Con convocatorias del Sistema General de Regalías (SGR) por $2,7 billones para ciencia, tecnología e innovación, y con incentivos tributarios vigentes para MiPymes, la región busca que innovar deje de ser un privilegio y se convierta en motor de productividad.
En un mercado global donde la eficiencia define quién crece y quién desaparece, la innovación se ha convertido en una ventaja competitiva decisiva. Aun así, el sector productivo del Caribe enfrenta un reto silencioso: el rezago tecnológico, que hoy puede dejar a muchas empresas por fuera de estándares internacionales de calidad, tiempos y costos.
La brecha no se explica solo por falta de capital. Existen recursos públicos disponibles —especialmente a través de convocatorias financiadas con el Sistema General de Regalías (SGR)— que, para el bienio vigente, se han dimensionado en el orden de $2,7 billones destinados a proyectos de ciencia, tecnología e innovación. Sin embargo, una parte de esa oportunidad se diluye cuando las empresas no conocen las rutas, no logran estructurar proyectos competitivos o no cuentan con soporte técnico para cumplir los requisitos técnicos y metodológicos.
El puente técnico para innovar
En ese escenario, organizaciones que operan como Centros de Innovación y Productividad (CIP) —figura reconocida y regulada dentro del marco de Reconocimiento de Actores de Minciencias— se vuelven clave para convertir la intención de innovar en proyectos financiables y ejecutables.
En el Caribe, Connectnova entra a jugar ese papel con un respaldo formal: fue reconocida oficialmente por Minciencias como Centro de Innovación y Productividad (CIP). El reconocimiento incorpora al ecosistema regional un actor con validación nacional para articular ciencia, tecnología, empresa y territorio, y para traducir necesidades reales en hojas de ruta y proyectos ejecutables.
“Este reconocimiento es una señal de confianza en nuestra experiencia y en nuestra manera de hacer innovación con impacto real. Demuestra que en el Caribe se están gestando capacidades reales para transformar el territorio”, afirmó Andrés Marín, director ejecutivo de Connectnova.

Actualmente, la organización cuenta con un Grupo de Investigación categorizado en A por Minciencias, integrado por 16 investigadores reconocidos. Además, ha gestionado más de $130.000 millones de pesos en proyectos y ha fortalecido las capacidades productivas de 290 asociaciones comunitarias, con impacto directo en territorios del Caribe como Atlántico, La Guajira y San Andrés.

“Todos nuestros esfuerzos están enfocados en que los emprendedores y empresas del departamento se beneficien y logren capacidades competitivas para impulsar el crecimiento y la rentabilidad de sus proyectos”, mencionó Jennifer Yepes, presidenta ejecutiva de la Cámara de Comercio de San Andrés, en alianza con el nuevo Centro de Innovación.
Incentivos para el crecimiento
Para el dueño de negocio, innovar no es solo narrativa: también puede traducirse en caja, impuestos y capacidad de invertir mejor. En particular, el artículo 256-1 del Estatuto Tributario establece un crédito fiscal del 50% para MiPymes por inversiones en proyectos calificados como I+D+i certificados por el Consejo Nacional de Beneficios Tributarios (CNBT), aplicable para la compensación de impuestos nacionales.
En otras palabras: con el proyecto bien formulado y certificado, parte de lo invertido puede convertirse en crédito fiscal para disminuir el impuesto a cargo, bajo las condiciones establecidas por la normativa vigente.
Con esta nueva capacidad instalada, el Caribe colombiano no solo busca cerrar sus brechas internas, sino asegurar que la innovación deje de ser una opción y se convierta en la base de su competitividad y permanencia en el mapa económico nacional.



