El Time exalta, y The Economist desdeña, sobre la gestión del gobierno del presidente Gustavo Petro en Colombia.
Son impresiones externas que estimulan más la polarización en nuestra tóxica nación, por los comentarios tendenciosos y quisquillosos, de los seguidores y opositores del presidente Petro, encargados de echarle leña al fogón.
Esto sucede porque los intringulis sociopolíticos, hacen que los aficionados tomen partidos viendo apasionadamente los aspectos en movimiento de sus líderes como filigranas de eventos deportivos, los que celebran y aplauden como cuando en el fútbol el ídolo hace un gol.
Lo curioso es que los comentarios sean hechos por quienes no han visto las acciones del partido en su propio estadio; sino lo que los medios les han podido comentar por prensa o televisión. Por supuesto que el presidente Petro ha llamado internacionalmente la atención, por sus ideas progresistas y estratégicas, que para el actual convulsionado mundo, realmente son díganas de consideración
Influir sobre una persona, cosa o institución, significa ejercer autoridad, predominio o fuerza moral, con el objeto de que actúe de una manera u otra distinta a su condición natural. También hay que considerar, que de alguna manera, se puede influir para bien o para mal, dependiendo de las circunstancias y el alcance del objetivo que el influyente quiera lograr.
Entonces, una cosa es compartir una interesante idea y convencer de su potencial efectividad; y otra sería, que como ejemplo por experiencia e identidad, se tuviera la autoridad moral ejemplar, por los resultados que el influyente tenga para mostrar.
Una observación similar, guardando las proporciones, desde el punto de vista económico se podría realizar; aunque no es lo
mismo considerar los resultados potenciales qué por presunción en una gestión se pudieran lograr; que los por experiencia vividas se pueden demostrar, como es el comportamiento de la economía, la que por períodos determinados se pueden analizar, y comparar sus tendencias con las de otros lugares de características similares, y entonces si poder influir como ejemplo de la administración exitosa, en la de los demás.
Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa; por lo que cada cosa debe tratarse en su lugar, teniendo un lugar para cada cosa. Entonces al pan pan y al vino vino; y si se trata de algo exaltar, debe hilarse bien fino.
Dejémonos de vainas para cada cosa tendenciosamente tener que polarizar, y pensar que otros con diferentes techos y lugar, crean conocer mejor las goteras de nuestro propio hogar. La gestión del país hay que considerarla de manera integral, sin desconocer que el gobierno hace esfuerzos por las cosas mejorar.
No se puede negar, que también por las contradicciones presentadas con los partidos que en un “pacto histórico ” se comprometieron a colaborar, sus proyectos no ha podido ejecutar. Tampoco se puede ocultar la insatisfacción general que se respira por la inflación, el desempleo y la inseguridad, además del pánico financiero que a los inversionistas pueden desestimular, por los riesgos implícitos en los proyectos de reformas que no se han podido aprobar, y el clima de violencia que se vive con organizaciones al margen de la ley, no obstante la intención de paz total.
El enfoque de la revista Time valora la influencia del presidente en su inquietud ambiental mundial, entre otros aspectos que por supuesto son de interés general, apoyada en el perfil presentado por su homólogo chileno Gabriel Boric
Sinembargo, y sin la intención de demeritar, la realmente influyente es la revista TIME que desde el año 1923 se empezó a destacar por sus estilo particular ante muchas más, con noticias o temas de actualidad, inventándose además, una columna no tanto para reconocimiento, como sí de mayor despliegue de los asuntos con mayor sonoridad; empezando con el primer “hombre del año”, que en 1928 fuera entonces Charles Lindenbergh, quien el oceano Atlántico, solo, en una avioneta lo acababa de cruzar.
Como señala Wikipedia, “el reconocimiento no tiene por que ser necesariamente para una persona, por ejemplo en 1982 se le concedió al ordenador personal el título de «Máquina del año». Además, en 1999 se eligió a Albert Einstein como «Persona del siglo». En ocasiones esta elección suscita polémica, ya que “la distinción no supone necesariamente un honor, sino que se otorga a quien, para bien o para mal, haya influido más”. En el pasado también fueron nombrados hombres del año Adolf Hitler o Iósif Stalin.
Por otro lado, The Economist es una revista que sigue una línea editorial liberal que apoya la libertad económica, el libre comercio, la globalización, la inmigración, y el liberalismo cultural. Entre otras cosas, busca influir en los cargos de responsabilidad política y económica, por lo que su público objetivo es de clase familiarizada con el lenguaje económico. Sus publicaciones han sido reconocidas en el ámbito periodístico por el rigor y la excelencia de sus artículos, los que no suelen ir firmados, pues el consejo editorial se hace responsable colectivamente de la información allí presentada.
Recientemente aborda y observa desde un marco global, la actualidad de la economía de Colombia y las consecuencias que las relaciones internacionales pudieran afectar, lo cual el gobierno de Petro también juiciosamente debe saber sopesar.
Luego dejemos los vanidosos alegrismos por exaltación o desdeño que por cuenta de otros, pueden las bajas pasiones de la polarización despertar. La verdadera evaluación del desempeño del gobierno debe valorarse de manera integral.


