Por: Moisés Pineda Salazar. In memoriam: Alfredo De La Espriella
Cuando Emiliano se muera, yo voy a cargá el cajón. Cuando Emiliano se muera, yo voy a cargá el cajón. Vo a prendele cuatro velas, y a zampame un trago e´ron. Vo a prendele cuatro velas, y a zampame un trago e´ron.
- El Frente Nacional

En los Carnavales de 1970, Evaristo Sourdís hubo de reunirse con el Presidente de La República, Carlos Lleras Restrepo, a las siete de la noche del Sábado de Carnaval en la Suite Presidencial del Hotel del Prado.
Aquella era una visita del Jefe de Estado, que hacía en una fecha clave para la dirigencia local.
Sin duda, estuvo calculada con la expresa intención de “desinflar” la candidatura de Gustavo Rojas Pinilla, a costa de las posibilidades y con los votos que recibiera en Barranquilla, y en La Costa Atlántica, Evaristo Sourdís, quien también era candidato a la Presidencia de la República.
“Zorro viejo” en la Política, el significado y la intención de aquella “Visita Presidencial” debieron ser dolorosos para el dirigente Conservador que, al mismo tiempo, debía enfrentar que el expresidente y Jefe de su Partido, por quien estuvo dispuesto a dar la vida en la aciaga noche del 9 de abril de 1948 lo dejara expósito.
Triste porque el Presidente Liberal, con quien compartió los Carnavales Estudiantiles de su Juventud en Bogotá, y una gran parte de la Historia Política de Colombia por más de cincuenta años, en cuyo Gobierno ejerció las funciones de Contralor General, le estaba dando la espalda.
Herido y rabioso en tanto, él cargaba- en solitario- con el fardo de haber sido Ministro en una Dictadura en la que todos ellos, los dos Lleras, Ospina, Pastrana, Leyva, Echandía, Santos, los López y demás, también habían participado y colaborado alegando “el bien de la Nación”.
Rabioso, triste y lloroso, debió traer a la memoria los versos de Ovidio:
“Cum subit illius tristissima noctis imago,
qua mihi supremum tempus in Urbe fuit,
cum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui,
labitur ex oculis nunc quoque gutta meis”.2
En aquellos días del Carnaval de 1970, el que fuera Dictador, Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, amenazaba demoler con sus votos todo el andamiaje Liberal/ Conservador del “Pacto de la Casa de la Moneda”.
Dos años antes, en 1968, en el Palco Presidencial que se instalaba a la entrada del Almacén del afamado concesionario de las marcas Ford y Mercury, Carlos Dieppa, por primera vez un Presidente en ejercicio se hizo presente en la Batalla de Flores del Carnaval en Barranquilla.
“La presencia del Dr. Carlos Lleras Restrepo estimuló aún, más el desarrollo de las festividades pues cada quien, con su habitual simpatía demostró al Primer Mandatario y a los distinguidos miembros de su comitiva cómo era factible hacerle pasar un rato agradable, una pausa merecida a su tesonera labor de Presidente.
Nunca fue tan oportuna una visita presidencial como esta pues el Dr. Lleras pudo darse cuenta de los méritos personales de los barranquilleros en una de sus más peculiares manifestaciones tradicionales”.3
Este “besamanos” encuentra justificación en el antecedente de “haber pasado un sofoco” el Candidato Lleras Restrepo en la tarima que le fue levantada en la Plaza de San Nicolás, la lado del lar de Los Lacorazza sito en esquina opuesta al de los conserveros Insignares Sierra.
En el trance de subir al tablado, no faltó el que aprovechara el momento y “le diera una timbrada”, cosa que en este escrito de la Revista “Barranquilla”, oblicuamente se da por cierta.
“Es posible que, en campañas políticas, en ajetreos de otra índole alguna vez se hubiera llevado impresión diferente, motivada claro está, por la efervescencia de los ánimos partidistas; pero esta vez era Barranquilla una sola, compacta, cual es, sin provocaciones diferentes, sincera y afable la que lo recibía, le tributaba y le comunicaba sus simpatías y adhesión.
Y es que no podía ser de otra manera porque los barranquilleros, todos, sin excepción son así. De ahí a que el carnaval se pueda realizar de manera tan extrovertida y espontánea”4
Verdad o mentira, lo cierto es que en la historia de Barranquilla circula aquello como un “mito urbano” del que no se han salvado Daniel Santos, Cantinflas, García Márquez, Diomedes Díaz, El Nene Cepeda, El “Divino Calvo”, El Cordobés, Rafael o cualquier otra celebridad masculina que haya pisado estas tierras en las que una honra dura menos que el canto de un gallo.
Por muchos años, se sindicó de tal desafuero cometido en la persona de Carlos Lleras Restrepo, a un dirigente popular adscrito a la ANAPO, Movimiento que para el debate de 1970 impulsaría la candidatura del General Gustavo Rojas Pinilla.
A pesar de sus múltiples ocupaciones y de no ser muy amigo de las fiestas, Lleras fue invitado a los carnavales de Barranquilla del año 67 y en una noche fue a tres clubes; disfrutó al máximo, departió con sus amigos, bailó muy alegre y recibió, en el Country Club, el gorro del Congo Grande. El tour fue a palo seco, pues Lleras desterró el licor durante su mandato y lo reemplazó por jugo de guayaba.5
Aquella visita, como todas las de Carlos Lleras Restrepo a cualquier parte del país, obedeció a un meticuloso cálculo político tendiente a alinear las listas que los Partidos Liberal y Conservador presentarían para el Congreso de la República, en las elecciones que se celebrarían quince días después del Domingo de Carnaval, bajo “la egida frentenacionalista”.
- Una calma chicha que se acaba.
En el año de 1971, luego de haber visitado la ciudad el día 23 de Septiembre de 1970 con motivo de las exequias de Evaristo Sourdís, le correspondió el turno de invitado y agasajado en el antruejo barranquillero, al Presidente Misael Pastrana Borrero.
Vino el ilustre opita acompañado por su dignísima esposa Doña María Cristina Arango y sus dos hijos Andrés y Juan Carlos.
Eran un par de mozalbetes que, a sus dieciséis años, aprovecharon la ocasión mucho más y mejor con los alebrestados y díscolos Paco Pacos del Country Club, que con su afamado padre apresado en los círculos del bon vivant de la aristocrática “godarriade tinta azul barranquillera”.
Misael Pastrana llegó puntual al Palco Presidencial, como muy pocos Presidentes de Colombia lo han hecho, antes y después de él.
Aquello permitió el inicio a tiempo de la programación de la Batalla de Flores que pasó delante de su presencia a las 3.30 de la tarde y terminó de circular a las 5:05 pm cuando el Presidente de la República se retiró del lugar después de ver pasar las carrozas dedicadas a los dioses del Olimpo, empezando por Eolo y Júpiter; las de los Clubes Sociales, las de las Reinas Internacionales y las de los barrios populares, algunas de las cuales solo eran comprensibles para los lugareños; como la carroza en la que se insistía en la demolición del emblemático Hotel Astoria.
No faltó el carromato decorado con fines de denuncia social que, con el título de “Quién fuera casa”, replicaba las de latas y cartón que conformaban más del 40% de la estructura de la vivienda en la ciudad y que genéricamente se denominaban “tugurios”.
“La carroza fue detenida ante el palco presidencial para que e Jefe del Estado se enterara,
ahí mismo del dramático mensaje que le enviaban sus compatriotas menos afortunados”6
La Caravana que había salido desde la Calle 72, bajó por la Carrera 43 hasta la Calle Murillo donde dobló hacia el Sur hasta la Carrera 38.
Por esta subió en sentido noroccidente, hasta la Calle 72 donde regresó a su punto de partida en inmediaciones del Estadio Municipal.7
A falta de disfraz, vestido de rigurosa etiqueta, el Presidente Pastrana recibió esa noche un “Congo de Oro” en la Fiesta que se le ofreció en el Country Club, antes de salir rumbo a los otros centros sociales donde se le esperaba.
Ese año, en el Martes de Carnaval, con la presencia de la Reina Clarisa Lafaurie, en el Circo de Toros, Plaza Monumental del Caribe, se celebró “La Conquista” y el “Entierro de Joselito”.
Misael Pastrana, a las primeras hora del Lunes de Carnaval, enguayabado despachaba desde la fría Bogotá
Pasados dos años, ya no hay vestigios de “La Conquista” en el Carnaval en Barranquilla.
- Veintidós años después de la película.
En una fotografía en la que se resumen su personalidad y forma de gobernar, flanqueado por su esposa Cecilia Caballero de López y por la Gobernadora del Atlántico Blanca Franco de Castro -que de haber existido en aquellos años mujeres en el Ejército serían dos las oficiales de su custodia-, el Presidente Alfonso López Michelsen hace un brindis alzando un vaso de cartón encerado de los de la época, a las Carrozas, Reinas, Danzas, Comparsas y Disfrazados que lo saludaban desde la calle.
Luciendo un terno blanco, correctamente vestido dirán los cartacachacos de siempre, el Mandatario de los Colombianos se goza el desfile carnavalero desde el Palco Presidencial instalado en el frente del Edificio Carlos Dieppa en la Avenida 20 de Julio por donde discurría la Batalla de Flores en aquellos años.
Parrandeando, con un inmancable vaso de whisky en la mano, rodeado de hermosas e inteligentes mujeres, disfrutando la vida y defendiendo el folclor del Caribe que internacionalizó a través del cine con los hermanos Zapata Olívella para los carnavales de 1956 y el Festival de la Leyenda Vallenata de Valledupar, en 1968.
Así lo recuerda la Costa Caribe al que, haciendo burla de su política exterior: “Colombia, el Japón de Suramérica”, motejaban en las Letanías y Rezos de moda en el Carnaval en Barranquilla como: “Yositomo Wiskisito”8

No había problema en la provincia que no llevara el sello de su voz activa. Cualquier disputa partidista, problema de compadres y más de una queja amorosa, tenía en su arreglo, la bendición de López Michelsen.9
Un par de cuadras antes de aquel punto que viene de “Siete Bocas”, desde las azoteas de los edificios, caían sin miramiento alguno bolsas de agua y nubes de harina sobre los danzantes, los disfrazados, los comparseros o los simples espectadores que circulaban o se apretujaban a lado y lado en las aceras. Un voyován al que, al igual que cincuenta años atrás, había que ponerle orden.
[1] PUBLIO OVIDIO NASON.
Cum subit illius tristissima noctis imago,
qua mihi supremum tempus in Vrbe fuit,
cum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui,
labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.
[2]Cuando se me aparece la tristísima visión de aquella noche
que fue para mí mis últimos momentos en Roma,
cuando de nuevo revivo la noche en que tuve que dejar tantas cosas para mí queridas,
todavía ahora de mis ojos resbalan las lágrimas.
[3] BARRANQUILLA. Revista mensual gráfica. N°71. Marzo de 1968. Editorial Offset Espriellabe. Barranquilla.
[4] IBIDEM
[5] GUTIERREZ, Gabriel, ” Ahí está pintado Carlos Lleras” EL TIEMPO. Archivo. 2 de Octubre de 1994. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-219539
[6] DIARIO DEL CARIBE. “Pastrana vivió la Batalla de Flores”. Edición del 25 de Febrero de 1971. Pág. 8. Barranquilla
[7] DIARIO DEL CARIBE. “Recorrido de la Batalla de Flores”. Edición del 20 de Febrero de 1971. Pág. 1. Barranquilla
[8] CROSS, Richard. Fotógrafo. En CSUN. University Library. “President Alfonso López Michelsen and his wife watching the Carnival, Barranquilla, Colombia, 1977”.
https://digital-collections.csun.edu/digital/collection/p17169coll1/id/12380/
[9] CARRILLO HINOJOSA, Félix. “Alfonso López Michelsen y su palabrerío revolucionario”. En PORTALVALLENATO.NET. Octubre 6 de 2019. https://portalvallenato.net/2019/10/06/alfonso-lopez-michelsen-y-su-palabrerio-revolucionario/










