El martes 17 de febrero Barranquilla vivió el cierre oficial de su fiesta más grande con el tradicional desfile que simbolizó la despedida del Carnaval. Como cada año, el evento recorrió desde la carrera 54 hasta Barrio Abajo, convirtiendo las calles en un escenario donde el drama, la sátira y la tradición popular se mezclaron para representar el final de varios días de celebración ininterrumpida.
La jornada giró en torno a la muerte simbólica de Joselito Carnaval, el personaje que encarna el espíritu fiestero que “renace” cada año para gozar y que esta vez fue despedido entre lágrimas fingidas, música y escenas cargadas de teatralidad. Viudas vestidas de negro, ataúdes decorados y letanías improvisadas hicieron parte de una puesta en escena que combinó humor y nostalgia.
A lo largo del recorrido, especialmente por la calle 84, el ambiente se sintió particularmente emotivo. Los espectadores siguieron atentos cada representación, respondieron con aplausos y se sumaron al luto festivo que marcó el fin del Carnaval de Barranquilla. Fue un momento que, aunque simbólico, logró conectar profundamente con la memoria colectiva de la ciudad.
En medio del desfile, la reina Michelle Char se convirtió en una de las figuras más comentadas de la jornada. Ataviada con una vestimenta fúnebre elegante y cuidadosamente diseñada para la ocasión, avanzó entre la multitud interpretando el papel de viuda principal en esta despedida.
Lejos de la sobriedad, Michelle Char asumió el dramatismo con intensidad. Su llanto descontrolado y sus gestos cargados de emoción contagiaron a los asistentes, que reaccionaron entre risas y suspiros, entendiendo que el espectáculo hacía parte del ritual cultural que caracteriza este día.
El evento no solo representó el final de la programación oficial, sino también la reafirmación de una tradición que ha perdurado por generaciones. La muerte de Joselito volvió a evidenciar que el Carnaval funciona como un ciclo: termina para volver a empezar.
Así, entre lágrimas teatrales, música y aplausos, Barranquilla despidió su Carnaval este 17 de febrero. La ciudad guardó los disfraces y apagó los tambores, pero mantuvo viva la certeza de que la alegría regresará con fuerza en la próxima edición.


