La noche del 09 de diciembre de 2025, Colombia vivió un fuerte sacudón sísmico cuyo epicentro se ubicó en la región de Bucaramanga. Aunque no causó daños materiales graves, sí despertó el miedo y la incertidumbre de miles de ciudadanos, especialmente de quienes residen en pisos altos de conjuntos residenciales y edificios en propiedad horizontal a lo largo del país. Este evento, que se sintió con fuerza en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, nos recuerda una vez más que Colombia es un país sísmicamente activo y que la prevención no puede seguir siendo una tarea secundaria.
El susto no basta: necesitamos preparación real. En muchas copropiedades, la reacción al sismo fue de desconcierto. Algunos bajaron corriendo por las escaleras, otros se quedaron paralizados sin saber qué hacer. Esto demuestra una gran falencia: la falta de simulacros, de cultura de prevención y de planes de emergencia claros.
Las copropiedades no pueden seguir operando con una falsa sensación de seguridad. Los edificios deben contar con planes de evacuación actualizados, simulacros frecuentes y brigadas entrenadas para actuar antes, durante y después de una emergencia.
La seguridad es una corresponsabilidad: los residentes también deben actuar. En el contexto de la propiedad horizontal, la gestión del riesgo no es una tarea exclusiva de la administración o del consejo de administración. Todos los residentes, sin excepción, tienen una responsabilidad directa en la preparación, prevención y reacción ante eventos de emergencia como los sismos, incendios o cualquier otra amenaza que pueda comprometer la vida, la integridad y los bienes dentro de la copropiedad. La asistencia a los simulacros no es opcional ni un simple evento informativo: es una herramienta vital de protección colectiva.
Los simulacros permiten conocer rutas de evacuación, identificar puntos de encuentro seguros y reconocer a los brigadistas designados que actuarán como primeros respondientes mientras llegan los cuerpos de socorro oficiales. Estos ejercicios deben ser asumidos con la seriedad que amerita el hecho de que pueden marcar la diferencia entre una evacuación ordenada y una tragedia. Por ello, hagoun llamado urgente, directo y respetuoso a todos los residentes para que no solo asistan a los simulacros programados por la administración, sino que participen activamente en la planeación, ejecución y evaluación de estos.
Además, es indispensable que todos los residentes colaboren con la actualización de censos de personas, especialmente niños, personas mayores, personas con discapacidad y mascotas, para poder diseñar planes de evacuación adaptados a las necesidades reales de la comunidad. Negarse a participar o asumir una actitud indiferente frente a estos temas es un acto de irresponsabilidad que pone en riesgo a todos.
La normativa en Colombia respalda este tipo de procesos y exige que se implementen planes de emergencia y contingencia en todas las copropiedades, de conformidad con los lineamientos del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo y del Decreto 2157 de 2017, entre otros. Así que este llamado no es solo ético y moral, sino también legal: todos los habitantes deben actuar como parte activa en la construcción de entornos seguros. La seguridad comienza por casa, pero se consolida en comunidad.
En caso de sismo cuando estás en un piso alto:
1. Mantén la calma. Gritar o correr puede causar más accidentes que el propio sismo.
2. No uses el ascensor. Es uno de los errores más peligrosos en una evacuación.
3. Ubícate en zonas seguras internas. Marcos de puertas resistentes, columnas o esquinas estructurales pueden ofrecer protección momentánea.
4. Aléjate de ventanas, estanterías o elementos que puedan caer.
5. Evacúa solo cuando sea seguro. Si el temblor es fuerte pero corto, evalúa la salida solo si hay riesgo de réplicas o daños visibles.
6. Sigue las instrucciones de la brigada de emergencias.
Brigadas de emergencia: ¿quiénes son y qué deben hacer?
Cada conjunto residencial debe contar con una brigada de emergencia debidamente conformada y capacitada, integrada por copropietarios, trabajadores de servicios generales y personal de seguridad. Sus funciones son:
– Activar la alarma y orientar la evacuación ordenada.
– Verificar el estado de escaleras, salidas y zonas seguras.
– Asistir a personas con movilidad reducida, menores o adultos mayores.
– Informar y coordinar con organismos de socorro (Bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja).
– Realizar el conteo de personas en los puntos de encuentro.
Estas personas no pueden ser improvisadas. Deben estar capacitadas profesionalmente, y su rol debe estar formalizado en el Plan de Gestión del Riesgo de la copropiedad.
El rol de la administración: compromiso con la vida. La administración de propiedad horizontal no es solo una tarea contable o legal. También es una labor social, preventiva y de liderazgo comunitario. Por eso, se hace un llamado firme a todos los administradores del país para que:
1. Contraten profesionales idóneos en gestión del riesgo y seguridad. No basta con cumplir un requisito en papel.
2. Diseñen planes de emergencia completos, funcionales y conocidos por toda la comunidad.
3. Realicen simulacros periódicos, mínimo uno cada tres meses, que aborden distintos riesgos: sismo, incendio, fuga de gas, inundaciones, entre otros.
4. Capaciten a sus brigadas y al personal de vigilancia y aseo. La vida de todos puede depender de su reacción.
5. Establezcan canales de comunicación internos (grupos de WhatsApp, carteleras, avisos, señalización clara).
El sismo de anoche la noche del 09, fue una advertencia. No sabemos cuándo llegará el siguiente, pero sí podemos decidir cómo nos encontrará: ¿desprevenidos o listos para actuar?
La seguridad en la propiedad horizontal no debe ser solo una preocupación tras el susto, sino una tarea constante, colectiva y responsable. Evacuar bien, saber qué hacer, actuar con liderazgo y conciencia puede marcar la diferencia entre una tragedia y un susto pasajero.
Que el sacudón que vivimos no se convierta en una anécdota más, sino en el inicio de una verdadera cultura del riesgo en nuestras copropiedades.
Escrito por:
Jorge Enrique Hernández Alonso


