Sucedió lo pronosticado, en cuanto a la dinámica del turismo a causa de los impuestos, el cierre de dos aerolíneas, y la inseguridad en las carreteras y ciudades, que se habían comentado; que a los comerciantes tenían preocupados, y que justamente en semana santa se vieron reflejados.
La circunstancias han afectado principalmente a quienes formalmente se habían organizado, y a los emprendedores que importantes inversiones realizaron, para luego pagar sus obligaciones con lo que hubieran rentado; pero ahora quedaron más endeudados.
A veces lo que es malo para unos, resulta ser oportunidad de interés para otros, como podría ser la utilización de las playas, que en teoría son públicas, pero que generalmente parecen privadas si se encuentran frente a hoteles de altos niveles, que hasta en el mejor de los casos a turistas pobres también pueden hospedar,
aunque estos no puedan consumir todo lo que les tengan para ofertar.
En las actuales circunstancias económicas por el aumento de precios, la inseguridad, y los problemas en el transporte y la movilidad; las playas desiertas, más bien el “turismo de olla” pueden estimular, donde las personas de menos recursos, quienes también tienen el derecho de usar; descomplicadamente sin pena ni prejuicios fácilmente las podrían utilizar; llevando sus carpas y ollas con sancochos, hayacas y pasteles; para mejor disfrutar.
Esta gente puede ser de la misma región, que a lugares lejanos no se puedan desplazar; convirtiéndose el “turismo de olla” como una actividad principal de solo interés regional.
Esto es lo que probablemente ha podido suceder en la semana mayor en algunos sitios concurridos, que aunque sus playas estuvieron relativamente llenas, los hoteles cercanos estuvieron vacíos y sin posibilidad de vender sus protocolarios servicios ofrecidos.
Entonces, si el gobierno no hace unos importantes y juiciosos ajustes en la economía; el desarrollo del país con base en el turismo que tanto desearía, es posible que no se pueda lograr, si solo en el “turismo de olla” se tuviera que apoyar.
La conexión de las regiones a través del transporte en cualquier modalidad, es indispensable para el turismo asegurar; pero los precios de los diferentes bienes y servicios, también deben permitir generar utilidad, a todos los encargados de ofrecerlos para poderlos fomentar.
En Colombia, “estar en la olla” significa coloquialmente: “estar mal de ánimo, salud o económicamente”, como se puede percibir realmente en la mayoría de su gente.
Entonces el gobierno debe implementar medidas urgentemente, para sacar de la olla en que se encuentra nuestro pais, en la que se está sancochando inclementemente.
De lo contrario, por haber sido la isla de San Andrés la mayor perjudicada; entonces será necesario encomendarnos a San Andrés, para la próxima temporada.
Sí, aquel San Andrés pescador de profesión, como su padre Jonás, y quien fuera el primero en seguir a Jesucristo para convertirse como apóstol formal.
También fue protagonista al suministrar los canastos, en los que Jesús, panes y peces tuvo que multiplicar para el hambre de sus seguidores mitigar, además de estar presente en la mayoría de los milagros que le tocó realizar.
Esperamos que para las próximas temporadas, el apóstol San Andrés en todo el país se haga ver, para que el turismo nuevamente pueda florecer y el proyecto de desarrollo por parte del gobierno, verlo crecer.


