Actitudes de una esposa “despechada” y una ministra “despachada”, son las situaciones calamitosas por estos días en mi Colombia amada, pero maltratada.
Y no son cualesquiera carajadas. Son cosas espantosas, que ponen en duda la ética de las personas involucradas, a quienes se les ha encomendado en alguna medida, velar por los intereses de una Colombia humana.
Un diputado que por la supuesta doctrina de su padre, se esperaba que fuera honesto y honrado, resulta que a su esposa con su mejor amiga descaradamente ha engañado y los principios éticos de su patriarca también traicionado, por recibir dineros de dudosa procedencia, y destino no muy claro, que con ellos se había quedado, confiándole a su esposa habérselos guardado.
La atribulada mujer que la infidelidad de su pareja había olfateado, sigilosa y como gata celosa, sus garras fue afinando, mientras su esposo con la otra -su mejor amiga- andaba gozando, hasta que le dió el zarpazo que ahora lo tiene tambaleando.
Por otro lado, una morena color canela gran deportista que al país honores le ha dado, por consideración con su raza, el ministerio del deporte le habían encargado; pero con sorpresa, el mismo, quien la escogió, por otra repentinamente también la ha cambiado.
Curiosamente la ministra, como que por despecho, comprometió recursos de la nación en la cartera a su disposición, firmando en poco tiempo como en una maratón, los contratos que mucho antes debió haber realizado.
Dos mujeres distintas y un instinto de revancha verdadero, contra dos personajes, hijo y padre, que según sus detractores, fungen como “monocucos guayaberos, sacan presa del caldero, toman leche y embusteros”.
Otra sorprendida y menos agresiva, fué la ministra de cultura, a quien también por otra despacharon, pero ha tomado la cosa con más cordura, sin que se le despertara alguna despechada locura; aunque también se sorprendió, porque al parecer según élla dice, estaba respondiendo a su encargo con altura, y sin ninguna sinvergüenzura.
En el cuento del gobierno de Petro, como que hay otros personajes que, con algunos micos colgados en sus respectivos proyectos de reforma, tienen el congreso alborotado, y que es posible, si no los amarran bien, de rama en rama estarán brincando, hasta caer, y sus proponentes quedar también cesando.
Sería bueno conocer cuáles son los requisitos y criterios utilizados, para en Colombia medir las competencias de los funcionarios que aspiren a cargos claves en la administración del estado.
Es importante saber previamente como se valora el potencial de cualquier candidato opcionado, y su rendimiento como empleado, para no tener que elevar a un nivel de incompetencia, a una persona en un cargo para el que no está bien preparado.
No siempre un deportista por el hecho de sus excelentes logros atléticos, sea el más indicado para manejar carteras del estado, donde lo más importante es la gestión y mejor administración de los recursos que le han encargado.
A menos que, por expertos o especialistas sea asesorado, y entonces serían cargos adicionales que también de las mismas arcas deben ser pagados.
Es que los resultados que, en el actual gobierno de Petro se están observando, son contraproducentes con el progreso que el país está aspirando, al ver a ministros claves tanteando e improvisando de bando en bando, lo que al pueblo ya está fastidiando y desesperando.
Ahora la pregunta que la gente se anda preguntando es, ” hasta cuando ésta serie de situaciones podremos estar soportando y los recursos del país aguantando”; pero sobre todo como decía el Chapulín : ¿ y ahora…quien podrá ayudarnos ?
El progresismo proyectado con base en el pacto histórico, como fórmula de alianza interna para el progreso, pareciera que se está desfigurando; porque su sentido democrático como que no está funcionando, al pretender que una sola persona decida , qué, quién, cómo, dónde y cuándo.
Mientras tanto el pueblo, acumulando dolores, su medicina continuará esperando, con el riesgo de que, por impaciencia y despecho, al mismo presidente resulte despachando.


