Si el sentido del humor fuera como el sentido común, que dicen ser el más común de todos los sentidos, cualquier problema, con solo un simple cambio de actitud, pudiera ser corregido.
Las expresiones artísticas en el carnaval hay que saberlas interpretar, para con buen sentido del humor poderlas valorar y disfrutar. Ahora nuevamente me quiero referir a la carroza de Pasto, que muchos comentarios favorables ha podido despertar, especialmente porque vino al carnaval de Barranquilla, y que por culpa de la telaraña de cables que cruzan la ciudad, la tuvieron que descabezar.
“Al mal tiempo buena cara” es una expresión coloquial en nuestra querida ciudad.
La carroza llamada “contra viento y marea”, tiene como tal, implícito un argumento histórico especial de muchos años atrás, y es que, por fenómenos naturales, una inmensa ola representada en la muerte, producto de un sunami, amenazaba la vida de los habitantes de la región; quienes reforzados por la fe, la oración, y con la ayuda de un cura de Tumaco, quien con una hostia en la mano, solicitaron al ser superior, clemencia con devoción, La muerte representada en la ola se alejó, porque al parecer, no pudo con el poder de Dios.
Esa obra artística de maravilla, que no sé, si es por un comentario que anteriormente también insinué, la trajeron a Barranquilla, y el pueblo expectante la esperaba por la cra.44 en sus sus orillas.
La calavera de la muerte, aquí no tuvo mucha oportunidad de asustar, porque se percató de que en la vía había una serie de cables que la amenzaban con poderla degollar.
Entonces cambió de actitud al notar que esto era un verdadero carnaval, y decidió que mejor lo debía disfrutar, por lo que se puso una careta de marimonda, que alguien le pudo prestar, ocultando su rostro de agresividad y resaltando aún más los colores de la carroza que la iba a pasear.
Solo era una fotografía que un experto fotógrafo con buen sentido del humor gráfico pudo editar. La carroza al final completa y hermosa, con su diseño original, en la plaza de La Paz, se pudo apreciar, Barranquilla es la capital mundial del perrateo y aquí no se salva ni el Papa, cuando se trata de carnaval.
El perrateo es un vacilón, característica en la idiosincrasia popular de nuestra región, que algunos señalan como “indios sin gracia”, cuando cada cosa que hacemos se destaca y la tienden a cuestionar por quererla descalificar.
El sentido del humor, es patrimonio de los inteligentes y de las personas flexibles tolerantes y poco rígidas, dice el Dr. Enrique Rojas, médico psiquiatra español.
El sentido común es conocimiento, mesura, prudencia, y habilidad para ponderar, al responder ante una eventualidad, o para dar una explicación u opinión acerca de algo que haya podido pasar.
Pero el sentido de humor y el sentido común, en los carnavales deben ir agarrados de las manos, para poderlo disfrutar sin prejuicios místicos, complejos, ni pendejadas, como verdaderos hermanos.
La libertad la tiene el arte, que se inspira, en lo bueno, lo malo, lo feo y hasta en las calamidades; procurando estimular los sentidos, que entre colores, jolgorios y sonrisas, liberan el alma de las dificultades.
Los costeños tenemos la capacidad de burlarnos de lo nuestro, de nosotros mismos y no sólo de los demás.
Hasta a nuestra querida Shakira con la luna y el solo la pusieron a jugar, y pipona, en una foto de la escultura maestra del artista Gino Marquez, también se atrevieron editar.
Son expresiones de “perrateo” típico en carnaval, que, si se toman muy en serio nos harían perder identidad.
Con el humor se pretende contagiar de alegría para provocar una sonrisa; pero quien no tiene el sentido para aceptarlo o tolerarlo, tal vez se encuentre en el sitio equivocado, o porque en su ser, el sentido de vivir también se le ha agotado, por llevar la vida muy de prisa, o porque la fuerte brisa el fuego del entusiasmo se le haya apagado.
La risa es el remedio infalible, y el que de nada se puede reír tal vez sea un amargado incorregible. Por supuesto que, también tenemos que respetar a los de temperamento particular, a los que el carnaval nunca les ha gustado, o que tal vez ya mucho lo han gozado, y que prefieren en éstas fiestas irse para otros lados, o quedarse en sus casas encerrados.
Son los llamados “aguacatados”
Entonces dejémonos de vainas, con esas actitudes místicas o sicorrígidas que a algunos han hecho pensar, que la carroza “Contra viento y marea” sea una apología a la muerte, que a Barranquilla venía a contagiar de malignidad.
Acá la cosa es otra cosa, dónde la misma muerte se olvida de la maldad y hasta se pone a parrandear, como en la danza del garabato, donde se deja dominar.
En Barranquilla la muerte hasta comparte sabrosura con Joselito Carnaval, a quien aparentemente le hace perder la vida, por tanto beber y sinverguencear, dejándolo morir el martes, y a última hora del día, le permite resucitar, pero con la condición de que, en los carnavales del próximo año, tienen que volverse a encontrar.
Bienvenidas a Barranquilla, todas las expresiones de arte, que puedan surtir de alegría y armonía a nuestro inigualable Carnaval. Aquí no hay que temerle a la muerte que sólo viene a gozar. Mas bien hay que cuidarse de los “vivos “; esos que, en río revuelto por la algarabía, les gusta pescar.




