Por Fausto Pérez Villarreal
En el Tolima, donde la historia suele contarse a retazos y la memoria amenaza con diluirse entre generaciones, hay un nombre que funciona como punto de anclaje: Carlos Orlando Pardo. No es una figura de paso ni un actor circunstancial del paisaje cultural, sino una presencia persistente, casi obstinada, que ha dedicado su vida a evitar que el olvido se imponga como costumbre.
Nació en Líbano (Tolima), en 1947, cuando el país atravesaba uno de sus periodos más convulsos. Tal vez por eso entendió temprano que la cultura no es un lujo sino una forma de afirmación, de sostener la identidad en medio de la fractura social y el desarraigo.
Durante más de cinco décadas, Pardo ha sido el gestor cultural más influyente del departamento. No por acumulación de cargos, sino por la profundidad de una obra que articula investigación, educación, edición y creación literaria, siempre con un mismo horizonte: el rescate y la divulgación de la memoria tolimense.
Su trabajo se materializa en más de treinta libros que hoy circulan como textos obligatorios en instituciones educativas del Tolima. No son volúmenes ornamentales: son herramientas de consulta constante, algunos de ellos durante años entre los más solicitados en la Biblioteca Darío Echandía del Banco de la República.
Desde temprano entendió que escribir no bastaba. Había que crear lectores. En la década de los años ochenta lideró la primera campaña de alfabetización departamental y promovió la red de bibliotecas del Tolima, iniciativas que marcaron un antes y un después en el acceso al libro en municipios históricamente marginados.
A la par, organizó encuentros académicos y culturales de alcance nacional e internacional, convencido de que la literatura y el arte no debían permanecer confinados a las capitales. Así, el Tolima comenzó a figurar como escenario de discusión intelectual y creación artística.
Uno de los pilares de su legado es la Enciclopedia Cultural del Tolima, una empresa monumental que reúne obras como Protagonistas del Tolima siglo XX, Músicos del Tolima siglo XX, Pintores del Tolima siglo XX, Poetas, Novelistas y Cuentistas del siglo XX, el Diccionario de Autores Tolimenses y el Manual de Historia del Tolima, en tres tomos.
Cerca de cuatro mil páginas de investigación dan cuenta de un trabajo paciente, casi artesanal, dedicado a registrar nombres, obras, contextos y procesos. Allí, Carlos Orlando Pardo no se erige como protagonista, sino como mediador entre la historia y sus lectores.
En 2010 amplió ese esfuerzo al terreno digital con la creación de Tolima Total, una enciclopedia multimedia que reúne miles de artículos, fotografías, biografías, audios, videos y mapas, convirtiéndose en el proyecto más ambicioso realizado sobre el departamento.
Diez años más tarde, este trabajo fue lanzado como plataforma web e incorporado a los canales oficiales de la Gobernación del Tolima, consolidándose como un material de libre consulta que democratiza el acceso al conocimiento regional.
La educación ha sido otra de sus trincheras. Desde finales de los años sesenta promovió encuentros de escritores y, en 1980, organizó el Primer Encuentro Nacional por la Literatura, que reunió a más de trescientos autores del país en diálogo directo con profesores y estudiantes de todos los municipios tolimenses.
En 1990 dio un paso audaz al organizar el Encuentro de Norteamericanos Colombianistas, que congregó a decenas de profesores universitarios de Estados Unidos interesados en la literatura colombiana. Décadas después, estos encuentros se repetirían con la participación de investigadores europeos.
De estos diálogos surgieron libros de memorias que ofrecen una mirada externa sobre la literatura del Tolima, ampliando su campo de recepción y reafirmando la validez de una tradición que muchas veces había sido subestimada desde el centro del país.
Desde 1972, Pardo fundó Pijao Editores, hoy reconocida como la editorial de provincia más importante de Colombia. Un espacio que abrió sus puertas a escritores que no encontraban lugar en el estrecho mercado editorial comercial.
Alrededor de ochocientos títulos publicados dan cuenta de una labor editorial tenaz, generosa y arriesgada. Muchos autores fundamentales del país vieron allí su primera publicación, gracias a una apuesta que privilegió la calidad literaria por encima de la rentabilidad.
En torno al libro, creó premios y concursos que estimularon la escritura y el periodismo, y dirigió revistas culturales que funcionaron como plataformas de pensamiento y creación, manteniendo vivo el debate intelectual en la región.
Paralela a su labor como gestor y editor, Pardo ha desarrollado una obra literaria sólida: libros de cuentos, novelas, literatura infantil y ensayos que han sido objeto de estudio en universidades de Colombia y del exterior.
Su novela Los sueños inútiles fue incluida entre los cien libros más importantes de la literatura colombiana, y su obra ha sido traducida y analizada en instituciones académicas de Europa, confirmando su lugar en el panorama literario nacional.
Los reconocimientos han llegado como consecuencia natural de una vida consagrada a la cultura: premios nacionales de cuento, distinciones regionales, órdenes honoríficas y el Doctorado Honoris Causa, entre muchos otros.
Sin embargo, más allá de los galardones, su verdadero mérito reside en haber construido un archivo vivo del Tolima, una memoria que respira en libros, bibliotecas, aulas y lectores formados a lo largo de generaciones.
Carlos Orlando Pardo no ha escrito solo para dejar constancia de lo que fue, sino para garantizar que el Tolima siga siendo contado, leído y pensado desde su propia voz, sin intermediarios ni concesiones al olvido.
En un país donde la memoria suele ser frágil, su obra se levanta como una forma de permanencia: la prueba de que la identidad también se edifica palabra a palabra, libro a libro, con la paciencia de quien sabe que la cultura es un acto de amor prolongado.
Luego de esta introducción, compartimos la entrevistacon Carlos Orlando Pardo:
Maestro, usted nació en el Líbano, una tierra de una fertilidad literaria asombrosa. ¿Qué tenía el aire de su infancia que lo impulsó a recoger las voces de los demás antes que a consolidar exclusivamente la suya?
Somos hijos legítimos de la violencia y eso crea unas condiciones particulares que nos llevan al deseo de contar historias. En mi pueblo hablar podría significar la muerte y para salvarnos nos pusimos a escribir.
Usted es el ‘salvaguarda’ del Tolima. ¿Siente que su labor investigativa —¿la Enciclopedia Cultural, el Diccionario de Autores— fue una carrera contra el olvido en una región que a veces suele ser desmemoriada?
La globalización hace que se borre lo ocurrido en las regiones como si jamás hubiese existido ese pasado ni ese presente, y todo lo que hemos hecho es investigar con pasión y sin desmayo para que no se sepulten tantos y valiosos ejemplos como autores en todos los géneros.
Su novela Los sueños inútiles fue seleccionada entre las 100 mejores de Colombia por Oveja Negra. ¿Cómo conviven en usted el escritor de ficciones introspectivas con el historiador riguroso del Manual de Historia del Tolima?
Son caras de la misma moneda y me siento cómodo haciendo las dos cosas, como si solo así estuviera completo.
En 1972 nace Pijao Editores. En un país centralista como Colombia, ¿cómo se sobrevive 52 años haciendo la ‘editorial de provincia’ más importante de la nación desde Ibagué?
La fórmula ha sido la terquedad y la paciencia, el amor a lo que hacemos y que no nació este sueño como un negocio ni así ha sido, lo que nos ha llevado a resistir y estar aún vivos y con gran salud, tras 54 años.
El Instituto Caro y Cuervo ratificó la importancia de Pijao. ¿Qué siente al saber que autores que hoy son fundamentales en las letras nacionales recibieron su primer ‘sí’ en sus prensas?
La alegría de no habernos equivocado y la satisfacción de haber tenido suerte seleccionando a escritores jóvenes o ya mayores.
Usted ha publicado cerca de 800 títulos. ¿Ha habido algún libro que le haya dolido no publicar o alguno que considere su mayor victoria contra el mercado editorial comercial?
No hemos desprotegido buenos libros, así no sean sus autores reconocidos, y empezamos a tener éxito con La violencia diez veces contada de Germán Vargas Cantillo, que disparó a una generación de tolimenses bajo el juicio riguroso de un patriarca de la literatura, pero así seguimos con no pocos ejemplos como la Colección de 50 novelas colombianas y una pintada, la de Cuento colombiano y otras que nos enorgullecen.
En los años 80 usted lideró la primera campaña de alfabetización departamental, que luego inspiró la nacional. ¿Cree que el acto de enseñar a leer es, en esencia, el acto político más radical que puede ejercer un escritor?
El analfabetismo es una plaga que entonces combatimos enseñando a leer y a escribir a más de 120 mil tolimenses y en el país se hizo exitosa, pero luego fundamos las bibliotecas públicas que hoy son más de cien en el Tolima. Ahora preparamos una colección de 50 libros titulada Biblioteca Básica del Tolima para alfabetizar literariamente a la región. Un escritor es un ciudadano que en lo posible debe preocuparse por temas así y no encerrarse en la torre de marfil.
La red de bibliotecas del Tolima es hija de su gestión. ¿Cómo percibe la salud de esas bibliotecas hoy, frente a la inmediatez de la era digital y su propia enciclopedia Tolima Total?
Ahí van sin morirse, pero requieren transfusiones que a veces no les dan porque no lo ven importante los políticos ni los funcionarios y genera impotencia y tristeza, pero no desfallecemos y existe la esperanza.
¿Qué les dice a los críticos que piensan que un gestor cultural le quita tiempo al artista? ¿Ha sido la gestión su mejor obra narrativa?
Cuando se piensa en los críticos uno está perdido y combinar el ejercicio de la escritura que es una necesidad y una pasión, con la de la gestión cultural que igualmente es maravillosa porque nos sabemos útiles socialmente, llega uno a suponer que no ha estado equivocado viendo lo que resulta y por el contrario es estimulante.
Sus cuentos se estudian en la Sorbona y en la Complutense de Madrid. ¿Qué cree que encuentran los académicos europeos en la particularidad tolimense de sus relatos que los hace universales?
Lo hacen igualmente como en diez universidades norteamericanas adonde he ido a charlas y seminarios, y seguro sin ser nada del otro mundo, por lo menos, agradan por diversas razones a los críticos, profesores, lectores y curiosos, quizá por los temas o por la forma es que están escritos. La buena literatura es universal.
Organizar encuentros de ‘Norteamericanos Colombianistas’ fue una jugada maestra. ¿Es necesario que los miren desde fuera para que los tolimenses entiendan el valor de su propia literatura?
La culpa la tiene Germán Vargas, que fue el iniciador de estas provocaciones con Seymour Menton o Raymond Williams, y fue oportuno y grato por la serie de libros que han aparecido internacionalizando a unos autores que inclusive han sido estudiados en los libros especializados en la universidad de Oxford. Desde luego, que cuando afuera reconocen, ahí paran más bolas.
Maestro, con la autoridad que le dan décadas de edición y lectura, ¿qué autor o autores y qué libros fundamentales recomienda a las nuevas generaciones para que no pierdan el norte literario?
Las listas son odiosas y no quiero caer en esta trampa, pero si se decir que la generación posterior a García Márquez está habitada por autores muy valiosos de diversas partes del país, ante todo los del caribe.
Seamos provocadores: ¿De qué tipo de libros o tendencias literarias le recomendaría a un joven lector huir… jamás acercarse, para no contaminar su criterio?
Los libros costumbristas e inclusive los llamados románticos que ya no dicen mucho, al tiempo que los que se convierten en disculpa para hacer discursos políticos o religiosos.
Usted ha recibido la Orden de la Democracia y premios de Vida y Obra. ¿Cuál de estos reconocimientos pesa más en su corazón: el Honoris Causa o ver sus libros como textos obligatorios en las escuelas del Tolima?
Todos pertenecen a momentos privilegiados que me sirven como recuerdo pero que no me marcan mucho, puesto que la emoción está en el encuentro con los grandes, con los lectores y con los amigos a los que les gustan mis novelas o mis cuentos, lo mismo que ver cómo cada título tiene no pocas ediciones.
Su hermano Jorge Eliécer Pardo ha sido su coautor y compañero de ruta. ¿Cómo ha marcado esa fraternidad literaria la estética de Pijao Editores?
He tenido la gran fortuna de un hermano maravilloso y un compañero de viaje con el que imaginamos sueños y los hacemos realidad. Somos diferentes en muchas cosas, pero siempre coincidimos, no solo porque somos escritores y nos apasionan la historia y los viajes, sino porque asumimos la tarea como un acto de amor.
Lolita Golondrinas o Verónica resucitada presentan personajes femeninos potentes. ¿Cuál es su relación con la feminidad en su narrativa?
Las mujeres han marcado mi vida: una tía escritora de teatro, una madre amante de la poesía, mi esposa, profesora de literatura y critica, seis hermanas y tres hijas, que le dan mucha ternura a mi existencia y desde luego influyen a que mis personajes femeninos en varias novelas sean un común denominador.
Ha ganado premios de minicuento en El Tiempo y concursos nacionales. ¿Es el cuento corto la unidad de medida de la inteligencia de un escritor?
Fue un desafío, y cuando gané con García Márquez entre los jurados a 1.134 cuentos, supe que era como haber comprado lotería. La gran condecoración es su dedicatoria en Cien años de soledad que la llevo como el mejor premio en mi vida.
En la Enciclopedia Tolima Total hay miles de biografías. ¿Cuál es el personaje tolimense que más lo ha sorprendido investigar y por qué?
No son pocos entre científicos, deportistas, periodistas, novelistas y gente de pensamiento. García Márquez me preguntó lo mismo de mi libro Protagonistas del Tolima Siglo XX que no pensaba leer, me dijo y llegue a dos, pero esa es otra historia.
Después de medio siglo de labor, ¿qué le falta por editar al Tolima? ¿Cuál es el ‘libro imposible’ que Carlos Orlando Pardo aún sueña con publicar?
Estamos en la biblioteca básica del Tolima que es un gran esfuerzo académico con 50 libros, pero que reúne a 160 autores. Después promover más a los jóvenes y ante todo hacer el Museo de la Literatura Tolimense que ya empieza a tener cara.
Si hoy tuviera que resumir el ‘alma del Tolima’ en una sola frase, después de haberla estudiado durante 5.000 páginas de investigación, ¿cuál sería?
Duraría mucho tiempo pensándola, pero me quedo con la tarea.


