RESCATE CUATRO CUARENTA
Dicen que eran como las cuatro y cuarenta, cuando por fin los cuatro niños, acurrucaditos fueron encontrados. Es que con las sombras obscuras de la tarde, y la humedad de los ojos, por la emoción, hasta en las manecillas del reloj, algunos segundos también se extraviaron.
Cuarenta días con sus noches tuvieron que pasar, para que Noé, como padre ejemplar, salvara a su familia, compuesta por cuatro parejas, y muchas más de animales claves, con la “esperanza de potenciar” la vida en el planeta, dándoles otra oportunidad; como si fuera la decisión de un ser superior; de borrón y cuenta nueva para organizar a la humanidad.
Cuarenta días, dicen que fue el tiempo necesario, en el que Jesús se estuvo preparando en solitario, para concientizar a los pecadores sobre la verdad, no obstante enfrentar las tentaciones del demonio, que
su vida pública intentaba sabotear.
Cuarenta semanas necesita el feto en el vientre de la mujer para poderse gestar; y una cuarentena, de cuarenta días más, es el tiempo necesario, después del parto, para su condición orgánica natural, poder normalizar.
Cuarenta días, la madre naturaleza mantuvo escondidos a los cuatro niños sobrevivientes de un accidente aéreo, y que, con el seno de la agreste selva los pudo alimentar, hasta que decidió devolverlos a su comunidad.
El operativo de rescate llamado “esperanza “, debe servir para reflexionar, sobre el alcance de las consecuencias, que el acoso de los grupos al margen de ley, están ejerciendo sobre las comunidades, obligandolas a huir de sus localidades.
Es una historia real, de apariencia sobrenatural; por lo que, como un “milagro”
hace considerar, el hecho de que esos cuatro niños, durante tanto tiempo, y en tan malas condiciones, se hayan podido salvar.
Primero sobreviviendo a un trágico accidente, y después soportar durante cuarenta días, el rigor de un ambiente salvaje e inclemente.
Admirable la templanza y heroísmo de Lesly Mucutuy.
Una niña de trece años que de manera precoz, expresa el carácter, como de una virgen madre. Es que, con tan corta edad, a sus hermanos de nueve, cuatro, y la menor de un añito, cumplido en la selva, los supo salvaguardar.
Su propia madre Magdalena, quien muriera cuatro días después, en el mismo lugar, aún viva, de ellos se despidió, les aconsejó y a Lesly le encargó de cuidar.
Loable, el extraordinario operativo de rescate organizado por la brigada de nuestro
verdadero ejército nacional e institucional, que mancomunadamente con los grupos indígenas que se agregaron, realizaron las operaciones estratégicas, tácticas y técnicas, que con lujo de competencia lograron desarrollar.
Pero, hay un personaje del ejército, que aún, al grupo de rescatistas no ha regresado. Es Wilson, el canino que detectó la primera señal, de que los niños, del accidente aéreo se habían salvado, al encontrar el biberón, que en su trayectoria, por conservar la vida, los niños habían dejado.
También hay otro personaje, que justamente podría ser digno de resaltar, aunque al parecer, algún comportamiento debe aclarar, sobre su comportamiento familiar.
Es el papá de los niños, que en esta historia real, le ha correspondido un protagonismo especial; y que en el rescate, también con coraje pudo participar.
Protegiendo a su familia por el supuesto acoso de un grupo al margen de la ley, contrató el servicio de la avioneta para ponerlos a salvo en otro lugar.
Lamentablemente la aeronave, no obstante ser conducida por un piloto experimentado, que experiencias similares antes había superado, por algún defecto aún no precisado, esta ha fallado, con las consecuencias que ya se han señalado.
Cuan interesante será, escuchar de parte de los propios niños, las experiencias vividas, y todo lo que hicieron durante cuarenta días, para salvar sus vidas.
Ojalá la crónica conocida; por un buen libretista sea bien documentada, y que las ganancias obtenidas, por compartirla, para beneficio de su propia familia y comunidad sean destinadas.
Los extraordinarios hombres, que movieron cielo y tierra para los cuatro niños de los peligros de la selva salvar, merecen un especial homenaje, el día del padre, ya que como si fueran también sus propios hijos, lo dieron todo para poderlos rescatar.
Esos son los verdaderos “padres de la patria” que necesita nuestra sociedad, capaces de exponer su propias vidas por salvar la de los demás; y no la de falsos dolientes que abusan de la inocencia de los niños, utilizándolos en una guerra fratricida, por intereses personales, y en función de la maldad, quienes los inducen a perder la vida, como paradoja, ante el cacareado concepto de la potencialidad.
“Cuatro cuarenta” es el nombre del grupo de Juan Luis Guerra, que contrario a su apellido, le canta a la paz, al amor, y la espiritualidad.
“Ojalá que llueva café en el campo”, como
dice, con un coro de niños en uno de sus cantos; en vez de las balas, que en Colombia, a los niños, campesinos, e indígenas están desplazando y asesinando.
¡ Ojalá que llueva café en el campo!
Ahora la esperanza debe fijarse en otro objetivo:
Continuar el operativo para encontrar a Wilson vivo; y una mejor estrategia para rescatar a los demás niños, atrapados en los diferentes grupos delincuenciales y subversivos.


