mecanismo principal para superar la crisis climática. Es el mercado y la acumulación de capital quien la produjo y no serán jamás su remedio. Solo es la planificación pública y global multilateral la que permite pasar a una economía descarbonizada mundial. La ONU debe ser el escenario de dicha planificación” explicó.
“Colombia otorgará 200 millones de dólares anualmente durante 20 años para salvar la selva amazónica en su territorio”, anunció. “Esperamos el aporte mundial”, añadió. En un acto previo celebrado junto al primer ministro británico Rishi Sunak y presidentes africanos, Petro había manifestado que esperaba embarcar a Venezuela y Brasil a ese proyecto. Petro había manifestado en agosto pasado que aspiraba a pagar un sueldo mensual a “cien mil familias amazónicas”.
Después, Petro arremetió contra la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyos “tratados constitutivos van en contra de la solución de la crisis climática y, por tanto, se deben supeditar y reformar a los acuerdos de la COP y no al revés”.
Como había anunciado el día anterior, presentó un decálogo. Tuvo que hablar más deprisa de lo que acostumbra para que le diera tiempo a decirlo todo. “La COP ya no da respuestas y el tiempo se agotó. Las conferencias globales de gobiernos deben poner la política al mando para generar un plan global de desconexión de los hidrocarburos de manera inmediata. La descarbonización es un cambio real y profundo del sistema económico que domina”, arrancó. A continuación, alertó del peligro que conlleva seguir por este camino: el de la extinción de la humanidad. Y dijo que era el momento de actuar globalmente como seres humanos, “con o sin permiso de los gobiernos”
Sorprende esa cita viniendo de un presidente. En el avión, camino a Sharm El Sheikh, hizo un comentario parecido, como que este era el momento de pedirle a la gente que se echara a las calles. En ese contexto sonó a broma. Sin embargo, a esas horas debía tener ya escrita esa frase en su borrador. Esta es la versión más antisistema de Petro, que lleva en la política tradicional 30 años, pero que siempre ha construido su discurso desde los márgenes.
Petro insistió en que el mercado no es el mecanismo para superar la crisis climática; de hecho, dice, la acumulación de capital fue lo que la produjo. El llamado a la descarbonización tiene un fuerte mensaje interno. Su ministro de Economía le ha pedido que suavice sus mensajes contra los combustibles fósiles para no estresar a los mercados.
El presidente colombiano también reconoce que su mensaje radical de enterrar para siempre la dependencia del petróleo y el carbón choca con los intereses de otras naciones más poderosas que la suya. India argumenta que los gobiernos con las mayorías economías del mundo utilizaron estos recursos para desarrollarse y que ahora no pueden impedirles a ellos hacer lo mismo. El propio Petro se ha encontrado con las reticencias de su ministro de Economía, el prestigioso José Antonio Campo, a la hora de ser tan beligerante, con una fuente de ingreso todavía importante para las arcas del Estado. Los dos comparten la idea de que América Latina —y Colombia en particular— deben de dejar de ser economías extractivistas, pero uno tiene prisa por llevarlo a cabo y otro considera que esa transición debe ser suave y muy progresiva.


