Barranquilla procera e inmortal, dice la introducción de su himno municipal, y eso es verdad.
Procera por su elevada dignidad, al ser pionera de desarrollo, a nivel nacional; pero su inmortalidad ahora pudiera ser relativa, por tantas cosas absurdas, que ya es frecuente observar.
Quiero referirme a la cultura que caracteriza a un pueblo, no obstante su clase social, ya que independiente del estrato, las mismas actitudes en cualquier lugar se pueden notar.
Es como un principio de contradicción en contravía que choca con todo lo que se trate de organizar. Una predisposición a la incultura, como elemento que ahora caracteriza a nuestra ciudad.
Barranquilla conocida como “la puerta de oro de Colombia”, por la riqueza cultural que de pujantes extranjeros pudimos heredar. “La arenosa” por sus antiguas calles de arenas blandas, entonces sin pavimentar; y “tierra de paz”, por esa actitud armoniosa para todas los problemas solucionar.
También la han llamado “la ciudad de las puertas abiertas”, por su sincera hospitalidad, para cariñosamente a quien a Barranquilla llegare, con mucho afecto albergar.
Hasta como “el mejor vividero del mundo” la han señalado, que depronto sea el reconocimiento que más daño le haya causado.
Es que el término vividero me hace pensar, como en un sitio donde descomplicadamente cualquiera la pueda habitar, sin que nadie le importara la forma en que se tenga que comportar.
Muchos emprendedores, aquí con sus negocios pudieron progresar. No había problema, para en cualquier bordillo, con una fritanga y venta de guarapo iniciar, y también con carretillas sus servicios a domicilio prestar.
El medio de la carretilla, es el que al parecer, más se ha copiado para empezar; ya que de carretillas ambulantes y sin control actualmente está invadida la ciudad, afectando la movilidad.
Recuerdo a los turcos vendiendo puerta a puerta, cortes de telas al hombro y luego pasar los domingos en bicicleta, para el crédito otorgado cobrar.
Las tiendas de los santadereanos, que como maná se han multiplicado, y mejor organizados, le han agregado valor mercantilista a la ciudad.
Tierra de propios, y ahora más de extraños, donde a muchos nativos han hecho desplazar, en tal medida, que difícilmente un barranquillero ñero, se pueda identificar; aunque esto está pasando en todas las metrópolis a nivel mundial.
Ya no es aquella tierra de paz y tranquilidad, desde que muchos vinieron huyendo de la violencia en otros sectores del país, y sus persecutores, hasta acá los vinieron a buscar, para su deudas de forma violenta saldar.
Ahora hay como una actitud predispuesta en las personas para todo querer contrariar, que se nota hasta cuando en cualquier tema de conversación, salta alguien en contradicción y lo tiende a polarizar.
Lo mismo pasa en cualquier vía, por donde es necesario transitar, sea de a pie o en cualquier medio vehicular. Siempre hay alguien en contravía para la movilidad afectar.
Depronto recordé el título de una obra de Alejandro Gaviria, que justamente se llama:”Alguien tiene que llevar la contraria”, como si eso fuera algo normal, que todo lo temerario tuviéramos que aprender a tolerar.
También recordé el cuento de terquedad de un loco, que conducía un carro por una autopista en contravía, quien al escuchar los mensajes de precaución, para evitar una colisión; porque un vehículo iba en sentido contrario,…y entonces exclamó: ” nojodaaa ¿uno?,…son cientos, y luego apagó el radio.
El tema se me ocurre, porque observo en los diferentes parques que acostumbro a frecuentar, como muchas personas no utilizan correctamente, los diferentes medios para la recreación, que en ellos se pueden encontrar.
Hay máquinas para ejercitar, pasillos para caminar, espacios para trotar y vías para las bicicletas y patinetas manejar. Sinembargo es frecuente toparse con gente utilizando los medios de forma diferente; algunos prefieren la vía vehicular para caminar, como también manejar bicicletas y hasta motos en los pasillos para caminar.
Esto sucede hasta delante de las autoridades que se hacen la vista gorda, tal vez para su tranquilidad no complicar. Y es hasta comprensible su actitud, porque ahora forma parte de la cultura, el no respetar la autoridad.
Es que ahora hay más alimañas, que no sólo tienen primos en la policía; sino también, jueces que de cualquier culpa inmediatamente los libraría.
Hay dos palabras muy viejas, que en nuestro escudo de Colombia se pueden encontrar, y que en estos días se han hecho más viral, por el mismo afán de controvertir, todo lo que al orden quiera llamar.
” Libertad y Orden”, son dos condiciones para el progreso alcanzar.
La libertad referida a podernos libremente expresar; pero dentro de un contexto ordenado con límites, hasta donde empiezan los derechos de los demás, establecidos en normas que todos estamos obligados a respetar, si queremos vivir armoniosamente en comunidad.
Son dos conceptos necesarios y complementarios, que ya Simón Bolivar en pos de la libertad y Francisco de Paula Santander, el hombre de las leyes, que por la misma libertad pero con orden, en su momento, intentaron resolver.
En el desorden germina la inseguridad, provocada por los actos y condiciones que mal acostumbramos a realizar.
Entonces: Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar, pero además se necesitan personas con autoridad, para el orden poder preservar.
Colombia es un estado de derecho, que al parecer tiene leyes para todo y mejor gobernar; lamentablemente una buena parte de ellas, como que no se han sabido bien reglamentar; o simplemente, los encargados responsables, por negligencia, o falta de conciencia, no las han querido correctamente aplicar.
Pero si en la universidad pública, que se supone generadora de cultura, lamentablemente, antes de dialogar para resolver los conflictos, se procede a destruir y maltratar, ¿qué podríamos esperar de muchos, quienes en ella no han
podido estudiar?
Por lo anterior y mucho más, es que en nuestra querida ciudad, ha prosperado la “cultura de la incultura”, que por falta de sentido de pertenencia, propios y extraños han contribuido a fomentar.
En estos momentos la cultura de la violencia, como la incultura social, sumada a la congestionada movilidad, raponería y mendicidad, se ha tendido a disparar, sin contar con la de la vulgaridad radial, que ya en otro artículo similar, tuve la oportunidad de comentar.
Pero Barranquilla inteligentemente, de esa cultura inculta se sacudirá y seguro que la libertad y el orden lograremos rescatar, sin perder la identidad, de ser caribe alegre y tropical.


