Se han cumplido dos años de la tractomula con su cargamento de esperanza haber arrancado. Se ha podido observar que, por el peso de la carga y los “cambios” mal aplicados, <aunque se ha mantenido en primera>, no ha tenido la suficiente fuerza para la pendiente del camino haber superado.
Entonces ha empezado a echar para atrás, atropellando a los que detrás de ella venían colgados, y que no la habían sobrepasado, por su voluminoso furgón de problemas, que en la ruta del “progresismo” se encuentra atravesado, y que ha mantenido el flujo de los demás vehículos emprendedores, frenados.
Algunos a tiempo el bloqueo detectaron, y por rutas alternas se desviaron, logrando llegar a destinos no imaginados; y otros prefirieron descargar sus productos en diferentes lados, donde han sido mejor valorados.
El cambio de la mula aún continúa en primera, pero al parecer, no tiene la suficiente potencia, para su pesada carga de problemas poder transportar, y en consecuencia, su destino hacía “la paz”, cada día parece más difícil de alcanzar. El problema tal vez se podría resolver, compartiendo la carga con otras mulas; pero el camino es tan estrecho y de herradura, que mover la carga para cualquier lado, es una aventura muy dura.
Los productos alimenticios perecederos, encargados para “potenciar la vida”, ya se han degradado; y al parecer al conductor de la mula, tampoco les ha importado, porque al celular se mantiene conectado, más bien pendiente e interesado de lo que pasa en otros lugares alejados.
Mientras tanto, la gente del campo sufre las consecuencias por el caos que se ha generado; donde otros actores armados y uniformados, se han aprovechado, de todo lo que en la mula han encontrado; y son los que ahora con la complacencia del conductor ponen las condiciones para que el problema, a su manera, sea superado.
La carga posiblemente se podría salvar y rescatar, con operaciones aéreas o helicoportadas; pero no están disponibles las naves apropiadas, porque supuestamente están dañadas, y sin un plan de mantenimiento para ser reparadas; y las que sí podrían, se encuentran en otras misiones ocupadas.
Creo que la solución sería, con buena parte de la carga desmontada, restarle peso, para que la mula pueda avanzar, con su propia potencia limitada.
Esto permitiría descongestionar la ruta para que los vehículos bloqueados atrás, también puedan avanzar; y después, con otras tractomulas disponibles, la carga desmontada y en buenas condiciones se podría recuperar, y en varias etapas, tal vez poder llegar a “la Paz”. Pero ahora se presenta un problema adicional y es la costosa consecución del combustible para que los motores de las mulas y las aeronaves puedan funcionar.
Esperamos una intervención del Chapulín Colorado, para ver si del actual atolladero, nos pudiera desvarar.
Por: José R. Múnera N.


