Recientemente, debido a la ola de calor en Europa, se ha
incrementado la preocupación sobre los efectos de la exposición a
las altas temperaturas. Estos fenómenos se espera que sean
recurrentes y extensivos, como consecuencia del aumento de
temperatura por el cambio climático.
Estas situaciones han llevado a que recientemente se hayan
reportado casos de trabajadores que han fallecido como
consecuencia del calor, por un trastorno denominado “golpe de
calor”, que se presenta cuando la temperatura corporal supera los
40 ºC, lo que requiere una atención de urgencia, dado que el
cuerpo pierde capacidad de regular la temperatura, lo que puede
ocasionar graves consecuencias, entre estas, la muerte.
Al respecto, es un hecho que vamos a trabajar en un planeta más
caliente y tenemos que pensar en los efectos que va a tener sobre
la productividad y la vida laboral, para formular estrategias de
mitigación del impacto y trazar planes de adaptación de las
organizaciones.
Este es el llamado que el Consejo Colombiano de Seguridad – CCS
está haciendo a los empresarios para que, dentro de los planes de
continuidad del negocio y estrategias de resiliencia, contemplen los
escenarios de cambio climático y su afectación a los trabajadores.
En mayo de 2022 la Organización Meteorológica Mundial (OMM)
señaló que hay un 50 % de probabilidades de que la temperatura
media anual del planeta supere transitoriamente en 1,5 ºC los
niveles preindustriales, por lo menos en uno de los próximos cinco
años.
Los efectos del cambio climático también amenazan la
productividad laboral, considerando que esta disminuye cuando la
temperatura supera los 24 ºC. La Organización Internacional del
Trabajo (OIT) ha previsto que el estrés térmico inducirá una
reducción del 2,2 por ciento en el número de horas de trabajo en el
mundo, para 2030, con un impacto de 2,4 billones de dólares en el
PIB mundial.
De hecho, el informe “Trabajar en un planeta más caliente: el
impacto del estrés térmico en la productividad laboral y el trabajo
decente” de la OIT (2019) señala que, para el caso de Colombia, se
perdería en promedio el 0,9 % de las horas de trabajo para el año
2030, siendo la industrias agrícola y de construcción las más
afectadas, con un 3,52 % cada una (aun considerando que sus
actividades se realicen a la sombra).
A partir de estos datos, se realizó una proyección del número de
trabajadores (población ocupada), lo cual alcanzaría una cifra de 28
millones de personas para el 2030. Por su parte, se proyectó el
valor del salario mínimo, el cual podría estimarse en un valor de un
millón trescientos mil pesos para ese año.
De esta forma, tomando el número de trabajadores ocupados para
cada año, así como la proyección anual del incremento del salario
mínimo (asumiendo que cada trabajador aporta a la economía en
promedio lo correspondiente al salario mínimo), se estimó que el
costo de las pérdidas de productividad con base en el 0,9 % de
horas perdidas debido al estrés térmico, conlleva a un costo total
acumulado para el país que podría ascender a los 11,9 billones de
pesos entre 2023 y 2030.
“Para lograr un futuro sostenible y con altos niveles de
productividad debemos revisar las prácticas habituales; la gestión
de los recursos naturales y las medidas de adaptación y mitigación
deben analizarse desde la perspectiva de la resiliencia de las
empresas y de la población trabajadora ante los efectos del cambio
climático”, señala Adriana Solano Luque, presidenta ejecutiva del
Consejo Colombiano de Seguridad.
Adicionalmente, el estrés calórico plantea retos en el abordaje de la
seguridad y salud en el trabajo de las empresas, puesto que se
torna esencial encontrar mecanismos de adaptación a la
variabilidad climática para mantener seguros a los trabajadores y
limitar la exposición al calor y la humedad.
“Las empresas son actores clave de la solución en su compromiso
de reducir las emisiones de carbono de sus operaciones y cadenas
de suministro. Pueden hacerlo de diversas formas: a través de la
mejora de su eficiencia energética; la reducción de la huella de
carbono de sus operaciones; la inversión en el desarrollo de
procesos, productos y servicios climáticamente inteligentes; la
implementación de estrategias de mitigación y adaptación al
cambio climático y el fortalecimiento de la resiliencia en sus
operaciones, en sus cadenas de suministro y en las comunidades en
las que operan”, agrega la presidenta del CCS.
Algunos aspectos que se deberán tener en cuenta para la
adaptación al cambio climático son:
● Considerar los aumentos de temperatura y las pérdidas en
horas de trabajo para planificar las tareas, programación de turnos
de trabajo y diseño de las operaciones, con el fin de mitigar los
impactos en la productividad.
● Analizar la ubicación de la empresa, sus clientes, proveedores
y rutas de movimiento de insumos y productos con base en los
escenarios de cambio climático, frente a sequías e inundaciones.
● Establecer relaciones de colaboración con clientes y
proveedores para realizar un planificación de la adaptación de
manera conjunta.
● Incorporar escenarios de riesgos asociados a los fenómenos
climáticos extremos en los planes de emergencia y contingencia,
tales como incendios, inundaciones, sequías, aumento del nivel del
mar, entre otros. Es conveniente hacer extensivos estos planes a los
trabajadores, sus familias y lugares de vivienda.
● En el diseño de la operación y producción se deberá tomar en
consideración la resiliencia en las cadenas globales de suministro,
así como el desarrollo de cadenas locales que puedan asegurar con
mayor certeza el acceso a insumos y materias primas necesarias.
● La pérdida de biodiversidad, así como la limitación futura del
acceso a materias primas, podrá llevar a las empresas a la
necesidad de rediseñar sus productos, innovar en nuevos modos de
producción y a fomentar alternativas para mantener la producción
en la medida que permita sostener empleos de calidad y sostener la
producción en niveles sostenibles.
● La industrialización de la producción de alimentos se deberá
priorizar en tal medida que se pueden reducir los suelos
productivos con la pérdida de áreas productivas por el potencial
aumento del nivel del mar y por los periodos de sequías e
inundaciones en diferentes regiones del país.
● Desarrollar instrumentos financieros y de transferencia del
riesgo que permitan financiar los procesos de adaptación y
respuesta frente a los potenciales efectos del cambio climático.
“Sabemos que no somos un país con una alta relevancia en la
generación de gases de efecto invernadero, pero sí estamos dentro
de las regiones principalmente impactadas por el cambio climático.
La posible afectación por la disponibilidad de agua, la afectación de
los ecosistemas y los eventos climáticos extremos serán nuestro día
a día, por eso el llamado es a prepararnos, adaptarnos y ser
resilientes frente a un futuro complejo, cambiante y lleno de retos,
así como cargado de oportunidades de demostrar nuestras
capacidades como especie, para lograr sobrepasar los límites que la
realidad nos plantea”, concluye Solano, presidenta del CCS.


