Cada día la gente se encuentra más sorprendida y asustada por los escándalos sociales y económicos de nuestro país, que surgen como ollas podridas, con artimañas de diferentes personas o grupos organizados con espiritu delincuencial, aparentando principios y valores nobles en pos de defender los derechos y bienestar de la mayoría de la población empobrecida, desconociendo que élla sufre las consecuencia por las acciones de los mismos que dicen defenderla.
Los capitalistas y empresarios, dueños de los medios de producción, explotan a los trabajadores con salarios irrisorios que no permiten que el pueblo consuma los bienes y servicios que ellos mismos producen.
Son los que tradicionalmente conforman o influyen en el congreso para que se diseñen las leyes a su favor.
Los revolucionarios de ideas socialistas, que se autodenominan líderes de grupos defensores de los intereses del pueblo, al que confunden aprovechándose de su ignorancia e inocencia, para alcanzar el poder por la vía armada en pos de intereses particulares y ajenos.
La narcodelincuencia con poder económico, enquistada en los estamentos anteriormente mencionados, que se lucra y alimenta de otro sector de la población a nivel rural y urbano, donde el pobre pueblo sigue siendo víctima, forzado a cultivar, procesar y expender la producción de narcóticos y luego perderse como enfermo consumidor.
Otro sector de la sociedad está representado por personas que no están o que han desertado de las organizaciones antes mencionadas y se dedican a la delincuencia común y corriente, lucrándose del bien ajeno, para lo cual realizan operaciones delictivas con las mismas consecuencias nefastas para la sociedad.
Como se puede observar, todas éstas organizaciones, llevan implícito el sello de miseria y muerte, del que no escapan al final ni los familiares inocentes de éllos mismos, que creen tener asegurados con sus respectivas organizaciones de autodefensa, bajo control.
En éste orden de ideas, Colombia se ve como una sociedad psicopática y autodestructiva dentro de una sartén incandescente, cocinándose en el jugo de una falsa democracia y sin un mango por donde asirla y retirarla del fuego que la está consumiendo.
Aquí nadie está luchando por nadie.
Estamos ante una generación autodestructiva, vanidosa, egocentrista y sin valores éticos, que no piensa en las consecuencias de sus acciones, aunque su demencia esté atropellando a su misma familia.
El fin de éstas organizaciones es el poder, para condicionar a la misma población mayoritariamente pobre, sometida a una nueva
clase privilegiada, que emerge por el régimen del terror amenazante de las armas.
A éste pais se lo llevó pindanga.
Un sistema social no puede considerarse noble, ni en paz, cuando excluye o elimina a unos por el bienestar mezquino de otros.
¿Y quién delega la autoridad a ciertos grupos para que decidan como se debe vivir o morir por una causa sin total consentimiento?
Principios de valor:
“El bien que yo desee para mí, no debe hacerle daño a otro”.
“Todo lo que yo haga o deje de hacer, debe ser en armonía con todo y con todos”.
“Las contradicciones son necesarias, si construyen bienes comúnes”, así como dos sustancias peligrosas como el Cloro y el Sodio por separado, pueden producir el Cloruro de
Sodio (Sal de cocina).
Pero la sal es más útil pulverizada.
Lamentablemente los problemas o vicios sociales, cuando alcanzan cierto nivel de resistencia o cristalización perjudicial por la cohersitividad de las malas conductas, haya que recurrir a procedimientos enérgicos, como en fenómenos fisicoquímicos, hasta posicionar los elementos que lo conforman en condiciones manejables, en función de propósitos más sanos para la sociedad y el medio ambiente.
El valor humano se manifiesta, cuando el objetivo principal en cualquier circunstancia sea preservar la vida de cualquier persona, independiente de su condición.
Hay que educar a la sociedad para construir una nueva generación, pero con actitudes misericordiosas que son las que reflejan el verdadero sentimiento humano.


