El día de las velitas del año 2020 fué atípico como se esperaba, debido a las restricciones de sociabilidad, por la pandemia del Covid, condicionadas.
Suspender las actividades o reuniones sociales desde las 11 de la noche, hora en que tradicionalmente la gente se apostaba para la fiesta empezar, fué como un golpe en la yugular.
Eso me puso a pensar en tantas vainas contradictorias que suelen pasar, y a cada uno en su respectivo lugar, la mente a recordar, y hasta cosas extrañas imaginar.
Echeee,…pero si los enemigos del Covid disque eran el Alcohol y la candela, y eso es lo que más se ve el día de las velas, ¿ dónde estaba el problema ?.
Si es que en un día como éste, la gente borracha habla más de la cuenta; entonces las partículas de alcohol flotando en el aire, deberían ser inhibidoras de las respectivas moléculas?.
Ah…es que no es lo mismo el alcohol etílico que a la persona embriaga, que el antiséptico para una herida sanitizarla.
El alcohol etílico con estabilizadores altera la personalidad, con la posibilidad de que no la puedas estabilizar, y la vayas a embarrar.
El antiséptico que, también proviene del Etanol, te descontamina de gérmenes y bacterias que podrían alterar tu sistema orgánico particular, y el de otras personas que puedas contactar.
El fuego pirotécnico, con el alcohol se pueden encontrar, e incendios generar, con consecuencias que lamentar, y la candela con pólvora acumulada, una reacción en cadena desatar.
No es solo el calor de los tragos y del fuego pirotécnico lo que nos debe preocupar; es el calor humano con el fuego del amor de seres queridos y hermanos, que en fechas como ésta no podemos contar; para abrazar, besar, cantar, bailar y hasta gritar de felicidad.
Ese día para mí fue atípico, aunque debo confesar, que no me entusiasma tanto la navidad, como sí el carnaval.
Salió el sol como de costumbre, y lo fui a saludar, desde el jardin de mi terraza, donde las flores acostumbradas, no se quisieron
mostrar.
En el otro extremo del cielo azul celeste, la luna también estaba dispuesta a no quererme mirar; le mandé mensajes de cordialidad, para que en la noche, con las velitas, el firmamento brillara espectacular.
Aún tenía el resabio de un dolor de muela, que me estuvo mortificando desde la madrugada y lo venía toreando con Dolex y Naproxeno, pero intermitentemente me molestaba. Eso fué por unas cocaditas de leche, que con extremada dulzura penetraron lo más profundo de mi encía, estimulando un nervio dental, después de coquetear con mi paladar, cuando con delicadeza la mordía.
Los tiempos planeados no alcanzaron para la terraza de mi casa terminar de decorar con los adornos de navidad. Solo pude inflar los
muñecos de nive, colgar algunas botas de papá Noel y cinco faroles armar.
Menos mal que el siete de diciembre era día ordinario, y las novelas Pasión de Gavilanes y Pedro El escamoso, algo somnoliento pude disfrutar.
Entonces me acordé que, las celebraciones habían reglamentado; que dede las once de la noche un toque de queda iba a empezar, y que solo hasta diez personas en una misma casa podían distanciados y enmascarados celebrar.
La música con alto volumen del vecino de la esquina me ayudó a despertar, para bajar a prender los faroles.
Mis hijos y mi señora no estaban interesados en trasnochar para celebrar; ya se habian acostumbrado a estar encerrados, pero yo
me sentía como un Jaguar enjaulado, velando las presas de los demás.
Prendí las velitas, les tomé fotos y las terminé de editar. Me entretuve chismoseando por el celular, viendo como otros sin temores se atrevían a celebrar.
Recordé una noche de velitas, cuando aún muy joven, jugábamos fútbol con pelotas de candela, hasta ver el último reducto del trapo quemarse, y que amarrado con alambre, le quedaba a uno enrredado en los zapatos.
También otro día, cuando a un amigo que caminaba conmigo, le ingresó un triki trake en un bolsillo que llevaba cargado de totes, le explotaban delante de mi, y yo no podía hacer nada para ayudarlo.
Me acordé de mi primo el “Popi” Múnera, que el día de las velitas diez años atrás, había muerto, justamente prestando un servicio, para una vida salvar.
Asistía a su hermano Ulises médico, en la empresa de asistencia médica que tenía, cuando al hacer el esfuerzo para bajar la camilla de la ambulancia, sufrió un fuerte dolor en el pecho, que hizo intervenirlo urgentemente en la misma clínica donde una paciente fueron a ingresar.
Al tratar de reanimarlo después de una intervención quirúrgica por un aneurisma, su corazón no resistió, y falló, pero la paciente que entregaron a urgencias, afortunadamente se salvó.
Él alcanzó a despedirse formalmente de su familia y en relativa tranquilidad.
Así son las sorpresas que da la vida, y más duras en Navidad.
Cuando aparentemente todo está en orden para disfrutar, repentinamente algo puede alterar la felicidad, y hasta ciertas fechas quedar grabadas, para no hacer nada especial, y solo ponerse a meditar.
Con la Inmaculada Concepción, madre de devoción, y la Maye mía, estuve atento ese día, agradeciendo por permitirme compartir las velitas, con mi Soledad, esa gran amiga mía.
Gracias virgencita por todo lo que me has dado….y, … gracias por lo que para las velitas de éste 2022 me tengas reservado.
Espero volver a prender las velitas y ver tu bello rostro iluminado.
Felicidades a mis familiares y amistades. Que las fiestas puedan disfrutar con seguridad y sin calamidades.
Por.
José R. Múnera N..


