El ambiente en La Bombonera fue una fiesta azul y oro. Boca Juniors derrotó con autoridad 2-0 a River Plate este domingo 9 de noviembre, en una nueva edición del Superclásico del fútbol argentino que dejó sensaciones opuestas en ambos equipos: alegría plena para el local y preocupación creciente para el visitante.
El conjunto dirigido por Claudio Úbeda, que asumió tras el fallecimiento de Miguel Russo, confirmó su buen momento futbolístico y dio un paso firme en su objetivo de clasificarse a la Copa Libertadores 2026. En cambio, los dirigidos por Marcelo Gallardo volvieron a mostrar un rendimiento deslucido, sin ideas ni reacción, que enciende las alarmas en el Monumental.
El primer golpe de Boca llegó justo antes del descanso. En el minuto 45+1, una jugada polémica terminó en el 1-0 tras un rebote de Franco Armani que Exequiel Zeballos aprovechó con oportunismo. River reclamó una falta previa sobre Paulo Díaz, pero el árbitro Nicolás Ramírez convalidó el gol pese a las protestas.
Apenas comenzado el segundo tiempo, el equipo xeneize volvió a golpear. Zeballos, figura del encuentro, desbordó por la derecha y asistió a Miguel Merentiel, que definió sin titubear para poner el 2-0. Desde ese momento, el partido quedó prácticamente sentenciado.
El tramo final fue un trámite: Boca manejó los tiempos y River apenas generó peligro. La diferencia en intensidad y confianza fue evidente entre ambos equipos.
Los colombianos, sin brillo
En River, Kevin Castaño fue titular, pero su actuación pasó inadvertida y fue sustituido en el complemento. Juan Fernando Quintero y Miguel Borja ingresaron en la segunda mitad, aunque tampoco lograron influir en el desarrollo del juego.
El Superclásico dejó a Boca en alza y a River en caída libre. Mientras los xeneizes celebran un triunfo que alimenta su ilusión continental, los millonarios se marchan cabizbajos, sumidos en una crisis futbolística que parece no tener fin.


