Aún no amanecía. Jerusalén estaba en silencio, como si la ciudad entera guardara luto. Los discípulos estaban escondidos, con las puertas cerradas y el corazón roto. Todo lo que habían creído… parecía terminado. Y mientras tanto, unas mujeres caminaban hacia una tumba, cargando especias, cargando tristeza. Iban a ungir un cuerpo. A despedirse de un muerto.
Pero al llegar la escena no tenía sentido. La piedra había sido removida. El sepulcro estaba vacío. Y entonces, en medio del desconcierto, el cielo habló:
“¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?
No está aquí… ha resucitado.”
Esa pregunta no solo fue para ellas. Es para nosotros. Porque muchas veces seguimos caminando hacia tumbas, buscando vida en lugares que solo tienen muerte. Buscando amor donde hay vacío. Buscando paz donde hay ansiedad.Buscando sentido en lo que ya se acabó.
Insistimos en sacarle vida a lo que ya está muerto. Pero la resurrección lo cambia todo. Porque la vida no está en el sepulcro… está en Él. Y ese mismo Jesús que venció la muerte vive. Vive en mí. Y puede vivir en ti. Puede entrar a tu hogar, a tu matrimonio, a tus finanzas, a tu corazón y darle vida a lo que parecía perdido.
Hoy no es un día para seguir buscando en tumbas. Es un día para buscar al que vive. Y cuando lo encuentras a Él… todo lo demás llega por añadidura.
Bendiciones #DesdeElAlma


