DESDE EL ALMA
Un espacio donde la razón y la emoción conversan con honestidad.
Por Mauricio Javier Molinares Cañavera
La alegria de ser Caribe.
Hay algo profundamente sanador en la esencia del hombre Caribe: sus tristezas no las esconde, las canta; su nostalgia no la guarda, la baila; su dolor no lo traga, lo convierte en chiste compartido. No por evasión, sino por una sabiduría heredada. Aquí entendimos que la alegría no es solo un sentimiento: es una forma de resistencia, una manera de sobrevivir con dignidad.
Ser alegre es una decisión. Y no una fácil. Es pararse frente al espejo cada mañana, con los ojos aún cansados, y elegir sonreírle a la vida aunque la vida no devuelva el gesto. Es un acto de coraje cotidiano, en medio de un mundo saturado de noticias que hieren, de voces que dividen, de un ruido que agobia más de lo que alivia. Vivimos invadidos por información… pero hambrientos de esperanza.
Esta semana lo sentí en carne viva. La agenda se me vino encima: compromisos apremiantes, decisiones que pesan sobre el país, cuentas que no dan espera, y la salud de una hija que se quebró un poco… En esos días uno siente cómo el cortisol se instala en el pecho, cómo la angustia se cuela hasta en el sabor del café. Pero en medio de ese torbellino, llegó una pausa inesperada: un almuerzo sencillo con amigos, sin más pretensión que compartir. Reímos como niños, nos mamamos gallo, nos hicimos bullying de ese que no duele, sino que abraza. Y al salir, lo supe: reímos… y sanamos.
La alegría no es olvido del dolor. Es negarse a que se instale como huésped eterno. Porque aquí, en esta tierra donde el sol no pide permiso y el sudor es parte del alma, la tristeza no se esconde: se canta, se baila, se comparte en ronda. No por necedad, sino por dignidad. No somos payasos. Somos Caribe. Y aquí… aprendimos a no rendirnos nunca.
Este es mi reto para ti, desde el alma:
Elige la alegría.
No la que niega el dolor, sino la que se levanta con él.
Habla con alegría, incluso cuando cueste.
Escucha con alegría, aunque el mundo grite.
Trabaja con alegría, aunque el día pese.
Abraza con alegría, aunque duela.
No porque todo esté bien… sino porque, a pesar de todo, decides no rendirte.
Porque elegir la alegría… es atreverse a vivir con el corazón despierto y el alma en paz.
Elegir la alegría es estar con Dios.


